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romualdo peris garcia

Ni mas ni menos que un ciudadano mas, alguien que nunca ha dejado de decir basta, aún existe demasiada mentira, tirania y miseria en el mundo para rendirse, tan solo cuando se cumpan los eones del tiempo puede que el hombre consiga la libertad, la igualdad y la solidaridad, por ello debemos seguir ...

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Nada hay ni en los cielos, ni en la tierra, ni en su fondo o en el fondo de los océanos, que no pueda ser estudiado, comentado, criticado, en el ejercicio del derecho a la libre opinión y expresión de los pensamientos, a la luz de la libre conciencia y la razón humana, sobre ellos se basa la libe...


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  • 16
    Marzo
    2012

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    KYOTO Y LAS FALLAS

     

     

     

    Ya de nuevo se anuncia el renacer del alma fallera, ese renacer que desde ya hace unos años, despierta esos dos contendientes que como valenciano llevo gravados al alma, y estalla la guerra entre esos mis dos grandes amores la conservación del medio ambiente, el control de la polución y por supuesto las fallas valencianas.
    Aun guardo lejos en mi recuerdo de antaño aquellos grandes montones montones de burumballa i serraura que en el taller de ebanisteria donde trabaja mi padre en el barrio de Patraix y que en esta semana se les pegaba fuego como un viejo ritual, aquel que practicaban los gremios de carpinteros, los montones de trastos viejos que la chiquilleria del barrio San Marcelino recogían en y quemábamos en los jardines de la barriada, y como no recuerdo aquellas fallas donde los ninots que se vestían como verdaderos maniquís, que con el devenir de los tiempos fueron sustituidos por aquellos otros de cartón piedra, arte e ingenio, que solo un pueblo tiene, el valenciano, toda una fiesta que se levanta a base de jornales y horas de duro trabajo en los talleres de los artistas falleros, artífices e ingenieros que levantaban arquitrabes y estructuras de cartón y madera, todo para cumplir con el ritual de fuego, ese fuego purificador en el que arden los malos presagios y deseos incumplidos, fiesta de los paganos dioses, por el despertar de la primavera, por la madre tierra.

    Fuego purificador de vivas y alegres llamas, que como juguetonas hadas prendían poco a poco en las figuras, comenzado a volar pavesas de cartón envueltas en blanco humo, elevándose en la noche como estrellas, hasta dejar al descubierto su esqueleto de madera de pino, verdaderas torres de las que se desprendían una a una sus traviesas, eso fue y eso paso, ahora la ostentación, la pura vanidad a arrinconado aquellos viejos materiales, han sido sustituido por esos corchos de plástico pues de otra forma no se podrían levantar esos monumentos falleros, si monumentos que no fallas, eso queda para las mas humildes, las de siempre, aquellas que siguen celebrando la fiesta en la calle, como antaño, cuando se iba de falla en falla bailando en la calle con sus orquestas, las fallas eran la fiesta del pueblo, cosa que ahora ya no lo son, y es en el uso de ese venenoso material donde comienza el problema, el fuego ya no es limpio, las figuras ya no arden, se deshacen como si de cera se tratase. y el humo, aquel humo gris, con ese olor entre pólvora y pino, se ha convertido en un humo negro, pestilente, incluso diría que pegajoso, que deja caer telarañas de negro hollín sobre nuestras cabezas, negrísimo humo, contaminante, y por cierto nocivo, bastante nocivo para los asistentes a la Crema, pueden preguntar a los médicos, puede que mas de uno después se quede encasa y la vea por televisión.

    La mayoría de las fallas de hoy ya no las tradicionales fallas, aquellas que eran seres efímeros, como mariposas destinadas al fuego, hogueras donde se quemaban las vanidades humanas, y fuente de trabajo para muchas familias valencianas, hoy eso ha desaparecido, solo se necesitan unas pocas manos para modelar el cartón blanco, enemigo mortal de medio ambiente, pero Kyoto y las fallas pueden viajar juntos, si basta volver a la tradición, al cartón y la madera de pino, con todo lo que ello conlleva, quizá no se podrían alzar esos enormes, bestiales monumentos, pero perviviría el espiritu originario de la falla, incluso como se necesitarían muchas manos y muchas mas horas de trabajo para hacerlas, se crearían nuevos puestos de trabajo ahora destruidos, y su alma, el alma de la fiesta, de la falla, su socarronería e ironía seguirían ahí, al alcance de nuestro corazón como valencianos, y así la tradición del fuego contaminaría menos, creando una mayor riqueza ya no solo para el medio ambiente si no para muchas familias valencianas..

     

     

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