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Comer sin Milongas
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Blog Comer sin Milongas - Rafael Viguer

Rafael Viguer

Editor de comersinmilongas.com

Sobre este blog de Gastronomia

Además de anotar experiencias en barras y restaurantes, especulo acerca de las "milongas" que se cuentan en el mundillo gastronómico valenciano.


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  • 19
    Junio
    2012

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    La milonga de presentarse con la botella de vino

    Es lo que casi todos hacemos cuando unos amigos nos invitan a cenar a su casa. Aparentemente no es más que un detalle. Y sin embargo, el acto tiene para las distintas partes, más alcance de lo que inicialmente cabría esperar.

    Partimos del supuesto de que la comida o la cena está mínimamente currada.
     
          
     
     
    1- Si te presentas con un vino mediocre (digamos alguno elegido en el supermercado), darás la nota del tío-tía cutre. Alguien lo dejará en el banco de la cocina y allí se quedará hasta que se acaben las demás botellas. Mi consejo es que para éso, mejor lleves pasteles, o helado, o cualquier otra cosa.
     
    2- Si te presentas con algo especial (digamos un descubrimiento muy particular del que te sientes satisfecho pero que es totalmente desconocido para la mayoría), corres el peligro de frustrarte. Puedes pasarte toda la noche dando la paliza diciendo que has traído una botellita que es la hostia. Te dicen que muy bien, pero cuando se acaba la anterior, siempre hay una opción mejor que la tuya para descorchar. Mi consejo es que lleves helado, pasteles, o lo que se te ocurra.
     
    3- Si te gastas una pasta en una botella de vino, que además todo el mundo reconozca, vas a quedar como un señor. Lo malo es que por buena que esté la comida a ti te va a saber a poco. Piensas, coño, este vinazo para una comida tan normalucha. Mejor no te gastes tanto.
     
    4- Si tú eres el anfitrión y alguien te trae algún vino inesperado, piensas; "si no abro la botella que ha traído Pablito, igual se mosquea, pero si la abro, me jode el maridaje."
     
    5- Si tú eres el anfitrión y se presente un colega dando la paliza con el descubrimiento de un vino que no conoce ni su madre, ábrelo aunque solo sea por no oírle. Aunque si alguien ha traído algún valor seguro, es mejor dejar la joya desconocida para un poco más tarde.
     
    6- Cuando ya no quede más vino, y alguien quiera una copita más, acuérdate de la birria que has dejado en el banco de la cocina. De la botella y del que la ha traído, y pregúntate por qué al menos no la habrá hecho acompañar de pasteles, helado o cualquier otra cosa.
     
    Conclusiones.
     
    Si eres el anfitrión y la gente te pregunta: ¿quieres que lleve algo?No respondas: lo que tú quieras, o no hace falta. Sabes que digas lo que digas traerán algún detalle. Haz que ese detalle resulte de utilidad para la cena.
     
    Si eres el invitado, y con toda tu buena voluntad te aventuras a llevar un vino inesperado, no te mosquees mucho si se queda sin abrir. Y evita como sea la tentación de llevártelo, eso se recordaría de por vida.

     

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