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Cocina para Indignados
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Blog Cocina para Indignados - jaime lopez fernandez

jaime lopez fernandez

Soy Jaime López Fernández, de Puerto Sagunto (Valencia) y escribo el blog www.cocinaparaindignados.com que combina cocina y política con ironía, sentido del humor y ciertas dosis de indignación. ...

Sobre este blog de Gastronomia

Cocina para Indignados (www.cocinaparaindignados.com) es un blog que utiliza la cocina como pretexto para hablar con ironía, sentido del humor y cierta dosis de indignación, de la crisis y la actualidad política, todo ello combinado con recetas atractivas, sencillas, económicas y divertidas. ...


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  • 14
    Diciembre
    2014

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    La ley de Seguridad Ciudadana o el Gran Hermano que el gobierno siempre quiso ser

    Si pensabas dejarte algo por hacer antes de que estuviera prohibido, ya has llegado tarde. Con la aprobación esta semana de la ley de Seguridad Ciudadana, en la práctica ya lo está casi todo, incluso el juego. No es ya la vulneración del derecho de reunión o de manifestación o el lugar o los términos en que se lleven a cabo y la indefensión frente al agente policial que puede actuar con total impunidad, es que incluso tendrás que pensártelo dos veces antes de decirle a tu hijo que se baje un rato a jugar a la calle, porque como se emocione y le dé al balón algo más fuerte de lo que toca o moleste a quien no deba, ya no saldrá un vecino a decirle que vaya a incordiar a otro lado, sino que podrá venirle un policía y multarle con entre 100 y 600€, pues la práctica de juegos o actividades deportivas en espacios públicos no habilitados para ello, y el posible riesgo de ocasionar algún daño, se considera una falta leve sancionada con esa cuantía. Así que tenlo en cuenta: puede salirte más barato irte con tu hijo todas las tardes a merendar a París en vuelo chárter que el hecho de que le pegue cuatro patadas mal dadas a un balón.

    Es increíble. A la vista del importe de las multas podemos deducir que el gobierno del PP tiene una visión asimétrica del valor de la realidad, pues resulta curioso que pueda castigarse con hasta 600€ jugar en la calle y considere 21’51€ al día, 645’30€ al mes, dinero suficiente para vivir con dignidad. Es tal la desfachatez, que más que irritantes son urticantes y mezquinos.

    Todo está tipificado. Todo está regulado. No dejan espacio para la improvisación, para la espontaneidad en un mundo donde cada vez se limitan más los derechos y las libertades. Han aprobado una ley que queda tan ceñida sobre el cuerpo del ciudadano que no da pie a otra lectura que no sea la asfixia de su protesta, de cualquier atisbo de crítica, y la eliminación de toda iniciativa que pueda tomar frente a ellos la sociedad civil. No es una ley de Seguridad Ciudadana, es una ley de blindaje político frente al ciudadano. Se ha creado para hacer frente a la decepción profunda e insondable que éste siente con quienes le gobiernan, para atajar la frustración generada por la pésima gestión política, para silenciar el desengaño de un país; y no muestra otra cosa que el miedo del político, que con cobardía se parapeta tras el texto, por encima del cual asoma la cabeza para escupir amenazas y advertir con voz de loca chillona lo que cuesta la desobediencia.

    Se ha aprobado, en definitiva, por una razón muy simple,  que atiende al principio básico de causa-efecto: Cuando los caminos de protesta permitidos al ciudadano se manifiestan como un erial estéril e ineficaz, otras formas más contundentes de hacerse oír son necesarias, y ‘salirse del tiesto’ es lo correcto y la única solución, ante lo cual el gobierno reacciona convirtiendo en ilegal los espacios por donde el ciudadano encauza su acción. Un ciudadano que se ha sentido defraudado por muchas razones: por la pérdida de derechos laborales y civiles, por un futuro laboral incierto y triste, por la prevalencia de las finanzas sobre el humanismo, pero por encima de todo por la pérdida del futuro, porque después de asimilar el discurso del perfecto burgués inculcado desde el poder, en virtud del cual si eras bueno y te portabas bien tenías garantizado un futuro plácido y prometedor, ha podido comprobar cómo era víctima por enésima vez de un engaño y su futuro se desvanecía ante sus ojos como un espejismo en medio de una realidad cruel e implacable. Y por si eso fuera poco, aún te hacen pagar si te quejas o te cierran la boca a porrazos.

