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patricio simó gisbert

Aprendiz de mucho, maestro de nada.

Sobre este blog de Nacional

No pretendo en absoluto sentar dogma de nada sino sencillamente dar mi opinión sobre lo que va ocurriendo en el mundo, desde una óptica muy personal y a ser posible amena. Si lo consigo: estupendo; si no, seguiré intentándolo.


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  • 23
    Marzo
    2014

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    Tomemos consciencia

     

     
    Ahora que la siembra no levanta un palmo del suelo y está empezando a brotar, a pesar de la sequía y las perdices están emparejándose es el mejor momento para poder verlas y saber más o menos, si la puesta va bien y la primavera acompaña, la densidad de perdices que tendremos en nuestros cotos.
    Yo que he estado está semana labrando la viña y dentro de la zona de reserva no he visto ni una sola patirroja. Sólo he podido ver una liebre pequeña dentro de la espaldera, que arrancó al pasar cerca de la cama donde se encontraba echada.
    Las razones de que no haya perdices son innumerables y viene a confirmar un estudio reciente que alertaba de que varias especies de caza menor entre ellas la perdiz, pero también la codorniz o la tórtola están o podrían estar en poco tiempo en peligro de extinción. Así de crudo como lo oyen.
    Los hay qué abogan por prohibir la caza, lo cual, no resolvería en modo alguno el problema, al menos desde mi punto de vista, postura que defienden los grupos ecologistas, pero desde luego, sí que hay que tomar medidas para que la perdiz vuelva a poblar nuestros montes y campos como antaño.
    Para que esto ocurra es necesaria una buena gestión cinegética. De lo que hagamos nueve meses antes de que se abra la veda va a depender, que luego podamos disparar a las patirrojas o no.
    En primer lugar, el control de las alimañas es fundamental. Donde abundan zorros, urracas o jabalíes es muy difícil por no decir imposible que haya caza. Hay medios legales y permisos especiales para su captura.
    Otro aspecto importante a considerar son los productos fitosanitarios que echamos en el campo para combatir plagas como el mildiu, la negrilla en viñedos o frutales. Debemos ser muy respetuosos con el medio ambiente y ser conscientes de que lo que tiramos al campo no es nocivo.
    En este sentido, la lista de productos prohibidos es muy amplia.
    Una buena gestión cinegética consiste en poner comederos en todo el coto. Hay quien, sin embargo, es reacio a colocar bebederos porque consideran que el agua transmite muchas enfermedades y la perdiz no es un animal que precise de demasiada agua, siendo suficiente la que pueda encontrar por las mañanas con el rocío.
    Tomás Martínez, el gestor de Casa Emilia, un excelente coto de caza intensiva en El Bonillo tiene repartidos en sus más de mil hectáreas decenas de comederos, pero no encontraremos ni un solo bebedero en sus campos manchegos, precisamente, por la razón que apuntaba más arriba.
    Y un punto importante, si queremos conservar la perdiz salvaje es no echar perdices de granja, a no ser que queramos convertir nuestro coto en un coto de caza intensivo.
    La perdiz de granja o de bote como la llaman algunos transmite muchas enfermedades y termina por aniquilar a la perdiz salvaje, además, de atraer a alimañas a nuestros cotos, pues son una presa fácil.
    La climatología es otro factor del cual va a depender que sea un buen año o malo de perdices. Las sequías, las heladas, el pedrisco o las olas de calor que hemos padecido en los últimos años  como consecuencia del calentamiento global tampoco ayudan a que la perdiz procree.
    Y, por último, creo que entre todos hemos acabado con el hábitat natural de la perdiz salvaje.
    La agricultura intensiva, la mecanización del campo, los campos de espaldera, nos han traído muchos beneficios a los agricultores, pero ha sido contraproducente para la perdiz.
    Tomemos consciencia, los cazadores los primeros y adoptemos medidas antes de que sea demasiado tarde. Y, por favor, no me tomen por agorero.
     
     

     

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