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patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

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No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


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  • 29
    Octubre
    2015

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    Nacional Valencia

    Detrás de las patirrojas por tierras manchegas

    Magnífica jornada de caza en el  coto La Patirroja en el Bonillo, en compañía de mis dos buenos amigos y compañeros de fatiga: Pepe Sala y Pepe Tortosa.

    Durante el viaje cogimos algo de lluvia por el camino, sobre todo, a la altura de Barrax y Munera, pero luego amainó y comenzó a despejarse, conforme nos acercábamos a El Bonillo.

    Pasadas las 10 de la mañana llegábamos al coto. Allí nos esperaba el dueño de la finca, Kiko para hacernos los pases y César, el guía y acompañante.

    Salimos de la casa sobre las 11 en dirección a la mancha que nos habían asignado. El día era especial para cazar la perdiz. Nublado, pero sin lluvia y con algo de viento. El calor arruina un buen día de perdiz.

    No hay nada como empezar con buen pie, abatiendo la primera pieza de la mañana y así fue. Si yerras el primer disparo, seguro que encadenas un par más de errores, a no ser que te sobrepongas pronto al primero.

    Tortosa que no le apetecía mucho caminar iba por bajo. Sala a mi derecha por arriba. En la punta y cerrando la mano, César.

    La perra de Tortosa que anduvo muy larga toda la mañana, levantaba los bandos de perdices, fuera del alcance de los disparos, desaprovechando muchos lances.

    Sin embargo, mostró muy buenas maneras en el cobro, cobrándome un par de perdices de ala.

    La finca La Patirroja ubicada en pleno corazón de Castilla- La Mancha tiene cerca de 10.00 hectáreas y criadero de perdices propio. La perdiz es de una excelente calidad. Cazamos en una zona de carrascas y retamas, con barrancos y monte bajo, muy cómodo de cazar. En otras zonas del acotado abundan  encinas, sabinas, enebros y quejigos.  La orografía del terreno es propicia para la caza en mano. También para los ojeos.

    Aunque es una perdiz que apeona mucho, suelen hacerlo cuando se ven acosadas, dio mucho juego en los diferentes lances, mostrándose esquiva y desconfiada, guardando las distancias.

    A mí me acompañó Duba que es la tercera vez que sale a cazar y como todos los labradores no se dejó ninguna pieza por cobrar. Son, además. muy recelosos con la caza. No les gusta que otros perros cobren por ellos ni les arrebaten la caza. Demostró su carácter.

    A las dos del mediodía poníamos punto final a una pletórica y entrañable jornada de caza con muy buenas perchas.

     

     

     

     

     

     

     

     

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