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Blog De Grastronomía - Antonio Jesús  Gras

Antonio Jesús Gras

Cocinero y profesor de cocina. Antiguo pirata, con deseos de encontrar tiempo suficiente para poder escribir y leer todo lo que quisiera. Veneciano de adopción. Canario de orígen. Sueña con retirarse en la isla de El Hierro.

Sobre este blog de Valencia

Noticias, recetas, libros, acontecimientos, catas varias, vinos, comentarios personales sobre el bien y el mal de algunos aspectos de la gastronomía que me preocupan. Siempre desde un óptica muy mía. Sin pelos en la lengua.


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  • 11
    Julio
    2011

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    Jean Claude Izzo, Bullabesas y Pastís

     

     

     

    Izzo, periodista, poeta, novelista, escribió tres novelas negras (Total Khéops, Chourmo y Soleá) que me fascinaron tanto que no quería ir finalizándolas por no comenzar las siguientes y llegar al final de la trilogía marsellesa. Fabio Motalbano es el policía y finalmente expolicía marsellés que habita como personaje central sus página, y con él podremos recorrer bares de barrio, cenas caseras, productos de calle, y enamorarnos de lo que significa Marsella, de los cantos Hiphoperos de Ils, de los platos de bullabesa, de los salmonetes fritos, de las versiones de focacha,  de la cocina multifusionadora de su vecina Honorine o de los deliciosos vinos de Banyuls.

    Marsella, como gran bastión de un mediterráneo que cocina para el disfrute, y en muchos casos, para cocineros y comensales, es utilizado como método de olvido y de aligerar tristezas, muestra su esqueleto más terrorífico, donde habitan mafias, políticos corruptos, asesinatos sin resolver, mareas de racismo que hacen de uno de los bastiones del Frente Nacional una de las zonas con mayor contraste social.

    Quien ama su tierra, sea cual sea ésta y sin necesidad de exotismos superfluos y turísticos, es capaz de ofrecer verdades y realidades que aunque visibles, pueden parecer escondidas y misteriosas.

    Mantalbano ama  pescar en soledad nocturna desde su barcaza por las islas cercanas al puerto, habita el olvido de un pasado con sombras de muertes queridas y alejamientos irremediables, y se refugia en los sabores solares de lo cotidiano donde las verduras de la tierra son mojadas por aceites de oliva y cocinadas en brasas o satenes que se resabian en dar sabor.

    No hay un atisbo de sofisticación en la cocina que degusta y practica Montalbano. Solo hay clasicidad. Solo hay tiempo. El tiempo de una ciudad que sin ser bella estéticamente es capaz de ofrecer la belleza de la vida, o la dureza de la vida, o la realidad de la vida. Todos los sinónimos que queramos para ser degustados sobre las barras, sobre las mesas. Acompañados de vasos de pastís o de vinos de la zona. Vinos con uvas que expresan la mediterraneidad. Aromas de sotobosque, cercanía del mar.

    Marsella es un compendio de la barbarie que se acepta como método para vivir con la identidad de uno mismo.

    Izzo es un maestro de lo veloz. Y pese a ello tiene el talento de ir sabiendo dosificar donde se sitúan los personajes. Como en la vida misma, aquí no valen los términos medios: una cosa está buena o mala, es recordable para siempre o es olvidable, pasa a nuestra mitología personal o cae en el lago de unos cisnes patéticos y patizambos.

    Así es la mediterraneidad. O se toma o se deja. Porque jugar a medias tintas, jugar a una cocina a ratos mediterránea a ratos imperialista y fusionadota es acabar construyendo encima de la ciudad medieval, o romana, un centro comercial para enriquecimiento de unos pocos, creencia de salvación de una mayoría y adocenamiento social para una multitud.

    Al final, en la trilogía, sucede lo que sucede en la vida, que continua. Se seguirán haciendo bullabesas, tomando en las  barras pastís, y los amores serán felices brevemente. A eso se llama pasión mediterránea.

     

     

     

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