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Cocina para Indignados
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jaime lopez fernandez

Soy Jaime López Fernández, de Puerto Sagunto (Valencia) y escribo el blog www.cocinaparaindignados.com que combina cocina y política con ironía, sentido del humor y ciertas dosis de indignación. ...

Sobre este blog de Gastronomia

Cocina para Indignados (www.cocinaparaindignados.com) es un blog que utiliza la cocina como pretexto para hablar con ironía, sentido del humor y cierta dosis de indignación, de la crisis y la actualidad política, todo ello combinado con recetas atractivas, sencillas, económicas y divertidas. ...


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  • 06
    Enero
    2014

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    Operación Merry Christmas

     Ya sé que un cuento de navidad, y además tan largo, tiene poco que ver con un blog de política y cocina, pero aprovechando que lo tengo y porque me da la gana, aquí os dejo uno en agradecimiento para aquellos que habéis sido tan amables de seguirlo. En el fondo también guarda relación con todos los tejemanejes de estos sujetos que nos gobiernan.

    Que los Reyes Magos os sean generosos...o quienes tengan que serlo.

     

     

    OPERACIÓN MERRY CHRISTMAS

     

    La noticia no había dejado indiferente a nadie. En las redes sociales no se hablaba de otra cosa y el titular presidía la portada de los diarios de todo el mundo: Papá Noel había sido secuestrado.

    Según la versión de un testigo presencial, sobre las 4 de la madrugada 3 encapuchados saltaron la valla de la lujosa residencia de Mr. Klaus ubicada en una exclusiva urbanización a las afueras de Copenhague. Los asaltantes, al parecer ataviados con una especie de túnicas de amplio vuelo presuntamente diseñadas para el asalto de casas y con babuchas de suela de pie de gato, mostraron una osadía y agilidad sorprendentes a pesar de su evidente sobrepeso y los abultados sacos que llevaban a la espalda. Las capuchas utilizadas no disimulaban una amplia cabellera y poblada barba al menos en dos de ellos.

    Según parece, una vez dentro de la propiedad se dirigieron al establo-garaje con el fin de narcotizar a los renos propiedad de Mr. Klaus, conocida como es su extraordinaria capacidad para alertar de la presencia de intrusos, entre otras cualidades como volar en estado de sobriedad. Para ello se sirvieron de varios sacos de marihuana que mezclaron en sus morrales con la hierba con que se alimentan. Los simpáticos animales continúan siendo asistidos en estos momentos por psicólogos expertos en toxicomanías, en un intento de aliviar el estrés al que han sido sometidos, a pesar  de que el efecto de la droga suministrada los mantiene aún en un estado de euforia incontrolable y esperemos transitoria. Pero es el estado del popular Rudolf, el decano de los renos y auténtica mano derecha de Mr. Klaus, el que más preocupa en estos momentos. Dada su avanzada edad, la droga le ha sumido en una especie de estado catatónico, similar a la narcolepsia que imposibilita que pueda avanzar su versión de los hechos. Con las reservas oportunas, los médicos han confirmado que su estado de salud permanece estable dentro de la gravedad y no descartan un cambio de estrategia en un futuro inmediato si el paciente no reacciona a las terapias utilizadas hasta el momento.   

    Todo parece indicar que ya en el interior del lujoso domicilio los secuestradores accedieron a las habitaciones privadas de Papá Noel aprovechando que las alarmas estaban desconectadas y los Elfos encargados de la vigilancia tenían el día libre. Las pruebas periciales demuestran que, pese a que la puerta se encontraba abierta, los asaltantes entraron por una ventana, en el quicio de la cual se encontró una saca con regalos que debieron dejar olvidada, no se sabe si a su llegada o en la huida. El testigo presencial, que en esos momentos se encontraba en las inmediaciones del lugar paseando a su perro, afirmó que desde el exterior de la propiedad pudieron oírse gritos y el sonido de golpes y objetos rompiéndose. La policía científica ha corroborado que el secuestro tuvo lugar probablemente sin el consentimiento de Mr. Klaus, dado el desorden de sus dependencias, los objetos rotos y toda su ropa dispersa por el suelo de la habitación, lo que hace suponer que fue sacado de la misma desnudo o en ropa interior. Los restos de un potente narcótico encontrado en una pequeña botella, parecen demostrar la hipótesis de que el popular filántropo y empresario fue drogado para facilitar su sustracción del domicilio. Esta posibilidad, pendiente de confirmación, tiene confundidos a los investigadores dado que su enorme volumen en estado de inconsciencia, pudo dificultar su traslado y de confirmarse explicaría el olvido de la saca.

