08 de diciembre de 2017
08.12.2017
Paisajes Valencianos

El Caroig - Muela de Cortes: El paradigma del relieve tabular y los desiertos humanos

Paisajes ásperos, desabridos y deshumanizados, cargados de vida vegetal y animal

09.12.2017 | 01:11
El Caroig, paradigma del relieve tabular

El conjunto formado por el Caroig o Caroche y la Muela de Cortes constituyen una vasta extensión de tierras montanas; un paraíso ecológico desafortunadamente afectado por los reiterados incendios forestales. Sus características geomorfológicas, botánicas y humanas nos ofrecen unos paisajes ásperos, desabridos y deshumanizados al tiempo que bellos y montaraces, cargados de vida vegetal y animal. Es el pico del Caroig (1.126 m) el punto más elevado de un inmenso macizo de igual nombre, del que forma parte la formidable muela de Cortes. Antonio José Cavanilles consideraba al Caroig, por su localización y carácter, como "centro y punto de unión de los montes esparcidos por todo el reyno de Valencia"; y no se equivocaba, pues en él confluyen los relieves ibéricos procedentes del noroeste, con las sierras prebéticas que por el sudoeste penetran en tierras valencianas.

Una extensa plataforma calcárea


El macizo del Caroig y la muela de Cortes conforman un extenso relieve tabular, localizado al sudoeste de la provincia de Valencia. Este conjunto montañoso está bien delimitado por una serie de fosas y cursos de agua, como son el río Júcar y su cañón al norte y noreste, la Canal de Navarrés al este, el Valle de Cofrentes-Ayora al oeste y el valle de Montesa al sur.

Estructuralmente macizo y muela se presentan como una enorme plataforma cretácica, de 45 km de longitud de norte a sur, y 35 km de anchura de este a oeste, en la que los materiales son predominantemente calizos (ROSSELLÓ, 1995). No obstante, afloran en sus márgenes los yesos y las arcillas del Keuper, materiales menos permeables, que al situarse en los estratos inferiores explican la abundancia de fuentes y manantiales. Aunque la muela de Cortes posee una topografía más regular, hacia el sur el resto del conjunto es algo más complejo. El modelado cárstico y la erosión diferencial de las aguas de escorrentía han propiciado un paisaje agreste, en el que se alternan bloques elevados y profundos barrancos.

El sólido y extenso macizo calcáreo del Caroig, en el que se incluye a la muela de Cortes, constituye uno de los últimos contrafuertes del Sistema Ibérico. Pertenece, por tanto, al denominado sector valenciano de la Cordillera Ibérica, formaciones alpinas marginales de moderada envergadura. Queda delimitado por la isohipsa de 400 metros, aunque los relieves se alzan por el oeste hasta los 900 metros (1.126 m en la cumbre del Caroig). La orogenia alpina de mediados del Terciario es responsable de las principales estructuras del paisaje actual. Los movimientos tectónicos propiciaron fases compresivas y distensivas, que se manifiestan mediante la formación de fosas y el alzamiento de bloques con escarpes.

La muela de Cortes constituye un extenso relieve tabular sin apenas deformación tectónica ni plegamientos. Está compuesta por calizas y dolomías del Cretácico Superior y bascula ligeramente hacia el este (PÉREZ CUEVA, 2000). El punto más elevado es el Cinto Cabra (1.017 m.), mientras que las cotas menores se cifran en torno a los 530 m en las proximidades de Bicorp. La muela cuenta con un sector de topografía llana o ligeramente ondulada y unos rebordes muy abarrancados, resultado de la erosión remontante de los cursos de agua que drenan hacia el Júcar. Al norte la muela limita con el valle del Júcar, unidad de relieve singular que engloba un espectacular congosto y pequeños macizos y sierras interiores. Al sur son las fosas de Sácaras y el barranco de Llatoneros los que marcan la diferencia entre la muela de Cortes del resto del conjunto del Caroig.