    Afortunadamente, queda poco para las elecciones. No hace falta hacer mucho, se bastan solitos; tan solo dejarles hacer: ellos mismos irán hundiéndose un poquito más día tras día a cada paso que den. Ya desandaremos el camino por donde nos han llevado; ya  desharemos cuanto sea necesario.

    Para todos nosotros, porque nos la merecemos, esta receta: Pulpo con polentael pulpo a la ‘orwelliana’, el Gran Hermano del mar. Una exquisitez que simboliza con sus largos brazos el ansia del poder por llegar a todas partes y su férrea determinación por controlarlo todo. Una combinación sutil y acertada entre la humilde y montaraz polenta, que, como aquí las gachas, ha acallado los estómagos hambrientos de Italia durante siglos, y la blanca y poderosa carne de un animal tan fuerte como delicado. Cromatismo, sencillez y sutileza, que lejos de acercarse al poder se han puesto al servicio de nuestro paladar.
    Que la disfrutes.
     
     
    NECESITARÁS (para 4 personas)
     
     
    • 1 pulpo mediano (sobrará).
    • 1 vaso de agua de polenta.
    • 2 vasos de agua.
    • 1/2 vaso de caldo de la cocción del pulpo.
    • Sal.
    • Pimienta.
    • Pimentón dulce de la Vera.
    • Cebollino.
    • Aceite de oliva virgen extra.

     

     
    ELABORACIÓN
     
     
    1. Pon a hervir agua con abundante sal en una cazuela. Cuando bulla,’ asusta’ el pulpo introduciéndolo y sacándolo del agua 3 veces y déjalo cocer (debe cubrirlo) aproximadamente 15’por kg de peso que tenga la pieza. Pínchalo de tanto en tanto para comprobar que ya está hasta que quede blando pero con la carne tersa, no debe despegarse la piel ni perder las ventosas. Retira y reserva.
    2. Vierte los 2 vasos de agua y el de caldo de la cocción a una cazuela y llévalo a ebullición. Baja el fuego y añade la polenta, una puntita de sal y pimienta al gusto y remueve sin parar para que no haga grumos hasta que adquiera una textura cremosa pero consistente, aproximadamente durante 10’. Si te gusta algo menos espesa añádele ½ vaso de agua hirviendo más.
    3. Emplatado: enmoldamos sobre el plato unas cucharadas de polenta y sobre la misma colocamos el pulpo cortado, espolvoreado de escamas de sal, pimentón y aceite crudo con generosidad. Picamos un poquito de cebollino que dejamos caer por encima, decoramos el plato, retiramos el molde y servimos.

     

    Umm, delicioso, sencillo y buenísimo.
     
    NOTA
     
    Si no te ves con ganas o no crees que te vaya a quedar en su punto, puedes comprar un par de patas de pulpo ya cocidas, sale más caro, pero te garantizas el punto exacto. Puedes sustituir la polenta por puré de patatas. También le queda muy bien un puré de garbanzos, elaborado con un poquito de agua de la cocción y aderezado con un hilo de aceite, sal y pimienta.
     
    MÚSICA PARA ACOMPAÑAR
     
    Para la elaboraciónTangos de la retranca, Las Migas
    Para la degustaciónPequeño Vals Vienés, Silvia Pérez Cruz
     
    VINO RECOMENDADO

    Finca Resalso, roble13. DO Ribera del Duero
     
    DÓNDE COMER
     
    Donde te dé la gana, no donde te digan o se suponga que debas hacerlo: sobre la mesa o sobre un banco; en el comedor, en el patio, en la calle, en la cocina…en el lugar que hayas decidido porque es tu opción  y además te apetece. Eso sí, siempre compartido y rodeado de quienes como tú lo aprecian y no rinden cuentas a nadie.
     
    QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS
     
    Depende de dónde hayas decidido comerlo: si ha sido en casa, no tienes de qué preocuparte; pero si decides hacerlo en los alrededores del congreso, de algún organismo oficial o a las puertas de alguna familia desahuciada, una buena carrera será suficiente para compensarlas... además de necesaria para evitar llevarte algún que otro porrazo y acabar arruinado si te cogen.

     

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