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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Valencia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 24
    Julio
    2011

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    COCINA Y SEXO MEDIEVAL


     

     

    Me gustan los tipos echaos “pa lante”:”necesito un local donde puedan trabajar tres Cocineros Principales, veinte Cocineros, treinta Oficiales de Cocina, veinte mozos y cincuenta galopillos”. Si señor, eso es un Gran Cocinero del siglo XV.

    En El Banquete, de Orazio Bagnasco, de igual manera que en algunas novelas históricas, como en el caso de la del cartagenero Obdulio López y su “El enviado del rey”, la necesidad de “ser históricas” las hace excesivamente recargadas de datos que pueden parecer hasta innecesarios. Mostrar toda la capacidad de nuestras búsquedas y conocimientos sobre una época puede volverse contra el propio escritor, que esgrime telones y telones innecesarios, para que muy al final, la escena tenga un verdadero interés de ser seguida. Como diría el refrán: “mucho ruido y pocas nueces”.

     Aquí la diversión consiste en disfrutar con el tapiz donde la cocina de siglo XV se ve expuesta. Debo ser un voyer histórico que le gusta asomarse, en algunas ocasiones, a novelas donde hay listados de platos o hechos culinarios, por el mero hecho de comprobar como eran los tiempos, y los que estos han cambiado las costumbres de alimentación de las civilizaciones humanas.

    Con la excusa de la celebración de una boda en Gian Galeazzo Sforza e Isabel de Aragón, la comitiva de boda parte de Milan para llegarse hasta Nápoles. Eso servirá de excusa para ir contado vida y señales de diversos personajes de distinta catadura. Señoras de infinita belleza que gustan jugar, y jóvenes “que regalaban un sueldo turinés” por tener compañía del mismo sexo.

    Demasiadas descripciones que hacen largo, y hasta cansino, el acontecer de una novelita, que no llega a tener los brillantes momentos de los que Umberto Eco nos mostró en “El nombre de la Rosa” ,o centrado en intrigas, las novelas medievales  de Ellis Peters y su personaje Fray Cadfael.

    ¿Tiene sentido hablar de una novela que en pocos momentos de sus interminables páginas me ha despertado una  atención mínima? Pues debo de irme en hacia un tiempo lejano, cuando en el instituto Alfonso X, el catedrático de literatura, señor González Palencia, nos hizo una reflexión que me ha venido muy bien cuando me encuentro con éste tipo de obras, que por muy Betseller que quieran ser, no arrancan la fagocitidad del lector: “Deben ustedes de aprender de todas las obras, incluso de aquellas que no les gustan o que consideren que no entran dentro de sus gustos”.

    Y qué razón tenía éste buen hombre. Porque por mucha comida que salga en éste libro, por mucha investigación que haya dentro de sus páginas, por muchas noticias y hechos culinario puedan ofrecer estas 429 páginas, en ningún momento contiene la magia que uno le pide a lo desconocido y querido, porque si desconocido son para mí las épocas del medievo culinario e histórico, y queridas todas las cosas relacionadas con el país transalpino, lo que aprendo es que ocupar líneas y líneas para alargar las situaciones, hacen que la atracción que puede despertar la novela se convierta en un sufrimiento innecesario.

    Para lo que sí me parece interesante la obra sería para recopila platos que elaborar con calma en una cocina bien preparada: “cuencos de cuscús con pichones rellenos cocidos en agua de rosas, azúcar y canela y un jamón hervido en vino, servido con pasas, azúcar y zumo de naranjas agrias”.

     

     

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