Blog 
Desde la azotea
RSS - Blog de patricio simó gisbert

El autor

Blog Desde la azotea - patricio simó gisbert

patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


Archivo

  • 31
    Agosto
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Gallardón y los aforados

     

     

    Por fin, al señor Gallardón, cuya polémica reforma de Ley del aborto- todavía en el cajón - que de salir adelante, supondría un recorte en las libertades y en los derechos de las mujeres de este país, que nos retrotrae a la Edad Media. ha dicho algo sensato. Falta, eso sí,  que le apoye el Gobierno, que dicho sea de paso no está muy por la labor y habla de 'dificultades técnicas' para cambiar el sistema.

    Aunque son muchos los que se esfuerzan en explicar que el aforamiento no es un privilegio, sobre todo, los propios aforados; el resto piensa o pensamos que es un privilegio que hay que erradicar, sobre todo, en un momento en que tanto se habla de regeneración democrática.

    Me refiero a la propuesta del titular de Justicia de reducir el número de aforados, que actualmente se cifra en más de 17.000 personas, concretamente 17.621, según se ha hecho público estos días,  a sólo 22, que incluiría a los presidentes de las CCAA, al presidente del Congreso y el Senado y al presidente del Gobierno. Además, del presidente del Tribunal Supremo y del Constitucional y de la Casa Real. En total 22, que representan a los titulares de los poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial.

    Al no poderse hacer, como ha recalcado el Ministro de Justicia en una entrevista concedida al diario El País mediante una ley orgánica porque alguno de estos aforamientos están recogidos en la Constitución o en los Estatutos de Autonomía, salvo los que afectan a miembros de la judicatura, requiere una reforma de la Constitución.

    Y aquí hemos entrado en aguas pantanosas.

    El Gobierno se mantiene impertérrito en su postura de no reformar la Constitución, aunque hable de buscar acuerdos o consensos con las demás fuerzas políticas. Y ese acuerdo o ese consenso pasa necesariamente por una reforma de la Constitución que no sólo es posible sino deseable, siendo muchas las voces que se postulan a favor de esa reforma constitucional.

    La Constitución de 1978, aprobada mayoritariamente, no puede ser un conjunto de leyes inamovibles, porque la sociedad de entonces no se parece nada a la de hoy. Tampoco la realidad política es la misma.

    El consenso de entonces, que agrupó a formaciones ideológicas muy dispares desde el PCE hasta Alianza Popular o el PSOE no fue obstáculo para llegar a puntos de encuentro, en un momento muy complicado de la historia de España.

    Cuando se ha querido se ha hecho. Los dos grandes partidos de este país: PP y PSOE pactaron una reforma de la Constitución para limitar el techo de déficit público por exigencia de Bruselas y lo hicieron de la noche a la mañana, sin que mediara acuerdo con el resto de fuerzas políticas. La cuestión es que haya voluntad política para hacerlo. Y en estos momentos no la hay, al menos, en las filas populares que gozan de mayoría absoluta en el Parlamento.

    Pero, ¿ por qué si fue posible entonces alcanzar ese pacto no ha de serlo ahora?, más si cabe, cuando una mayoría aplastante de ciudadanos reclama una reforma de la Carta Magna, que incluya no sólo el tema de aforamientos sino reformas de mayor calado, como el modelo territorial, que es fuente de conflictos y de viejas reivindicaciones históricas.

     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook