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patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

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No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


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  • 05
    Agosto
    2014

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    Mejor campaña no pueden hacerle a Podemos

     

     

    Desde la izquierda y, por supuesto, desde la derecha se ha tratado de demonizar al líder de Podemos ,Pablo Iglesias, acusándolo de pro etarra, chavista, bolivariano, populista y hasta incluso marxista-leninista.

    Mientras el PP y el PSOE se enzarzan hablando de Podemos, en lugar de hablar de lo que toca, es decir, de los temas que preocupan a los ciudadanos y que según la encuesta del CIS son por este orden: corrupción, paro y economía, están consiguiendo que la formación de Pablo Iglesias suba como la espuma. De hecho, ya es la tercera fuerza política, a pocos puntos de diferencia del PSOE.

    Que el señor Pablo Iglesias se declare chavista, bolivariano o marxista -leninista es legítimo en un régimen democrático. Otra cosa es que nos guste o no. Yo, particularmente, no lo voy a votar nunca, pero me parece una opción muy respetable como otras muchas.

    Si Pablo Iglesias y su movimiento ciudadano Podemos ha pasado del anonimato más absoluto a cosechar más de un millón de votos y cinco eurodiputados debería hacer recapacitar a los dos grandes partidos  de este país el por qué la gente se ha decantado por un partido como Podemos y no limitarse a insultar al adversario, sin argumentos.

    En democracia todas las opciones políticas, que no recurran a la violencia para conseguir sus objetivos políticos son legítimas.  Y Podemos es un partido democrático con unos postulados ideológicos que lo sitúan en la izquierda radical, de ahí su apuesta clara  por las dictaduras cubana, bolivariana o venezolana, pero, absolutamente, legal como legal es  votar a España 2000 o a Falange Española y de las JONS y que ambos defiendan la dictadura franquista o la figura de Franco o de Jose Antonio Primo de Rivera.

    A nadie en su sano juicio se le ocurre pedir a un votante de España 2000 que reniegue de la figura de Franco. De la misma manera que es impensable pedirle a Pablo Iglesias que reniegue de sus referentes políticos, llámese Chávez o Fidel Castro. Si él cree y apuesta por esos sistemas autoritarios está en su legítimo derecho de defenderlos, como el que defiende otros.

    Pero yo creo, que al margen de lo que opine Pablo Iglesias sobre Evo Morales, Fidel Casto o el comandante Chávez, como él lo llama, hay un proyecto político muy meditado, con clara vocación de futuro y con una carga ideológica muy clara. Su participación en los programas de televisión, da igual la cadena de que se trate, sea la Sexta o 13 TV, no deja indiferente a nadie.

    Para él no hay siglas, lanza su mensaje y llega a la gente. Objeto cumplido. Impecable desde el punto de vista de la comunicación.

    La magistral campaña de publicidad y el uso de las redes sociales, principal soporte y herramienta de Podemos en las pasadas elecciones al Parlamento europeo debería estudiarse en todas las universidades españolas.

    Detrás de Podemos hay un grupo de personas muy jóvenes, el responsable de comunicación tendrá una veintena de años, muy preparada y con buena formación académica.

    Qué duda cabe que el descontento hacia la clase política en general, la crisis, el paro, los recortes, los escándalos de corrupción son el mejor caldo de cultivo para los partidos populistas como ha ocurrido con el Frente Nacional en Francia o aquí el fenómeno de  Podemos, que ha surgido en el momento oportuno porque quizás unos años atrás sería impensable hablar ahora del éxito de Podemos.

    La formación de Pablo Iglesias ha dado apoyo y cobertura legal a la gente que perdía sus pisos y eran desahuciados de sus viviendas por los bancos por no poder pagar su hipoteca. La dación en pago sigue sin resolverse. Su movimiento asambleario que recoge un poco la tesis del 15-M ha ido más allá de lo que fue aquel movimiento de los indignados, que durante semanas colapsó varias capitales de provincia. Su idea de una democracia más participativa, que rompa el binomio PP-PSOE ha ido ganando adeptos hasta el punto de que algunas encuestas de opinión le otorgan 52 diputados, si se celebraran ahora mismo unas elecciones generales. Su mensaje rupturista ha calado en un electorado, hastiado de la clase política, lo que ellos llaman 'la casta'.

    El ciudadano es libre de votar la candidatura que quiera. El espectro político español deja opciones para todos los gustos. Desde el partido animalista hasta otro de nombre muy sugerente como  Recortes Cero o el partido Cannabis para la legalización de la marihuana.

    Tanto el PP como el PSOE y también IU deberían hacer un poco de autocrítica y un examen de conciencia en profundidad y pensar en resolver los problemas de los ciudadanos, que para eso han sido elegidos.  El éxito de Podemos es el fracaso de los grandes partidos hegemónicos, que no han sabido administrar el poder que los ciudadanos les han otorgado desde la transición hasta hoy.

    El gran mérito de Podemos es que permanece impoluto porque todavía no ha tenido ninguna responsabilidad de gobierno. Veremos qué pasa cuando la tengan.

     

     

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