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Andrés Hernández de Sá

Editor de España, Internacional y Opinión de Levante-EMV

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Mis apreciaciones sobre la campaña electoral del 26J


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  • 16
    Junio
    2016

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    26J Zapatero Iglesias Rivera Rajoy Sánchez

    Iglesias y Rivera animan el cotarro

    Los emergentes se encargaron ayer de animar una campaña que por repetitiva y cansina está lejos de levantar pasiones. Dos frases de Iglesias y Rivera pusieron un poco de picante y dejaron escocidos a sus destinatarios: Sánchez y Rajoy, respectivamente. La oda del líder de Podemos a Zapatero dejó airados a los dirigentes del PSOE que ven un día sí, y otro también, como Iglesias incursiona en sus líneas en un intento de arañales —o más bien arrancarles a jirones— el mayor número posible de votos en la guerra —ya sin cuartel ni disimulos— que libran por la hegemonía de la izquierda.

    Y el presidente de Ciudadanos fue más tajante que nunca trazando su propia línea roja: su partido nunca apoyará —ni por activa ni por pasiva— la investidura de Rajoy como presidente de Gobierno. Abría de nuevo el debate sobre la eventualidad de que el PP, en función de los resultados electorales, se vea obligado a cambiar su aspirante a ocupar la Moncloa si necesitara de los votos de la formación naranja para formar Ejecutivo. Una posibilidad que sencillamente pone de los nervios a los dirigentes populares, si bien la alternativa ya se plantea de puertas hacia dentro entre algunos responsables de los conservadores.

     

    Dos pasos hacia el Gobierno // Por su parte, el PP se ha lanzado a intentar arañar votos de donde sea. Si hasta ahora era evidente su estrategia de recuperar el máximo de los votos fugados a Ciudadanos el pasado diciembre, anteayer dio un paso más al reclamar directamente el apoyo de los votantes «moderados» del PSOE que sean contrarios a un eventual pacto postelectoral con Podemos. Ocurre, sin embargo, que en la actualidad PP y PSOE ya no son fronterizos, sino que entre medias se les ha colado Ciudadanos que sería, en buena lógica, el beneficiario de ese eventual trasvase que, como efecto secundario, debilitaría a los socialistas frente al empuje de Podemos. En fin, dos tiros en el pie para los intereses de los populares y su ansiada —¿o no?— estabilidad.

    Mientras, los socalistas reclaman que se deje gobernar a quien obtenga mayores apoyos parlamentarios aunque no alcance la mayoría necesaria. Un mecanismo que les habría permitido formar gobierno gracias a su pacto con Ciudadanos, porque aunque no alcanzaban la mayoría simple, el candidato socialista habría sido investido presidente al ser quien mayor respaldo en escaños obtenía en la Cámara baja. Un posicionamiento claro con vistas a enhebrar otro pacto similar y evitar una nueva convocatoria electoral.

     

    Pasarse o no llegar // El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha vuelto a dar una muestra más del alto nivel intelectual de esta campaña que nos toca padecer: no encontró mejor manera de criticar a sus opositores que llamarles cenizos después del debate del lunes por la noche. Aunque desgraciadamente no es el único ejemplo. Lejos de apostar por una exposición de ideas fundamentadas y de promover cuantos más debates mejor, los candidatos han optado de forma más acentuada que en diciembre pasado por el espectáculo televisivo y por la repetición machacona de lugares comunes y consignas vacuas que difícilmente conseguirán el objetivo de captar parte de los votantes aún indecisos.

    Como demostró la cita televisiva, los cuatro principales candidatos afrontan esta campaña con más miedo que vergüenza con la esperanza de no cometer ningún error irreversible que rompa sus expectativas. Un ejemplo claro fue que quien más tenía que arriesgar —en este caso, Pedro Sánchez— resultó en realidad el más perjudicado al quedar completamente desubicado frente a las respuestas más directas de sus contrincantes. Al final, tan peligroso resulta pasarse de frenada como no llegar. Y en ese equilibro está la diferencia entre triunfar o fracasar.

     

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