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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

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En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 21
    Julio
    2016

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    Valencia Comarcas

    Bebe, el mestizaje sonoro se encarna en el Castell de Xàtiva

     Bebe, el mestizaje sonoro se encarna en el Castell de XàtivaTras el “delicatesen” inaugural, servido por la actriz y cantante de Marlango, Leonor Watling, llegó al “XIX festival internacional Nits al Castell” de Xàtiva, otra cantante y actriz, más singular si cabe, María Nieves Rebolledo Vila, más conocida en la aldea global como Bebe, que irrumpió con su “cambio de piel” en una cima  de leyenda e historia. La que con el paso de los siglos depositaron en el casillo de Xàtiva civilizaciones como las de los íberos, los romanos o los árabes.

    Sobre las 11’20 de la noche del pasado sábado, entre las sombras de la noche, emergió en el ocurro escenario del “Castell” la menuda figura de Bebe, precedida, a modo de premonición, de ese icono de la copla y referente de Manolo Caracol, “la niña de fuego”. Una canción que le precedió y que la cantante hizo valer a modo de carta credencial. La misma que en sus últimos conciertos le viene acompañando. Como sucedió en el concierto del teatro Ópera, de la capital Argentina, donde es venerada, del pasado mes de mayo.

    Canto con el sabor mestizo que la caracteriza, con una voz entre íntima y personal, fruto de la cosecha de valencianos nacidos en 1978 en el Cap i casal. Un origen que apenas si arraigó en su ADN, ya que con un año se trasladó a vivir con su familia a tierras extremeñas, donde crecerá en un ambiente familiar musical, el resto de influencias, en el mestizaje que expira, lo respiraría en otros ambientes.

    El escenario que Bebe y sus cuatro músicos ocuparon tenia de fondo, un poco lejano, parte de un elevado del castillo iluminado, como de postal, el único mueble que vestía el tablado era un icono del erotismo, como acontece con el modelo de ratán, de origen Polinesio, que popularizó la recientemente desaparecida Sylvia Kristel, en la película Emmanuelle. Bajo la mirada de una luna llena, Bebe estaba allí para oficiar el mestizaje del embrujo árabe del lugar. Con un cierto erotismo en su mirar risueño, con las raíces punk que afloraban  en su piel morena surcada de tatuajes y piercing. De ahí su riguroso negro en la indumentaria de chaqueta ajustada y minifalda a lo Mary Quant de Carnaby Street, complementada con una botas altas, a modo de sandalias de verano.

    El repertorio que fue desgranado, canción a canción, procedía de  “Pafuera telarañas” de   2004, “Y.” de 2009,            “Un pokito de rocanrol” de 2012 y “Cambio de piel” de 2015. Es decir de los cuatro discos que ha publicado en sus 12 años de carrera musical esta cantautora. Obviamente las del último tuvieron preferencia a lo largo de las dos horas que duró el concierto.

     El sillón “hot” fue un referente ocasional, que en ocasiones Bebe usó para lucir en sus canciones el pedazo de actriz que lleva dentro, como está constatado en esas siete películas que, desde 2002, ha interpretado.

    Aunque al contrario que un Pep Gimeno “Botifarra”, fue parca en palabras dirigidas al público, conforme avanzaba  el concierto la complicidad entre la cantante y un público diverso, en edad sobre todo, fue en aumento. Su voz susurrante, en ocasiones se transmutaba con la ascensión de las vibraciones de sus músicos. Lo que, en el tramo final del concierto, sirvió para que la participación palmera del público fuese “in crescendo”.

    Desde  la cima de sus tacones, y a la mitad de la sesión, Bebe interpretó esa canción que la catapultó y que, con el paso de los años, ha devenido en un himno-denuncia-reflejo de la violencia contra las mujeres: “malo”. Después vino la presentación de los cuatro músicos tocadores de las genuinas músicas, los que envuelven con su sonido las letras e interpretaciones de la cantautora Bebe.  

     

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