Conforme nos desplazamos hacia el sur, la topografía se complica por el contacto con los relieves béticos. Los cursos de agua erosionan y se encajan individualizando pequeñas mesas y muelas, que conforman una fisiografía de tipo cantil-talud. Es aquí donde se originan numerosos afluentes del Júcar como son la rambla Molinera, denominada aguas abajo río Frailes que confluye con el río Ludey y con muchos otros barrancos para dar lugar al río Cazuma, el río Grande y el río Bolbaite. Hacia el sur del pico Caroig, el Peñón de los Machos se alza hasta los 1.092 metros de altitud, mostrando una vertiente meridional muy escarpada. El límite sur del macizo del Caroig queda establecido por los relieves de la sierra de Enguera (pico Gallinero 1.073 m.), que empieza a mostrar algunas características béticas.

Riqueza ambiental entre muelas, cantiles, barrancos y agua


La geología del conjunto formado por el Caroig y la muela de Cortes y sus rasgos climáticos han propiciado procesos cársticos, que dan lugar a unos paisajes de formas singulares y de gran riqueza ecológica. Además, los afloramientos de yesos y margas versicolores del Keuper incrementan la variedad cromática del paisaje. El carst, proceso de meteorización química por disolución de la roca calcárea en contacto con el agua, horada el roquedo dando lugar a multitud de abrigos, cuevas y simas; a través estas últimas se infiltran las aguas, rellenando el ingente acuífero que constituye el macizo del Caroig.

Roquedo y agua son las piezas clave en la configuración de enclaves botánicos y reductos para la fauna, de primer orden. Los múltiples afloramientos de agua en manantiales de ladera y de fondo de valle han propiciado la organización de las aguas cristalinas en frescos barrancos, reductos de vida de formidable valor ecológico y paisajístico. Cavanilles comparaba al conjunto del Caroig con un desierto, más humano que natural, pues abundan en sus paisajes" las nieblas, las fuentes y los cursos de agua". Sin embargo en la actualidad, la cubierta vegetal del Caroig y la muela de Cortes está muy degradada como consecuencia de los reiterados incendios forestales y de prácticas humanas inadecuadas (ALMERICH, CRUZ Y TORTOSA, 2001).

El clima del área es de tipo mediterráneo, con el rasgo específico de contar con lluvias invernales moderadas y con unas lluvias primaverales y sobre todo otoñales más abundantes. La situación geográfica del Caroig, intermedia entre el clima de llanura litoral y el de la Meseta, propicia un clima mediterráneo de transición. Los valores de precipitación total anual son algo superiores a los 500 mm. Por su parte, las temperaturas también presentan rasgos de transición, con importantes contrastes térmicos entre el verano y el invierno. Los inviernos cuentan con 15 o 20 días de helada que condiciona a la actividad agrícola. Estamos por tanto, en una zona entre los pisos mesomediterráneo y termomediterráneo, de temperaturas suaves y de ombroclima seco. Estas características condicionan el tipo de vegetación del macizo, siendo la potencial un bosque de carrascas termófilo (Rubio longifoliae-Quercetum rotundifoliae) acompañado por un sotobosque de cades, lentiscos, coscojas, palmitos y madreselvas.

A pesar de ello, los sucesivos incendios forestales han provocado que la vegetación muestre un dinamismo regresivo, desde unas formaciones arbóreas, donde el pino carrasco y rodeno han ido sustituyendo a las carrascas, a formaciones arbustivas y herbáceas constituidas por coscojas, romeros, tomillos y aliagas. Los pinares se han convertido en la formación arbolada que domina el paisaje, formando manchas más o menos extensas y continuas, cuando las repoblaciones forestales han culminado con éxito. La deforestación ha sido muy intensiva en el Caroig; las talas para la puesta en cultivo de tierras durante los siglos XVIII y XIX, la ganadería y los incendios forestales en el XX, explican el proceso. No obstante, existen signos de recuperación, como el carrascal del Losar y el barranco de Benacancil de Enguera, el barranco de Moreno en Bicorp, el entorno de Benalí, los Altos de Salomón etc.

