06 de octubre de 2017
06.10.2017
Paisajes Valencianos

El palmeral histórico D'Elx, el oasis de Europa

En el campo ilicitano abundan las palmeras datileras, pero las más conocidas son las de los huertos contiguos al centro histórico, ahora plenamente integrados en la ciudad

13.10.2017 | 04:15
El palmeral histórico D'Elx, el oasis de Europa

'En medio de la aridez general de las tierras del Sur valenciano, Elche y sus tierras son una gentil, amplia pausa de verdor, y las palmeras, con su alusión oriental, hacen definitivamente justa la palabra oasis'. J.Fuster (1962): El País Valenciano 468-469

En el campo ilicitano abundan las palmeras datileras, pero las más conocidas son las de los huertos contiguos al centro histórico, ahora plenamente integrados en la ciudad. El denominado palmeral histórico, además de un valioso espacio regado adaptado a los factores bioclimáticos y edáficos locales, ha suscitado, desde el Romanticismo, numerosas imágenes culturales. Por ello, el paisaje de los huertos de palmeras no es sólo un agrosistema productivo, sino también una mirada cultural mantenida viva por la pasión y la evocación. Recientemente esta unidad paisajística de 144,2 Ha (67 huertos y 45.037 palmeras), muy mermada por la presión urbanística, ha adquirido un destacado valor colectivo al ser incluido en el catálogo de la UNESCO como paisaje cultural patrimonio de la Humanidad (noviembre 2000).

Los huertos de palmeras, un agrosistema regado mediterráneo

En muchas llanuras litorales de las riberas europeas del Mediterráneo hay palmeras ornamentales aisladas. No obstante, las áreas de cultivo intensivo de palmeras datileras (Phoenix dactylifera), formando unidades de explotación, son bastante más restringidas y, entre ellas, la más notoria es la de las antiguos huertos inmediatos al núcleo d´Elx, atravesados por caminos y regados por canales de la Acequia Mayor, que otorgan una marca propia al perfil y la fisionomía urbanas.

El palmeral histórico no es un bosque natural, ni un jardín; es una útil y productiva plantación regada. Los huertos, tradicionalmente cerrados por una tapia, estaban formados por varias parcelas o bancales, casi siempre rectangulares, a menudo condicionados por el trazado de las acequias. El estrato de las altas palmeras, dispuestas en filas simples en los límites de las parcelas o dobles en los márgenes de las acequias, crea unas especiales condiciones microclimáticas que mejora los dos estratos inferiores (uno formado por granados y otros frutales; el inferior, por alfalfa, cereales, algodón y hortalizas). Además las palmeras datileras, que toleran las aguas salobres de la Acequia Mayor derivadas del Vinalopó, proporcionaban valiosos productos en una economía agraria tradicional (dátiles, fibra, madera del tronco, palma verde y la palma blanca). Para la manipulación de algunos de ellos se desarrollaron oficios, útiles de trabajo y formas de explotación que sedujeron a los viajeros románticos del norte de Europa.

En un medio subárido, como el campo ilicitano el regadío aseguraba la productividad de la agricultura intensiva de los huertos. La disposición de la palmeras en cuadrícula, la triple estratificación de los cultivos, el trazado de las acequias y caminos, la arquitectura tradicional de las viviendas unifamiliares y sus dependencias anexas y los muros o tapias de delimitación conferían un destacado carácter al original agrosistema. Su estructura del conjunto y el buen oficio de los "diestros y atrevidos" agricultores cautivó a A. J. Cavanilles (1795-1797). A fines dels siglo XVIII, los huertos de palmeras sumaban unas 1000 tahullas que conformaban un bosque suburbano de 70.000 palmeras, de disposición circular alrededor de la ciudad.

La organización del agrosistema, de tipo oasis, es una herencia de Al-Andalus. Las noticias documentales registran huertos de palmeras desde tiempos medievales. Según Gaspar Jaén, las plantaciones de palmeras en torno a la ciudad se incrementaron en el siglo XVII y, sobre todo en el siglo XVIII, coincidiendo con el desarrollo demográfico y económico d´Elx. Al mismo tiempo el crecimiento urbano fue la causa de la desaparición de diversos huertos. También aumentó el comercio de dátiles y palmas blancas, una actividad bien documentada por Davillier en Marsella y Blasco Ibáñez en Valencia.

Avanzado el siglo XIX hubo una inflexión en la evolución del palmeral histórico que puso en grave riesgo su continuidad. El desarrollo del ensanche, la creación de nuevas infraestructuras (ferrocarril, carreteras) y la incipiente industria supusieron la transformación y la destrucción de muchos huertos de palmeras. El proceso alcanzó el cenit en las primeras décadas del siglo XX. Para entonces la productividad secular de los huertos había sido superado por el valor del suelo urbano. Las pérdidas superficiales de huertos no fueron compensados por nuevas plantaciones en el área de regadío histórico, sino que se trasladaron a los antiguos secanos (regados con sobrantes del Segura).

