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patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


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  • 31
    Octubre
    2014

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    En la agricultura hay que tratar de ser pragmáticos y no vivir del romanticismo, que no da para come

     

     

    Un amigo mío, enólogo y bodeguero,  ha colgado en el facebook una fotografía de un campo de viña de las variedades malvasía y verdil que ha sido arrancado, seguramente para plantar en él otras variedades o sencillamente para dejarlo yermo porque tal y como está el patio sería lo más normal y clama al cielo porque se arranquen variedades autóctonas , culpabilizando a las ayudas europeas, que, al parecer, y según su opinión, es la responsable de que los agricultores hayan optado por arrancar variedades autóctonas como la forcallat o la monastrell o las antes mencionadas para plantar variedades francesas como la pinot noir, la syrah o el cabernet sauvignon.

    Por alusiones me gustaría poder contestar porque yo he arrancado monastrell, muy a mi pesar he de decirlo para transformar mis campos, que antes estaban plantados en vaso para reconvertirlos en espaldera y tratar de rentabilizarlos al máximo, que no siempre se consigue. Y esto ha sido posible gracias a las ayudas europeas. Y como yo otros cientos de agricultores que se han acogido a los planes de reestructuración que han ido saliendo para hacer rentables sus explotaciones agrícolas.

    Si por mi fuera seguiría teniendo tempranillo, monastrell, garnacha o bonicaira, variedades todas ellas que había antes en la finca, pero resulta que yo no tengo una bodega donde poder elaborar estos vinos, sin duda, excelentes, y, por el contrario, he de llevarlos a la cooperativa, que es donde me pagan la uva.

    Y si resulta que la cooperativa, no ésta sino todas no quieren otras variedades, que no sean las francesas, el agricultor tiene que acoplarse a sus exigencias y a sus necesidades. Estamos hablando, además, de diferencias de precios muy altas. Para que ustedes se hagan una pequeña idea. Si la syrah se paga alrededor de 0,54 céntimos (90 de las antiguas pesetas), la monastrell, por ejemplo y es de las más cotizadas a 0,15 céntimos (25 pesetas) mientras que otras como la forcallat o la bonicaira llegará un momento en que no se vendimiarán por no encontrar comprador porque las leyes no las fijamos nosotros sino el mercado y para bien o para mal esto es así. Nos guste o no. Otra cosa es que nos apetezca hacer literatura con esto que, además, queda muy bien en las tertulias y entre los amigos y con una copa de vino en las manos mejor que mejor.

    Por eso, cuando leo a los románticos que hablan de las variedades autóctonas que se van perdiendo porque se arrancan y no por otra razón sino porque ya no son rentables y mucha gente que vive del campo no se lo puede permitir porque el romanticismo no da para comer.

    Y que conste, que aplaudo la iniciativa que han tenido algunos bodegueros de la zona de recuperar variedades que se creían ya extinguidas como la citada forcallat o la mandó y también la recuperación de antiguos métodos milenarios de crianza como son las tinajas de barro enterradas frente al uso habitual de las barricas de roble francés o americano.

    Hace algún tiempo me planteé arrendar los campos de viña, que ya había transformado de vaso a espaldera. Tenía entonces y sigo teniendo ahora Syrah, Cabernet y Tempranillo. Pues bien, el bodeguero en cuestión me arrendaba todos los campos menos el tempranillo. Cuando le dije que todo entraba en el mismo lote, me dijo que no le interesaba. Ya no era tan romántico.

    Soy consciente de que con el tiempo se volverá a las variedades tradicionales y autóctonas de cada zona y que esto sólo es pasajero.

    Si la gente está arrancando malvasía, verdil o monastrell para plantar cabernet franc o syrah; es obvio, que dentro de unos años se demandaran de nuevo estas variedades.

    En algunas cooperativas de hecho, ya hay exceso de uva de variedades francesas como la cabernet sauvignon, llegándose a plantear, incluso, quitarle las bonificaciones que tiene por variedad para equipararlas a otras.

    Pero aún así, siguen siendo más rentables para el agricultor.

     Por cierto, tengo intención de arrancar 4 hectáreas de tempranillo. Si alguno de ustedes está dispuesto a comprarme la uva al mismo precio que las variedades francesas, no tendré ningún inconveniente sino todo lo contrario en reconsiderar mi decisión. Igual, hasta me animo y planto.

     

     

     

     

     

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