Pero aún quedan interesantes reductos botánicos en umbrías y fondos de barranco, donde la vegetación ha quedado menos alterada. En el barranco de Otonel y en el de Moreno se han conservado algunos ejemplares de quejigo (Quercus faginea) que acompañan a pequeñas comunidades de fresnos (Fraxinus ornus) y madroños (Arbutus unedo); aquí, la humedad y el frescor, unido a la exuberante vegetación, generan un entorno frondoso y más verde.

La fauna es rica y abundante en el macizo del Caroig, destacando los mamíferos que se han propagado desde la Reserva Nacional de Caza de la Muela de Cortes. Ésta fue constituida en el año 1973 y gestionada por el antiguo ICONA, hasta que asumió su competencia el gobierno valenciano. Destacan los rebaños de cabra montés y de muflón, de los que existe una superpoblación por ausencia de depredadores naturales. También es importante la población de jabalíes, mientras que pequeños depredadores como el zorro, la gineta y el gato montés se nutren de topos, erizos, ratones, reptiles y de los huevos y crías de las numerosas aves que pueblan la montaña. Los depredadores del aire aprovechan para anidar el cobijo que ofrecen los imponentes cintos y cantiles de las muelas. Destacan entre ellas las parejas de águila calzada y perdicera, además de otras como el halcón peregrino y las rapaces nocturnas.

Las formas antrópicas en un desierto humano


Los rasgos fisiográficos del macizo del Caroig y de la muela de Cortes quedan definidos por dos términos: compacto y agreste; éstos explican su inaccesibilidad y escasa presencia de asentamientos humanos. No obstante, los diversos yacimientos existentes, con excelentes manifestaciones de arte rupestre levantino reconocidas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, indican la presencia de poblaciones de sociedades postpaleolíticas. Las pinturas rupestres de la Cueva de la Araña, en Bicorp, supone uno de los mejores conjuntos de todo el Arte Levantino. Entre sus composiciones destaca la conocida escena de la recolección de la miel. Aunque no son fáciles de datar, se calcula que estas pinturas podrían tener entre 7.000 y 8.000 años de antigüedad.

En los márgenes del macizo (Cortes de Pallás, Valle de Cofrentes-Ayora, Canal de Navarrés y Valle de Enguera) quedan interesantes restos de asentamientos y castillos islámicos, difícilmente comunicados entre ellos, los cuales controlaban importantes vías de paso y el río Júcar, convertido hoy en fuente de energía eléctrica por la sucesión de saltos hidroeléctricos que alberga. A pesar de lo "inhóspito" del macizo, su paisaje está claramente condicionado por las actividades humanas. La práctica de la silvicultura, la ganadería y la agricultura han generado un paisaje agroforestal, en el que evidentemente predomina la cubierta forestal. Sin embargo, la actividad agrícola ha dejado su huella y numerosas son sus manifestaciones como por ejemplo, laderas aterrazadas con ribazos de piedra seca, caminos y vías pecuarias, cucos o cabañas de pastor€

La agricultura practicada dominante es la de secano. Se intercalan los cultivos, especialmente los arbolados como el olivo, el almendro y algunos algarrobos en las zonas más bajas, que conviven con viñas y cereales. Este mosaico agrícola tiene un reflejo paisajístico, pues se combina el cromatismo alternante, propio de los cultivos con el cambio de estación, con otros aspectos sensoriales como son las formas de los troncos, el color de los suelos, las formas del parcelario, el sonido de las aguas, las fragancias de las plantas etc. El hábitat en el Caroig y muela de Cortes ha sido tradicionalmente escaso y en el mayor de los casos de tipo disperso, ligado a masías y caseríos agrícolas, muchos de ellos actualmente deshabitados.