    Los investigadores encontraron en las inmediaciones de la propiedad tres montoncitos de excrementos equidistantes entre sí y sorprendentemente idénticos, cuyo análisis ha demostrado pertenecer a camellos. Por el volumen de las deposiciones y teniendo en cuenta la cantidad media que un camello depone al día han calculado el tiempo que permanecieron en el lugar de los hechos, confirmando que el suceso se produjo entre las 4h AM y las 4’15h AM. La presencia de camellos en estas latitudes permite aventurar que los asaltantes no son del lugar. Con las reservas oportunas, los investigadores apuntan a que los presuntos secuestradores sean  los Reyes Magos o personas muy cercanas a su entorno. Lo populares Mr. Melchor, Mr. Gaspar y Mr. Baltasar, filántropos como Mr. Klaus  y que como él gozan de enorme popularidad, están pasando por sus horas más bajas desde que este último ha ido ganando incondicionales en países tradicionalmente dominados por ellos. De entre las tesis que se barajan ésta parece ser la que se confirmaría como el móvil del secuestro. Son famosos los pleitos existentes entre lo que se conoce como las dos franquicias de la filantropía y el humanitarismo más importantes del planeta, con permiso de la potente China y su  espectacular e incipiente crecimiento en este negocio.

    Negocio, porque esa es una de las claves de tanta generosidad. A nadie escapa que más allá de la labor filantrópica son los sustanciosos beneficios de mercadotecnia y el enorme entramado financiero y de empresas que se ha creado en torno al mismo lo que está en juego. Lo que comenzó siendo un ejercicio de auténtica generosidad llevado a cabo por estos simpáticos personajes, después de haber adquirido poderes sobrenaturales como el don de la ubicuidad y la vida eterna tras un suceso simultáneo en dos puntos tan distantes del globo como Arabia y Laponia, se ha convertido en una fabulosa máquina de generar dinero. La leyenda, que ellos mismos han transmitido, cuenta que un día algo caído del cielo a una velocidad extraordinaria golpeó sus cabezas y después de desprender una luz cegadora que pudo verse a cientos de Km. los sumió en un profundo sueño del que despertaron con el aspecto con que se conocen. Una vez asumido que nunca más iban a volver a gozar de una apariencia apolínea y juvenil como la que tenían instantes antes del insólito acontecimiento y de acostumbrarse a su prematura madurez, comprobaron que su edad no avanzaba, y que todo intento por engañar su destino, esforzándose en cortar y teñir sus barbas y cabellos o en cambiar de ropas, era vano, descubrieron una irresistible inclinación a hacer el bien y ser generosos. Nada había que pudiera alejarles de su sino. Pero los tiempos cambian y hasta la generosidad desmedida se adapta a los dictados mercantilistas de la época, convirtiéndose hoy en las dos multinacionales especializadas en la decoración navideña más importantes del mundo. Solo del papá Noel de los Huevos de Oro se han vendido más de 200 millones de unidades. El exitoso muñeco, que se cuelga en balcones y ventanas y deja entrever sus testículos que cambian de color al ritmo del sonido y temperatura ambiente, adquiriendo tonalidades que varían de los blancos luminosos a los rojos más chillones, esta temporada ha causado furor entre sus incondicionales, que se cuentan por millones. Pese a todo, son cifras que aún están lejos de la versión clásica: el papa Noel Enano Trepador, de la que se llevan vendidas más de mil millones de unidades en todo el mundo.

    Fue el primero en un suculento negocio al que no tardaron en apuntarse sus directos competidores, los Reyes Magos. A pesar de que hay quien dice que la calidad de sus productos es superior a la de los artículos producidos por Mr. Klaus, lo cierto es que el volumen de ventas dista mucho de alcanzar a las de este último. El rápido e insólito crecimiento comercial que está teniendo en la zona de influencia de los primeros, está provocando mermas considerables en su cuenta de resultados y una cotización a la baja  de sus acciones. China es el otro gran protagonista en este jugoso pastel al hacerse con la exclusiva en la fabricación de todos los productos de ambas multinacionales.

    Las tensas relaciones entre ambas compañías quedaron de manifiesto incluso en las redes sociales al convocar un concurso de popularidad pidiendo el Me Gusta de los usuarios. “Pon me gusta si te gusta el roscón. Tú si que sabes”  “Pon me gusta si te gusto. Jou, jou, jou”, fueron algunos de los lemas utilizados en aquella campaña, que no pocos tildaron de narcisista. Mr. Klaus obtuvo más Me Gusta en estos peculiares comicios de la popularidad, en un juego en el que el amor propio de los Reyes Magos quedó resentido y su prestigio en entredicho.

    La otra prueba que parece corroborar la tesis del secuestro y de los presuntos secuestradores es que ha aparecido en el lugar de los hechos una carta de los reyes magos de una conocida cadena de hipermercados dirigida a los Elfos, donde se pide un rescate cuya cuantía no ha sido revelada ni las condiciones para efectuar la entrega del mismo. Fuentes consultadas por este diario han confirmado que la misiva, escrita de puño y letra en perfecto Times New Roman y 12 de fuente, iba dirigida a Mr. Albert, jefe de seguridad Elfo, circunstancia que no ha sido confirmada por los investigadores.

