Blog 
Desde la azotea
RSS - Blog de patricio simó gisbert

El autor

Blog Desde la azotea - patricio simó gisbert

patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


Archivo

  • 01
    Abril
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Paduana

     

    Desde que se vendió Paduana por razones empresariales, primero, porque todavía seguíamos vinculados a los nuevos compradores porque una parte de la compraventa fue variable con un porcentaje sobre la cifra de facturación, y esto nos obligaba a hacer un seguimiento de la misma, pero también por cuestiones personales y sentimentales siempre he deseado que la empresa volviera a la posición de liderazgo que tuvo antaño. Por desgracia, los nuevos gestores tampoco fueron capaces de conseguirlo, pese a poner todo el empeño en ello.
    Nuevas colecciones en línea de ropa de hogar, sobre todo, sábanas con tejidos de lino y algodón egipcio y diseños lanceros no tuvieron la acogida esperada por parte del público. Tampoco la línea de tapicería y decoración encontró su hueco en el mercado, copado como estaba por la dura competencia.
    Para mí, Paduana ha sido mucho más que una empresa o una marca de renombre. Recuerdo cuando era pequeño recorrer en bicicleta todas sus instalaciones y recovecos cuando el portero hacia la 'ronda'. Bajaba a toda pastilla por la rampa. Estaba la sección de hilatura, perchas, despinzados, confección. También contaba con un taller mecánico que solía escudriñar de vez en cuando. Al ser una empresa de más de 100 empleados disponía de clínica propia, pero no rolls de contrabando como dice la canción.
    Guardo un gratísimo recuerdo de muchas de las personas que trabajaron allí, sobre todo, de muchos de los trabajadores que sentían la empresa como propia. No daré nombres para no dejarme ninguno en el tintero, pero son muchos.
    Quiero aprovechar estas líneas para agradecerles la dedicación, el tiempo y el entusiasmo que siempre pusieron, anteponiendo muchas veces los intereses de la empresa a los suyos personales.
    La competencia asiática, los edredones, los nórdicos, la globalización que nos pilló con el pie cambiado, el cambio generacional y también por qué no decirlo errores que cometimos quienes teníamos alguna responsabilidad en la gestión y hablo a título personal como accionista y como miembro del consejo de administración, que no supimos hacer mejor las cosas. Por ejemplo, acometiendo políticas de inversión más ambiciosas en I+D, mejorando la productividad y reduciendo nuestros costes o remodelando al equipo directivo muchos próximos a la edad de jubilación.
    Yo tuve la fortuna de trabajar en esta empresa familiar, gracias a dos personas. Una de ellas fue mi tío José Simó y la otra fue mi padre. A ambos les estoy muy agradecido por la confianza que depositaron en mí.
    Entré a trabajar en el año 96, en la línea de ropa de cama como agente comercial. Viajaba por media España y rara era la tienda que no te abría sus puertas al decir que representabas a mantas Paduana. Luego tenías que convencer al cliente para que te comprara, pero de momento la entrada ya la tenías garantizada. Eso, ya representaba el 50% de la venta. El otro 50% restante dependía de ti y del muestrario que llevaras.
    Después de cada viaje entregaba al responsable comercial de aquel momento un informe, lo más detallado posible, de cómo habían ido las ventas y donde hacía constar también las incidencias, así como, cualquier propuesta o sugerencia que me hicieran los clientes sobre el muestrario en cuestión. Sugerencias y propuestas, que luego se debatían en reuniones de trabajo posteriores y que, obviamente, unas se tomaban en consideración y otras se descartaban.
    Paduana ha tenido muy buenos directores comerciales, y un buen equipo directivo, con Ricardo Cardona a la cabeza como director general, pero recuerdo especialmente a uno con el que no tuve la suerte de trabajar porque lo fichó la competencia y con el que he coincidido alguna vez porque ambos somos accionistas de la misma bodega Marqués de Cáceres. Me refiero a Antonio Peiró.
    Por desgracia, muchas empresas textiles como Paduana han corrido la misma suerte. Sólo un par de ellas se mantiene a flote.
    Durante años, el negocio de Ontinyent ha girado en torno a las empresas textiles. El motor de la economía ontinyentina y de muchas familias ha sido el textil. Cuando como consecuencia de la crisis económica, las empresas empiezan a presentar concursos de acreedores, en el mejor de los casos, o a presentar expedientes de liquidación, la inmensa mayoría, ya es tarde para dar un giro copernicano y orientar las industrias hacia otros sectores más productivos y con mayor proyección internacional.
    Es un poco, lo que le ha pasado a la economía española al depender, fundamentalmente, casi de un sector como ha sido la construcción. Cuando este se ha ido a pique ha arrastrado a todo lo demás. Y es lo que puede seguir pasando ahora, si sólo se apuesta por el turismo.
    Ontinyent es un claro ejemplo de la debacle textil como otrora lo fue Alcoy. Pero poco a poco va levantando cabeza gracias al pundonor de sus gentes.
     
     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook