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Blog ¡A mi blog vas! - Clara Montesinos

Clara Montesinos

Publicista y periodista. Apasionada de los medios de comunicación, de Internet, de las redes sociales y de todo lo novedoso. Y muy puntillosa con la sociedad, la política y las cosas de la vida.

Sobre este blog de Sociedad

El blog de lo sorprendente, de lo cotidiano, de lo real. Todo aquello que me molesta, me crispa o me deja con la boca abierta a mi blog va de cabeza. Así es. Un lugar en el que podéis pasar el rato y con el que pretendo sacaros una sonrisa, que reflexionéis o simplemente que os entretengáis.


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  • 09
    Septiembre
    2013

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    Triatlon alone

    Hace un año exactamente, el 9 de septiembre de 2012, hacía una de las cosas más importantes de mi vida. Diría la más, por todo lo que ha supuesto después, pero no quiero empezar exagerando..

    Hace un año participé en el Triatlon de la Mujer de Valencia. Puede que algunos penséis:  Buah, el de la Mujer, eso será poca distancia. Pero los que creéis en la cultura del esfuerzo y sabéis cuánto cuesta cada kilómetro, sé que pensaréis lo contrario. 

     

    Empecé el año decidida a moverme más, a cambiar algunas cosas y me puse a ello. Un entrenador personal fue el principio. A las 8 de la mañana sudando tres veces a la semana. Fue duro, sí. Pero lo recuerdo con una sonrisa: las sentadillas, las carreras, las series subiendo y bajando escaleras, el TRX, los callos en las manos de las pesas ¡y mis cuádriceps! Qué gran descubrimiento cuando me salieron. No podía parar de tocarlos y de mirarlos... 

    De pronto una noche con amigos: ¿Y si nos apuntamos al Triatlon? Eso fue un 6 de julio. Sólo dos meses para entrenar mucho más duro. Tan solo la idea de pensar que yo, que nunca había hecho tanto deporte, estaba en las listas para competir, era para mí, alucinante. 

    A partir de ahí todo fueron nervios. 

    Nadé, corrí y retomé la bici. Era mi punto débil. La última vez que me subí en ella fue cuando tenía unos 15 años. Y 15 años después, con mucho miedo y mucha paciencia de quien me enseñaba, volví a pedalear. Ni bici propia ni marchas ni nada. 

    Creo que los dos días previos fueron los más nerviosos de mi vida. Todo era incertidumbre... 

    Me preparé el equipo lo mejor que supe. Y el día anterior, a recojer el dorsal. ¡Menudo ambientazo! Una emoción me inundaba por dentro. Miraba todo como si lo viera por primera vez. Ese mismo día con los amigos que me apunté, nos fuimos a nadar. Era de locos. No faltaban ni diez horas para competir y estábamos dándolo todo en la piscina. Más tarde a cenar pasta como manda la tradición. Recuerdo estar en la cena completamente absorta...

    Al llegar a casa me fuí directa al vestidor a repasar que todo estuviera bien: bañador, gafas, zapatillas, elástico para el dorsal... A las seis y media de la mañana me levanté, desayuné nada (era incapaz de digerir cualquier cosa desafiando todos los consejos) y salí de casa. Me cargué la bici en el ascensor y al coche. No había nadie en la calle. Recuerdo el fresquito de la mañana mientras andaba sola  con la bici, el casco y la mochila. 

    Todo fue muy deprisa. Llegar, colocar la bici en la zona de transición, ponerme la tobillera con el chip de control, prepararme y hablar hasta sola. 

     

    Y ya estábamos todas en la rampa listas para saltar al agua. Un aplauso de ánimo entre todas, un nudo en la garganta y de pronto un pitido que nos daba la señal. 

    Nadé y nadé ¡ya estaba en el agua! Y cuando salí no me creía que estaba haciendo aquello que había visto y repasado mil veces en los videos de Triatlon. Salí del agua, transición y a la bici. Como el destino siempre tiene algún giro a lo humorístico, se me salió la cadena de la bici. Suerte que estimaron que alguien me podía ayudar y llegó mi entrenador, me puso la cadena y me gritó ¡Tira! Y tiré. Vaya si tiré... Recuerdo perfectamente ir en bici por el Street Circuit intentando absorberlo todo. Un amigo experto en esto de los Triatlones me dijo el día de antes que disfrutara. Que todo lo habían organizado para nosotros. Que cerraban las calles y que eso había que disfrutarlo. Y eso hice. De nuevo transición y a correr. Corrí y corrí y no podía más pero me salían las fuerzas no sé de dónde. Recuerdo a la gente animándonos, no sabéis lo  importante que eso... 

    Mientras corría no paraba de pensar que ya había completado casi toda la prueba. Que me quedaba muy poco. Dos días antes le decía a mi entrenador que sólo iba a nadar y ya está... Y no. Estaba a punto de terminar. Recuerdo ver el edificio Veles e Vents donde estaba la meta y que los ojos se me llenaran de lágrimas. ¡Ya llego! Pero fui cautelosa y me centré en acabar. Ya lo celebraría más tarde. Seguí la alfombra roja. Subí la rampa. Corrí los últimos metros y ¡la meta! La música a tope, voluntarios animando y la gente en la meta eufórica.

     

    ¡Lo conseguí! 

     

    Una sensación que no puedo todavía hoy explicar me llenó y sigue ahí cada vez que lo recuerdo. No hubo dolor ni agujetas. Sólo felicidad. 

    Este año no he podido ir y, como nunca acabas de conocerte, me he descubierto a mí misma más triste que nunca por no poder hacerlo. Pensando en todos los que, como yo el año pasado, estarían preparando su equipamiento y cenando pasta. 

    En esta experiencia única muchos me animasteis, sobre todo a través de las redes sociales. Algo que me ayudó mucho. El día del Triatlon estaba nerviosa por la prueba ¿sería capaz? ¿y si me hago daño? ¿y si no llego a la meta? Pero estaba tranquila porque nadie vino a verme, nadie vino a animarme. Y lo hice. Fue mi Triatlon Alone. 

    Somos nosotros mismos los que decidimos hacer algo o no. O hacerlo bien o mal. Hace poco un amigo me contaba sorprendido que se había quedado solo a la hora de empezar un proyecto. 'Empieza el proyecto y la gente se irá uniendo a ti. Como un puzzle que encaje con él' le dije. Y creo que pasa igual en todo. 

    Mi entrenador me ayudó mucho, mi amigo triatleta me ayudó todo igual que la persona paciente que me enseñó de nuevo a pedalear sin miedo... Pero si no hubiera hecho yo nada más, todo eso no hubiera servido de nada. Por eso creo en la importancia de la individualidad. Todos tenemos algo que mostrar. Es nuestra responsabilidad. Y solo depende de nosotros mismos si lo hacemos o no. De nadie más. 

    Y todavía hoy se me hincha el pecho y aprieto la mandíbula orgullosa de mi logro. Ese que me ayuda a nadar unos metros más cada día, a correr un poco más o a pensar ¿si he hecho esto, no voy a poder hacer esto nuevo? 

     

    Si la felicidad fuera un momento, lo tengo grabado en mi cabeza: bajando la rampa roja con la meta al fondo. 

     

    Enhorabuena a TODOS los que participáis en competiciones, triatlones, Ultraman y demás. Solo por proponérosolo, sois GRANDES. 

     

    Puedes leer este post en ¡A mi blog vas!

     

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