    Hasta el momento es todo cuanto hemos podido conocer de este lamentable suceso que mantiene en vilo a la población mundial en vísperas de unas fiestas de encuentro y de ilusión. Más allá de los deseos, más allá de las buenas intenciones, de compartir momentos entrañables con nuestros seres queridos, es el espíritu de la navidad lo que está en juego.

     

    Sentado en la mecedora, el gordo Melchor, en camiseta de tirantes y con corona, dejó caer el periódico sobre las piernas. El espíritu de la navidad, pensó, y eructó. Frente a él, maniatado a una silla tras los barrotes de una sólida reja que les separaba, Klaus, en ropa interior, recobraba la consciencia. Melchor se acercó a la reja.

    -Vaya, vaya, así que el más popular, así que el más generoso, así que el más bonachón, el más, el más, el más…Me tienes hasta los cojones Santa, y no sabes cuánto. Te has pasado por el forro lo pactado. Te has saltado todo lo acordado. Has hecho lo que te ha salido de los cojones durante mucho, mucho tiempo y te aseguro, te certifico, te confirmo, que vas a pagar por ello. Ya lo creo que sí.

    Klauss tan solo pudo mirarle fugazmente  antes de que sus ojos volvieran a cerrarse. Un leve hilo de voz bastó para incendiar el ánimo de Melchor al escucharle.

    -Jou, Jou, Jou.

     

    125 años atrás. En algún lugar de la isla de Malta. En medio de una extensa planicie azotada por un viento húmedo y abrasador, una lujosa Jaima blanca y púrpura. Elfos y pajes, las miradas cruzándose y en actitud  muy poco amigable, forman un cordón alrededor de la misma. Camellos y renos comparten sombra bajo un toldo blanco; los renos, sudan; los camellos, ríen al mirarlos. Ni el carismático Rudolf escapa de la mofa. Unos pastorcillos despistados se dirigen a Belén a adorar al dios nacido, pero declinan preguntar si llevan buen camino dado el ambiente tenso y protocolario.

    En el interior de la espléndida tienda Mr. Klaus, Mr. Melchor, Mr. Gaspar y Mr. Baltasar ultiman las condiciones de un tratado donde se reparten el mundo en áreas de influencia infranqueables y los días de trabajo de cada uno de ellos, el 25 de diciembre para el primero y el 6 de enero para los segundos. En un clima de entendimiento y camaradería concluyen incluso ayudarse en caso necesario en sus correspondientes días de trabajo. Toman fondillón frío.

    -Excelente, excelente vino. Digno colofón de un acuerdo provechoso para todos ¿No crees, Mel?, comenta Klaus repantigado en su sillón.

     -Sin duda, sin duda, Santa. Han sido horas de deliberaciones para un acuerdo que esperemos zanjen definitivamente nuestras pequeñas diferencias. El mundo es muy grande y hay sitio más que de sobras para los 4 ¿no te parece?, contesta Melchor.

    Chocan las copas y beben. Un paje se afana en llenarlas de nuevo mientras que una elfo les ofrece dátiles en una bandeja. Al otro extremo de la Jaima, Mr. Gaspar y Mr. Baltasar tontean con unos elfos hembra. Beben y ríen y les dicen cosas al oído mientras las besan.

    -¿Alguna vez habéis practicado sexo con una elfa? Les pregunta Mr. Klaus. Son un auténtico placer. Tienen muchas virtudes pero la que más valoro sin duda es la de quitarme el frío cada vez que entro en mi casa de Laponia, jou, jou, jou. Ríe mientras mete mano a la de los dátiles. Sin embargo aquí, maldito calor; no sé cómo lo aguantáis, no hay manera de levantar nada que no sea la copa, jou, jou, jou.

    - Umm, ya veo, contesta Mr. Gaspar. Pensaba que se me iban a quedar las manos heladas y sin embargo veo que arden en deseos con tanto calor que desprenden tus elfas. -Oh, sí, sí, confirma Mr. Baltasar, mientras agasaja con un poco de mirra a su chica. Y tú, Santa ¿alguna vez te has calentado las manos con uno de los nuestros? Prueba y verás ¿Qué prefieres paje o paja?

    -Oh, Balta, por supuesto paja; pero de esas, te lo aseguro, soy capaz de arreglármelas solo, jou, jou, jou.

    El diario de sesiones de aquella reunión secreta dio fe que aquella noche hubo una gran fiesta hasta altas horas de la madrugada y que nadie durmió. Tan solo algunos disparos y carcajadas atravesaron la llanura solitaria como una estrella fugaz. Nunca se supo si aquellos pastores llegaron a Belén.

     

    En la actualidad. Populosa avenida peatonal de cualquier gran ciudad. La Sagrada Familia se ve al fondo.

