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patricio sim贸 gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opini贸n sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una 贸ptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguir茅 intent谩ndolo.


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  • 22
    Noviembre
    2014

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    Caza y negocios: el binomio perfecto

    Últimamente están apareciendo en los medios de comunicación fotografías de políticos imputados en casos de corrupción participando en cacerías.

    Flaco favor a una actividad como la cinegética, que ya de por sí goza de muy mala prensa.

    A los Bárcenas, Blesa o Granados se suman estos días varios de los detenidos en la operación 'púnica' y que este periódico ha difundido.

    El mundo de la caza y de los negocios están muy interrelacionados, actuando muchas veces como vasos comunicantes.  Hay gente que acude a las cacerías y lo que menos les importa es la cacería en sí. Allí se cuecen negocios al más alto nivel.

    Las cacerías, pero, sobre todo, las monterías son lugares frecuentados, normalmente, por gente de un alto  poder adquisitivo, provenientes en su mayoría del mundo de los negocios. Y no son precisamente baratas.

    Abatir un buen trofeo puede superar los 6.000 euros para un medalla de oro, 3.000 € si se trata de un jabalí.

    No digamos ya, si queremos irnos de safari a África. Entonces, los precios se multiplican por diez. Matar un león, un elefante o uno de los cinco grandes, te puede salir por un ojo de la cara, algo menos, si te conformas con disparar a los impalas o a los facocheros.

    A no ser que ostentes un cargo público. Si es así, te puede salir mucho más barato todo, incluso, gratis. Pero todo tiene un precio, claro.

    Contratas, sobres en B o recalificaciones, que reportan pingües beneficios a promotores y constructores a cambio de un buen ejemplar de muflón o de un venado de dieciséis puntas.

    Sin embargo, y, afortunadamente, no todo el mundo que acude a las cacerías lo hace para participar en espurios negocios sino que lo hace por el aliciente de participar en una jornada cinegética, bien sea tirando a las perdices, a los torcaces o abatiendo un buen macareno. Siempre de manera lícita y legal. Aunque de esto en los últimos días se hable muy poco.

     

     

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