Los asentamientos concentrados representados por pueblos y aldeas como Cortes de Pallás, Dos Aguas, Millares, Bicorp, Navalón, Otonel etc, se sitúan en los márgenes de estas montañas. Presentan un callejero enrevesado y adaptado a la topografía, de raíces moriscas, y una arquitectura tradicional que se integra con el entorno. Desafortunadamente, la crisis del medio rural ha alimentado un proceso de despoblación con efectos perniciosos, tanto para la vitalidad de los municipios y aldeas como para la propia dinámica rural y paisaje. En las proximidades de los pueblos, aprovechando los caudales de fuentes y barrancos, existen excepcionales ejemplos de sistemas de regadío de montaña, los cuales han generado bellas huertas de origen musulmán. Los elementos del patrimonio militar, religioso y del agua son por tanto destacables, aunque no siempre los hallamos en buen estado de conservación.
Los distintos paisajes del Caroig

Es el Caroig y la muela de Cortes un conjunto montano que ofrece al observador un mosaico de paisajes, desde los más abruptos y forestales hasta los más urbanos e industriales y, por tanto, antropizados. No obstante, existen buenos ejemplos de su convivencia y en ocasiones de su integración. Es el caso del espectacular frente septentrional de la muela de Cortes, donde interactúan los verticales cantiles, el congosto del Júcar y el aprovechamiento hidroeléctrico de Cortes-La Muela, cuyo depósito superior de acumulación de agua con forma de riñón es fácilmente reconocible desde el aire.

El paisaje forestal montañoso es el paisaje dominante por excelencia del Caroig, pues ocupa en torno al 70 % de la superficie (AGUADO Y DOMÍNGUEZ, 2008). Las impresionantes paredes de las muelas, el roquedo atacado por el carst o las profundas gargantas proporcionan un interesante contraste visual con la suavidad de las mesetas, mesas o altiplanos que coronan el conjunto. Con todo, las formaciones arboladas han visto reducida su superficie, consecuencia de determinadas prácticas humanas y los incendios forestales.

Otros de los paisajes son los que denominamos paisajes del agua, generados por los abundantes manantiales y cursos de agua que liman el roquedo y se encajan, formando barrancos y gargantas de gran belleza paisajística. Además del cañón del río Júcar, otros cursos de agua se abren camino en el Caroig, albergando parajes geomorfológicamente y botánicamente muy interesantes. Es el caso de los barrancos de la Barbulla, del Francho, de Otonel, de Llatoneros, Moreno y de pequeños ríos como el Cazuma, el Fraile, el Ludey, el Grande y el Bolbaite. Los complejos hidroeléctricos también crean una tipología de paisajes del agua, así como los regadíos, mixtos entre estos últimos y los paisajes agrícolas.

La agricultura es generadora de paisaje. Hablamos de paisajes agrarios o genéricamente de paisajes rurales, pues entendemos que otras actividades como las silvícolas o las ganaderas aportan estructura al paisaje. Los secanos son el argumento más importante de este paisaje rural. Los cultivos de olivos, almendros y viña están muy arraigados y junto a los bancales y a las estructuras de piedra seca, que roban pendiente a las laderas, otorgan el sabor rural a estas tierras. Aunque algo marginales, algunas fuentes y cursos de agua han propiciado la formación de huertas, autentico mosaico vegetal destinado al autoconsumo, que rompe con el paisaje forestal generalizado.

Existen también paisajes de tipo mixto, denominados paisajes agroforestales, en los que se alternan los cultivos de secano arbolado con bosques y matorrales. Estos espacios cuentan, además de con un valor productivo, con valores ecológicos, pues sirven de refugio y aportan alimento a la fauna en periodos de escasez, al tiempo que actúan de cortafuegos en incendios forestales (AGUADO Y DOMÍNGUEZ, 2008).

Finalmente, no podemos dejar de mencionar los paisajes urbanos ligados a los núcleos de población que enmarcan al macizo del Caroig y muela de Cortes. Los cascos urbanos se configuran como un abigarrado conjunto de casas y calles, enfrentados a las laderas de los que parecen estar colgados. Su tradicional arquitectura y el uso de materiales del entorno hacen que queden bien integrados en el paisaje.

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