    En las dos horas que llevaba allí de plantón tan solo dos perros se habían acercado a mearle los pies. ¿Qué hacía allí apostado un hombre estatua con un traje de rey mago y una corona de porte real y sin viso de hacer algo que moviera a la curiosidad? Continuaba petrificado mientras la gente le ignoraba por completo. Nadie había echado un céntimo; nadie de entre los miles de turistas lo había mirado tan siquiera.

    -Cabrones, pensó Gaspar herido en su orgullo. Y luego querrán que les traigan regalos los reyes magos; y una mierda. Me he quedado con vuestra cara, hijos de puta, que lo sepáis. Ag., qué asco de trabajo; trabajo de desocupados.

     El plan era perfecto. Ni tan siquiera haría falta disfrazarse porque nadie lo reconocería en esas circunstancias. Mr. Gaspar se apostaría en aquella avenida simulando ser un hombre estatua a la espera de que Mr. Albert hiciera la entrega del rescate. Nada de policía; nada de medios de comunicación. Esas fueron las condiciones exigidas por los secuestradores para que todo fuera bien. Después liberarían a Mr. Klaus. Todo estaba calculado hasta el mínimo detalle, pero nadie había tenido en cuenta esa posibilidad: que no fueran a pagar.

    -Serán cabrones. No lo quieren. No dan un puto euro por él. Mascullaba Gaspar al pinganillo camuflado entre las barbas. Venid  por mí de una puta vez. Me he quedado entumecido y no puedo ni mover las pestañas.

    Cuando llegó la furgoneta otro perro le meaba los pies; uno de los pajes le dio una patada para alejarlo y ayudó a los otros cuatro a cargar con el rey hasta el vehículo. Una paje comenzó a masajearle los hombros desde atrás y a hablarle con dulzura para facilitar su recuperación. Con gran esfuerzo el rey volvió la cabeza, hizo una señal y ésta se acercó, momento que aprovechó para darle un tremendo bocado en la nariz y mandarla a la mierda. Tardó varias horas en recuperar la movilidad por completo. En ese tiempo nadie se le acercó.

     

    Entró en la habitación hecho una furia. Dio tal portazo que todos cuantos estaban dentro pensaron que habían sido descubiertos. A Baltasar, que como de costumbre se batía el cobre con una preciosa paje sobre el sofá, se le atragantó la cerveza que tomaba y tuvo el tiempo justo para apartarla con brusquedad y esconderse detrás del sofá. Los pajes allí presentes corrían sin sentido por la habitación en busca de un agujero por el que huir o esconderse; algunos, los más atrevidos, por un momento sacaron pecho en un intento de proteger a sus jefes, pero fue solo eso, un fugaz instante que el miedo no tardó en disipar. Melchor se encontraba sobre el infiernillo, preparando la pasta. Los días de trabajo y en las ocasiones especiales siempre cocinaba él. Le entusiasmaba la pasta y la opera y en unas circunstancias como aquellas no iba a ser diferente. Sus espagueti boloñesa eran realmente exquisitos y le encantaba cocinarlos para todo el mundo, cuantos más mejor. Un buen Chianti haría de acompañamiento perfecto para tan suculento plato mientras la Traviata deleitaba sus oídos. Desde el asalto a la casa de Santa no se había cambiado de ropa interior y la camiseta de tirantes que llevaba puesta mostraba tantas manchas que era difícil adivinarle el color entre los cercos de sudor y las salpicaduras de tomate. Con el sobresalto se le ladeó la corona y los ojos estuvieron a punto de saltarle de las órbitas; llevaba las barbas anudadas a la nuca para no mancharlas. Al abrirse la puerta de golpe, giró de un salto y amenazó muerto de miedo a los intrusos con el cucharón de mover los espaguetis.

    -¡Te voy a matar hijo de la gran puta!, gritaba Gaspar entrando como una exhalación en aquella habitación. Nadie, absolutamente nadie ha movido un puto dedo por ti. 3 putas horas allí de plantón y nadie ha dado señales de vida. Se tiró contra los barrotes de la reja y empezó a tirar de ellos para arrancarlos. Mr. Klaus de un respingo cayó hacia atrás atado como estaba a la silla y realmente se asustó al ver cómo había entrado el rey. Cuando todos los presentes recuperaron el aliento y fueron conscientes de lo que en realidad estaba pasando, comenzaron a asomar las cabezas desde sus escondrijos. Melchor corrió hacia Gaspar para intentar calmarlo y los demás también, conforme iban saliendo del estupor. Lograron sentarlo en una silla y le sirvieron un vino.

    -¿Ya estás más tranquilo? ¿Ya puedes hablar como las personas? ¿Nos puedes explicar que coño esta pasando? le preguntó al alteradísimo Gaspar, que comenzó a relatar lo sucedido. Al hilo de su argumento, de tanto en tanto, todos los presentes se giraban al mismo tiempo y se quedaban mirando a Mr. Klaus. Éste desde el suelo les sacaba la lengua. Melchor se levantó y comenzó a andar por la habitación.