La imagen de oasis oriental urbano

A finales del siglo XVIII, la cultura europea descubrió el Oriente, un referencia rápidamente arraigada que ha marcado profundamente el imaginario occidental. El orientalismo emergente condicionó la mirada de los viajeros románticos europeos en sus itinerarios por el este y sur de España (especialmente ante ciertos tipos y paisajes). En este contexto, el entorno d´Elx pronto fue identificado como un oasis oriental y el "bosque de palmeras" produjo en ellos una gran emoción y desbordó su imaginación. Así el "inmenso palmeral, el mayor de Europa, el más paradísiaco de España" les evocó "las llanuras de Siria o los alrededores del delta del Nilo" (Laborde), "un valle de Nubia" (condesa de Gasparin), "los valles de Palestina" (Andersen) y incluso "uno de los sitios donde la imaginación se complace en situar escenas de la Biblia" (Doré). Les parecía que entre las palmeras se oían "largos murmullos que hablan del desierto" (Bernard). Sin duda el romanticismo otorgó a los huertos ilicitanos una dimensión pintoresca, exótica y oriental. La belleza y la calidad de los grabados de A. de Laborde y de G. Doré proyectaron a Europa la potente imagen del oasis urbano.

Esta imagen se fue consolidando y difundiendo. En este sentido, cabe citar la estancia de Carlos de Haes en el verano de 1861 durante la cual tomó apuntes del paisaje de palmeras, con el resultado de varios cuadros de éxito en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1862) y en la Exposición de Bellas Artes de Bruselas (1862). También contribuyeron los pioneros de la fotografía (E. Pec, F. Laurent, etc.), algunas de cuyas vistas sirvieron para la ilustración de la Nouvelle Geographie de E. Reclus. El palmeral identificó la ciudad ilicitana en la Valencia de Teodoro Llorente; Sorolla lo incluyó en la serie Visiones de España; el geógrafo J. Brunhes lo investigó en el marco del regadío mediterráneo. El Palmeral se hallaba en un proceso de incorporación de valores patrimoniales.
Mientras se difundía esta mirada cultural, los huertos de palmeras cedían ante la presión urbanística finisecular y de las primeras décadas del siglo XX, momento en el que surge el primer movimiento en defensa del palmeral. Pedro Ibarra, en su obra Pro Palmeras (1920), inició una cruzada cívica encaminada a revertir el proceso, para lo cual buscó que la ciudad y la opinión pública española se identificaran con los valores paisajísticos del palmeral y la implicación de las autoridades. Con la colaboración del ingeniero Nicasio Mira, solicitó la protección de los huertos al amparo de la ley de Parques Nacionales, una demanda que se concretó en el decreto de 1933. El decreto, que además de prohibir la tala de palmeras y los usos que impidieran su pleno desarrollo, creaba la figura del Patronato que debía encargarse de la gestión del palmeral. Por desgracia, el decreto tuvo una mínima aplicación y su espíritu proteccionista fue transgredido en innumerables ocasiones.

En los años posteriores a la contienda, el marqués de Lozoya, Pemán, D´Ors y otros insistieron en la imagen exótica y oriental del palmeral y conviertieron la ciudad en la Jerusalén española, una metáfora que permitía asociar el palmeral al Misteri y unir el exotismo oriental y la declaración dogmática asuncionista de 1950. Elx no era ni geográfica ni históricamente Tierra Santa, pero la poetización literaria y la religión la convirtieron en una nueva Jerusalén "en los esencial y metafórico". En medio de estas ideas predominantes, también hubo alguna visión periférica (V. Estellés, J. Fuster). Mientras tanto, algunos huertos se vendieron a los arrendatarios o los hicieron suelo urbano y los parcelaron para construir viviendas unifamiliares o instalar negocios o edificios públicos. La identificación de ciudad y palmeral se debilitó en las décadas de desarrollismo y siguientes. El Plan Especial de Ordenación de los Palmerales (1972) no impidió la fragmentación y la desaparición y/o alteración de huertos, de algunos elementos patrimoniales de enorme valor e incluso del mismo sistema de riego. El Plan nunca representó una verdadera ordenación del palmeral (Larrosa, 2003).

Paisaje cultural heredado de Al-andalus

Desde el romanticismo, los huertos de palmeras alineados han sido percibidos como un jardín exótico y un bosque pintoresco representativo de otras latitudes y de herencia islámica. Este proceso de interpretación fue otorgando diversos valores al agrosistema hasta convertirlo en una seña de identidad y patrimonio de la ciudad. Estos valores explícitos fueron razones cívicas en favor del movimiento Pro Palmeras. Ahora bien, en las décadas finales del siglo XX, en el marco de una creciente valoración de la tradición popular, el palmeral ha adquirido la consideración de paisaje cultural que aúna tanto el agrosistema regado singular de herencia islámica como la rica imagen europea fundada en la mirada orientalista. Es un legado cultural vivo, incluido en el catálogo de paisajes culturales de la UNESCO.

En la actualidad, el palmeral histórico goza del máximo nivel de protección, al amparo de la ley de Tutela del Palmeral (1986) y del Plan General de Ordenación Urbana (1998). Se halla en avanzado estado de tramitación el Plan Especial de Protección del Palmeral de Elche. El Plan, que considera el Palmeral como una unidad paisajística que ha perdurado hasta nuestros días, y que es heredera de un complejo sistema productivo regado, propone como principal valor de uso su disfrute y contemplación. El Plan pretende la protección integrada de los huertos de palmeras.

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