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patricio sim贸 gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opini贸n sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una 贸ptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguir茅 intent谩ndolo.


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  • 23
    Abril
    2016

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    Nacional Valencia

    Duba

    Ayer miércoles un fatal accidente acabó con la vida de mi perrita Duba, una preciosa labradora color chocolate, que el próximo mes de julio iba a cumplir dos años.

    Duba era una perra juguetona, inquieta, obediente, social, cariñosa y, sobre todo, una perra muy alegre. Una alegría que nos contagiaba a todos.  Aunque hubiéramos pasado un mal día, ella sabía cómo hacer para arrancarnos una sonrisa. Siempre correteando de aquí para allá. Le gustaba que le lanzaras palos o piñas , mordisquear el agua que salía a chorros de la manguera.

    Al principio de llevármela a cazar venía detrás de mí, pero poco a poco fue cogiendo afición y ya era una perra muy experimentada para la corta edad que tenía. No había perdiz alicortada que se le resistiese. Uno de los últimos viajes que hice con ella me cobró 3 perdices de ala.

    Duba la conseguí gracias a Rosendo, el guarda de caza de la Finca Torre Maiquez, en Pozo Cañada. Mi amigo Pepe Sala había estado cazando allí y había visto la media docena de labradores que cazan a las órdenes de Rosendo en ojeo y al saltoy me habló maravilla de ellos. Hablé con él y a los pocos meses me la trajo, junto a dos hermanas suyas.

     Duba

    Cuando llegaba a casa siempre era una sorpresa. No había día que no estuviera en la puerta esperándome. Oía el coche o el tractor de lejos y era la primera en venir a saludarme.  Moviendo el rabo o desperezándose en señal de bienvenida. Era muy glotona. Había que tener cuidado en dejar las puertas cerradas porque al menor descuido te dejaba sin pan o lo que pillara encima de la mesa.

    Hay que ver cómo te puede cambiar la vida en cuestión de  minutos o de segundos. Ese día estábamos mi mujer y yo viendo como estaban replantando unas faltas en un campo de viña que tengo pegado a la finca. Dejé a los perros atados, pero Duba solía quitarse el collar con mucha habilidad. No le gustaba estar atada. Dolo y yo cruzamos la carretera para charlar un rato con la cuadrilla y hacer unas cuantas fotografías. Duba debió oírnos y trató de cruzar la carretera, sin percatarse del peligro. La mala suerte quiso que una furgoneta pasara por allí en ese momento y la arrollara.

    Me siento en cierto modo culpable de lo ocurrido. Quizá sin en lugar de atarla, a sabiendas de que podía soltarse,  la hubiera metido en la perrera junto con el resto de los perros o la hubiera guardado en el patio, esto no hubiera sucedido.

    En los casi dos años que he podido disfrutar de su compañía y de su cariño, solo tengo palabras de agradecimiento. Te voy a echar mucho de menos pequeña.

     De este modo tan certero descríbía mi mujer Dolores a Duba:

    "Una explosión contagiosa de vitalidad, coletazos alocados meneando con gracia y desparpajo la cadera, saltos y rápidas carreras , labridos juguetones, palos convertidos en palillos, asaltos a la despensa a hurtadillas, lametazos inesperados, baños infinitos con su segura sacudida, mojandonos a todos y arracandonos, como siempre, una carcajada y un... ¡Duubaa!.. cómo te echamos de menos, pequeña".

     

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