    -Vaya, vaya. Así que nadie ha dado señales de vida. Nadie ha dado un duro por ti. Solo había que entregar 1000m de € en acciones de tus empresas y después firmar un compromiso para abandonar los territorios ocupados ilegalmente y nadie ha acudido en tu ayuda. Revelador. Deliciosamente revelador diría más bien, si no fuera por el pequeño inconveniente que supone para nuestros planes. Veo que te quieren mucho los tuyos ¿eh Santa?, casi tanto como nosotros te queremos. Jou, jou, jou, rió con ironía mientras los demás se acercaban y reían también en un ambiente tenso y frío.

    -Ni en vuestros mejores sueños firmaré ningún documento de renuncia, gritó papá Noel. Estáis acabados. Estáis muertos. No tenéis futuro. Yo regalo ilusión y días de disfrute posteriores, pero vosotros, vosotros ¿qué regaláis? ¿Para qué regaláis si al día siguiente hay escuela? Jou, jou, jou. Daríais risa si no fuera porque dais pena, patéticos putos reyes magos. Estáis muertos y aún no os habéis dado cuenta, jou, jou, jou.

    A veces el silencio es más frío que el propio frío. Hay silencios que hielan y silencios que matan. Y el de aquella habitación era de los dos. Todos se apartaban al paso de Melchor. Tan solo el sonido del cuchillo al afilarlo rompía el mutismo del momento. Pasaba la hoja del enorme cuchillo por el afilador con lentitud y precisión añadiendo dramatismo a una situación ya de por sí dramática. Con aquél aspecto brutal y salvaje se arrimó Melchor a la reja y se agachó.

    -Así que estamos muertos. Así que estamos acabados. Somos patéticos y damos pena ¿Te has visto ahí tirado en ropa interior y muerto de miedo? ¿Te has sentido en el frío y solitario suelo? ¿Sabes? Me encanta cocinar, sobre todo pasta. Y me encanta cocinarla con tomate, con ajo, con albahaca y  con carne; con mucha carne. Con una estupenda, jugosa, suculenta y nutritiva carne de cerdo. Y ¿sabes, Santa? Tu aspecto es el de un estupendo, jugoso, suculento y nutritivo cerdo. No sé por qué, pero algo me dice que este año comeremos espaguetis de navidad. Todos se quedaron mirándole y rieron sin contención.

     

    Ala oeste de la casa Blanca. En ese mismo instante. Entre el trajín cotidiano que se observaba en el soberbio edificio, sorprendía la quietud y tranquilidad que se respiraba en la amplia habitación. Suelos alfombrados, cómodos sofás, muebles de caoba y una chimenea encendida contribuían al clima distendido y relajado. Sobre las paredes los retratos de prohombres de la nación. Cómodamente sentados, tres hombres fumaban enormes puros y bebían licor en amplias copas. Apoyaban los pies sobre la mesa de centro a pesar de que a uno de ellos se le veían los calzoncillos por debajo de las faldas. Parecían sentirse satisfechos y reían complacidos alabando la calidad de los cigarros. Son los tres hombres más poderosos del planeta, el presidente de los EEUU, el presidente Chino, al que por su tamaño el puro le hacía parecer un chupachup y el representante de dios en la tierra, el Papa, quien por la misma regla parecía una dulce viejecita enloquecida con semejante habano en la boca. Otro asistente permanecía discretamente alejado de la escena, el director de la CIA, la Agencia de Inteligencia Americana. Había excusado su ausencia el emisario celestial por encontrarse indispuesto, no sin antes aclarar que el cielo no pondría objeciones a cuanto se decidiese. Su palabra y la papal sería una misma palabra en aquella ocasión, a pesar de su distanciamiento desde que el Vaticano desclasificó un documento en el que se desvelaba que el portal de Belén no tenía ni  buey ni asno, acarreando el alarmante descenso de ventas de estas figuritas en los belenes de todos los hogares y el consiguiente margen de beneficios. Estaba teniendo lugar una reunión de alto secreto.

    -Bien, caballeros, como veréis no hay taquígrafa en la sala ni medio alguno que registre cuanto aquí se diga y decida. Comenzó a decir el presidente de los EEUU. Esta reunión nunca ha tenido lugar. Ya sabéis por qué estamos aquí. El asunto entre Santa Klaus y los Reyes Magos ha sobrepasado todo lo ética y moralmente permitido y se ha convertido en un problema intolerable. Todos conocemos la tensión existente entre ambos desde hace años, pero esto último va más allá de lo admisible. Son un pésimo ejemplo para los niños. Son una ridícula excusa para los padres. Y lo que es peor, mantienen en vilo a la humanidad sobre la continuidad de la navidad. Su problema se ha convertido en nuestro problema. Su problema los ha transformado en unos seres odiosos y zafios que a duras penas van a poder conservar los índices de popularidad que con tanto esfuerzo nos hemos preocupado en  ayudarles a mantener. Nadie de su entorno les quiere. Cualquier pajecillo o elfo desearía deshacerse de ellos. Si ese odio transciende uno de los pilares de nuestra civilización se desmoronará. Son un cáncer y hay que evitar a toda costa la metástasis. Creo que ya es hora de que tomemos cartas en el asunto. El pueblo no se merece esto. No pueden seguir jugando de este modo con la ilusión de millones de niños y familias. Son los deseos, las esperanzas y los sueños los que como un barco de papel navegan a la deriva en unas aguas cuya furia depende de la voluntad de unos egoístas y caprichosos narcisistas. Es el espíritu de la navidad el que está en juego. Cuando acaba su mirada se pierde en el infinito y las lejanas notas del himno norteamericano se dejan escuchar.

    -Amén, dice el Papa y se persigna al mismo tiempo, mientras que el presidente chino aplaude sarcásticamente.

    -Todo eso está muy bien, comenta, pero ¿Qué pretendes que hagamos? ¿Tienes algún plan? No es la primera vez que se enzarzan de este modo.

    -No, es cierto, pero sí la primera en la que hay amenazas de muerte fundadas, dice el presidente americano una vez recuperada la compostura. Nuestros agentes han confirmado movimientos en un piso franco propiedad de una de las empresas de los reyes magos en una remota zona pirenaica y verificado una amenaza real de muerte. Hasta el momento se les ha dejado hacer con la esperanza de que pudieran solucionar sus problemas pacíficamente, pero al parecer la posibilidad de muerte brutal es inminente. Nuestro hombre en la zona lo confirma y tiene un equipo preparado y dispuesto para intervenir en cuanto se le ordene. El director de la CIA puede confirmaros todos los datos. ¿No es cierto Joe? Joe, discretamente alejado del resto, asiente con la cabeza ante la atenta mirada de los tres.

    El Papa no deja de persignarse mientras escucha atentamente.

    -Joder, Santísima, deja de hacer eso y di algo, que siempre estás igual y nunca aportas nada, le dice el presidente chino. Y por favor, baja los pies de la mesa que se te ven los calzoncillos y no es agradable.

    -Perdón, perdón. Pero, por el amor de Dios…Virgen Santísima, qué queréis que os digamos. Qué queréis que hagamos…Nos…no sabemos…Estas cosas…Nos no estamos preparados para afrontarlas…Que sea la intervención divina la que solvente como en otras ocasiones.

    -La intervención divina tiene poco que decir ya en este conflicto, Santísima, contesta el presidente americano. Me temo que somos nosotros quienes tenemos que solucionar el problema definitivamente.

    -Bien, y ¿qué propones? Pregunta el presidente chino.

    -Propongo… eliminarlos.

    El silencio absoluto que se hizo en la habitación se vio rápidamente interrumpido por la tos incontrolada que a Santísima le entró después de que el humo del puro se le fuera por otro lado al oír aquellas palabras. El presidente chino se afanaba en recuperar al Papa con toda suerte de palmadas en la espalda, una de las cuales le hizo flexionar el tronco tan bruscamente que su frente acabó golpeando la mesa de centro.

    -¡Por Dios, qué salvaje! Parece mentira, con lo pequeño que eres, le espetó. Pero por el amor de Dios cómo vamos a matarlos…Es pecado… Es… Es… Es un crimen.

    -Es…250000m de € en valoración de empresa. Es unos beneficios netos anuales de 2000m de €. Es deshacernos de esos indeseables que solo dan problemas. Es un negocio que podría ser nuestro. Es…dinero…Nada personal. ¿Es cierto, Joe?

    -Así es, Presidente. Todo cuanto has dicho son números contrastados y eso teniendo en cuenta que están exentos de declaración fiscal. ¿Por qué dejar en manos ajenas un suculento pastel que puede ser nuestro? ¿Por qué no seguir como hasta ahora, pero siendo nosotros no solo los que gestionan y tienen el control del negocio, sino los dueños del mismo? Los números no engañan; son los que son. Y nuestros analistas son tajantes: los Reyes Magos y Papá Noel tienen más valor muertos que vivos. Más valor para nosotros, claro. Y sonríe junto al presidente americano.

    -Todo esto me parece muy interesante, dice el presidente chino, pero creo que se nos escapa un pequeño detalle: No pueden morir.

    -¡Aja!, eso es cierto, apuntó el Papa. Así que creo que debemos dar definitivamente el tema por zanjado. Disfrutemos de la compañía y una buena comida y volvamos a nuestros quehaceres cuanto antes.

    -Oh, queridos amigos, me temo que estáis equivocados. Pocos quehaceres más importantes y urgentes para nuestro futuro que el que tratamos en estos momentos, Santidad, y pocas oportunidades como la que se nos presenta para hacernos con un suculento bocado, apuntó el presidente norteamericano. Llevamos años tras ellos, estudiando sus movimientos, analizando cada uno de sus gestos, de sus palabras, de sus acciones, diseccionando cada una de sus intervenciones, cada uno de sus actos.

    -¡Joder, cómo sois los americanos! Es que no dejáis vivir tranquilo a nadie, interrumpió el presidente chino.

    -El pueblo americano nos pide, nos exige que velemos por él y en su nombre actuamos. Y Haré cuanto esté en mi mano para que eso sea así.

    -Amén, sentenció el Papa.

    -Como iba diciendo, llevamos años tras su pista y hemos llegado a la conclusión de que su vida útil está llegando a su fin. Sus poderes se están reduciendo al ritmo que lo hace su innata generosidad y crece su egoísmo y zafiedad. Caducan, amigos. No hay duda. Repito, no hay ninguna duda. Sus días de inmortalidad han terminado. Podemos acabar con ellos, aunque por supuesto no son conscientes de esta circunstancia. Nuestros observadores tienen decenas de miles de horas grabadas de sus andanzas. El deterioro de sus virtudes es cada día más evidente y su comportamiento no muestra más que un corazón negro que no reconoce la ética y la moral más allá de su único día de trabajo. Son como los juguetes que reparten: un bien de consumo prescindible, puro deshecho sentimental para un público que no tiene por qué saber nada. ¡Por el amor de Dios! Si se creen la chispa de la vida. Si han asumido el eslogan de uno de sus patrocinadores como propio. La chispa de la vida; qué disparate. Ya no tienen ninguna chispa. Ya no tienen nada que ofrecer que no podamos ofrecer nosotros. Y lo mejor de todo: en esta transformación, en su progresivo e imparable deterioro moral y físico han perdido su condición de inmortales. Ya no lo son. ¿No es así, Joe? Joe, confirma con la mirada. El momento es ahora. Un comando de Marines de las fuerzas especiales se mantiene a la espera de la orden. Los últimos informes dicen que estaban decididos a matar a Santa después de una entrada brutal del iracundo Gaspar. Una llamada es todo cuanto necesitan. Propongo que no sean ellos sino nosotros quienes los liquidemos, a todos, repartir a partes iguales el negocio y sustituirles por asalariados que asuman su papel en las apariciones públicas importantes. Ya hemos hecho una preselección y os sorprendería el asombroso parecido. Pajes y elfos se encargarán del resto. Nadie, absolutamente nadie, notará la diferencia. Nadie.

    -“No me prives de lo que es mío. Éste puede bajar a lo profundo, entre mis condenados, por haber aconsejado el fraude, desde entonces lo tengo cogido por los cabellos. No es posible absolver al que no se arrepiente”, dice el presidente chino.

    -Exactamente, mí querido amigo, contesta el presidente americano. Han ido demasiado lejos. No hay absolución para el que no muestra arrepentimiento. Vaya, observo que también en china leéis a Dante Alighieri.

    -¿Acaso es norteamericano? Siempre hemos pensado en mi país que era italiano, le responde irónico el presidente chino.

    El Papa, se levanta del sofá no sin trabajo. Camina por la habitación con lentitud.

    -Puede que tengáis razón, pero es que…es que…llevan tantos años entre nosotros, trabajando hombro con hombro en la empresa común de la Fe, de la esperanza, de la ilusión. Santa Klaus, no es lo mismo; podéis hacer con él lo que queráis, pero los Reyes Magos… ¡Los Reyes Magos están con nosotros desde hace dos milenios! ¡Trabajan con nosotros! ¡Fueron los primeros en visitar al niño Dios nacido! ¡Le regalaron oro…!

    -Incienso y mirra. Sí, sí, ya lo sabemos todos, le interrumpe el presidente americano. No seas nostálgico. No seas melodramático. Piensa en lo que acabas de decir: ooorooo.

    -El dinero no lo es todo, dice el Papa, y continúa ¿Y cómo dices que sería el reparto?

    -Hemos pensado que un tercio para cada uno sería lo justo, contesta el presidente americano. El pueblo americano no se merece menos.

    -Todas sus empresas radican en china, interviene el presidente chino. Somos nosotros quienes en mayor medida contribuimos al desarrollo de las mismas. Entendemos  por esa razón que un porcentaje del 50% sería lo más adecuado y un 25% para cada uno de vosotros.

    -Cada uno en su casa y Dios en la de todos, se apresura a decir el Papa. Por la misma razón Nos creemos que dado que la presencia del Altísimo es omnímoda y que por tanto nuestra vigilancia y cuidados por la salud espiritual de todos es universal, deberíamos obtener una participación mayor en los beneficios.

    -Veo que ya te has recuperado de tu acceso de nostalgia, Santísima, apunta el presidente americano. Por favor, no seamos avariciosos. Creo que un reparto equitativo es lo más justo. Tenemos en nuestras manos uno de los mayores negocios del planeta. Hemos encontrado la cueva de Alí Babá y dentro un pozo de riquezas inabarcable. Tan solo tenemos que decir las palabras mágicas y entrar. ¿Qué decidís, entramos?

    Los tres se miraron durante unos segundos eternos.

    -Entremos, dijo el chino, sonriendo.

    -Entremos a la cueva, dijo el Papa santiguándose.

    -Creo que este es el inicio de una prospera sociedad, caballeros.

     El presidente americano miro al director de la CIA.

    -¿Joe?

     Joe llamó al servicio y prepararon todo con suma rapidez. Entraron un televisor, lo conectaron, un cuenco con palomitas y cervezas. Descolgó el teléfono y dijo:

    -A la señal luz verde. Repito, luz verde. Inicio de la cuenta atrás de la Operación Merry Christmas.

     

    Sentado entre los dos presidentes en el amplio Chester frente al televisor, el Papa no paraba de moverse. Se le habían subido las faldas al acomodarse y las piernas se le pegaban al cuero del sofá.

    -¿Puedes dejar de moverte Santidad? Le recriminó el presidente chino. No entiendo como a estas alturas no habéis actualizado aún el vestuario.

    -Disculpad, pero Nos no soportamos que se nos peguen los muslos a la piel del tresillo. Estos modelos clásicos nos encantan, pero son un incordio para las piernas desnudas. Bueno, ya está, continuó después de arreglarse la ropa. Se frotaba las manos y sonreía, le encantaban los momentos previos a las películas. Visiblemente entusiasmado, continuó. Por favor ¿nos alcanzas la mantita? Adoramos las noches de tele y cine bajo la tibia y maternal protección de la lana. El presidente americano, que la tenía junto a él, se la dio.

    -Y por favor, deja de hablar así, no estamos en el balcón del Vaticano, le sugirió.

    -Disculpad, es la emoción que me hace olvidar dónde estamos. El oficio pesa. Definitivamente, ¿qué va a ser, asalto y detención o asalto y muerte?

    Los dos presidentes se miraron; no contestaron. El chino le puso el enorme cuenco de palomitas sobre las piernas.

    -Toma, te ha tocado, que estás en el medio.

    -¿Alguien quiere una cerveza? Preguntó el americano. Son de abadía, Santidad, especialmente embotelladas para la Casa Blanca en las frías bodegas de un monasterio Flamenco.

    -Por favor, qué pregunta. El espectáculo no es lo mismo con la garganta seca. Y hablando de espectáculo ¿Cuándo empieza?

    Se miraron y miraron a Joe y éste a su presidente.

    -Cuando quieras Joe. Luz verde, dijo.

    Joe descolgó el teléfono.

    -Luz verde. Repito, luz verde.

     

    Sentados a oscuras, un haz de luz verdosa y pálida iluminaba los rostros de los presentes rendidos al embrujo de las imágenes que el televisor vertía. Un silencio absoluto y morboso inundaba la habitación tan apenas perturbado por la mano de quien escarbaba en el bol de las palomitas, como un pequeño insecto en busca de alimento, y por el sonido intermitente de una emisión deficiente. El aparato exhalaba un aliento de imágenes verdes, de escasas calidad, pero cargadas de un realismo sucio y brutal que subyugaba. Apuntando con fusiles de  asalto que sujetan a la altura de la cara, un grupo de atléticos militares flanquean la puerta de una casa pegados contra su pared de piedra. Llevan cascos con cámara integrada que graban y retransmiten en directo cuanto ven; de hecho lo que se ve y se oye a través del televisor son las imágenes de lo  que está viendo uno de ellos y su respiración. Junto a la puerta, el que parece el jefe de la operación, mantiene el puño en alto. Con la otra mano señala a algunos hombres y el lugar donde deben situarse. Mirando directamente al cámara le indica a él y a otro militar que se sitúen delante de la puerta. Llevan un pesado artefacto que utilizarán como ariete. Una larga espera se produce mientras el oficial va sacando uno a uno los dedos del puño que tiene en alto. Los soldados, ligeramente flexionados, como gatos a punto de saltar, están preparados para el asalto y tensos. Cuando la mano del oficial esta completamente abierta, su cara se descompone en un grito ¡Ahora! Y comienza una  incomprensible coreografía de voces y ágiles movimientos. El golpe seco del ariete tira la puerta abajo y la imagen verdosa y desenfocada de un gordo levantando un enorme cuchillo sobre una persona tirada en el suelo llena por completo la pantalla. Otros hombres corren desorientados y algunos de ellos caen bajo un océano infinito de disparos y de gritos. Tan solo la voz clara y rotunda del oficial al mando logra entenderse en medio del caos mientras dispara enloquecido:

    -¡Feliz navidad, cabrones. Feliz navidad!      

     

            

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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