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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 18
    Octubre
    2012

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    CAEN DOS ICONOS DE LA HOSTELERIA

     Ontinyent ha dejado atrás, con el verano ya caído en las hojas del calendario, dos muertes. La de dos iconos de su hosteleria mas reciente y por ende de su vida social y lúdica. Su lectura ofrece puntos de vista diferenciados, en una sociedad  plural.

    Uno ha sido, como lo presentarían en la película “Cotton Club”, “el mundialmente famoso MacDonald’s”, un negocio multinacional, plasmado en franquicias comerciales, cuya filosofía de comida rápida viene funcionando con holgura “a tot arreu”. Pero la formula química del invento, aplicada a los números, que son los balances matemáticos de la contabilidad de MacDonald’s Ontinyent chirriaron en exceso. Este sitio abrió sus puertas a finales del siglo pasado, en un enclave, que se presumía iba a ser el corazón del ocio y la hosteleria local. Puro espejismo. En la zona empezaron a abrir y cerrar locales con rapidez pasmosa. Mientras la gran superficie comercial vecina, a la que originariamente se le atribuían facultades de locomotora, termino, tras un cambio de propietario, por echar el cerrojo. Un síntoma que reveló una evidencia, que la crisis textil ontinyentina se adelantaba a la del ladrillo de 2007. Tanta crisis, unida a la poca predisposición ontinyentina hacía la llamada comida chatarra, culminó, antes que llegaran los fuegos veraniegos, con el apagado de las luces de MacDonald’s.

    Asimismo, en el musculoso  corazón de la ciudad, donde se proyectó el que se auguraba como el efecto dinamizador del comercio, la hosteleria y el ocio local y comarcal, o sea el Centro Comercial El Teler, se apagaba de una vez el Màgic, restaurante y local de copas. El culpable de una pérdida tan mágica, según las presuntas huellas y tras una investigación inicial, se le atribuye a la contumacia contable. Que se resume en la dificultad para cuadrar unos números circulares. Y como en la canción “Pedro Navaja”, pero sin necesidad de pulular por Nueva York, nadie lloro su cierre. Es mas muchos ciudadanos siguen sin enterarse del cierre.

    Pero el Màgic, a diferencia del MacDonald’s, tenia alma, la de Luis Mártinez, y aunque en pena, este volvió a renacer de las mágicas cenizas, dando soplos de vida a vidas anteriores. Bamboo, Pub JM Premium o la Raspa han sido la trans sustanciación. Luis es de los que saben que cuando se cierra una puerta, se abren  otras. Y es que pechar con el meninfotisme de una sociedad que no supo valorar la existencia en su ciudad de un local que, por diseño y servicios, era un auténtico lujo para la hosteleria ontinyentina, es una facultad que en los campos de batalla se denomina heroicidad. Estaba a la altura de los mejores, como así lo corroboraron expertos en la materia y revistas especializadas. Es para penar.  Pero afortunadamente Luis, por vocación y trayectoria, es inasequible al desaliento y un referente enamorado e insustituible en la hosteleria ontinyentina. Desafiando a los amores que matan. Seguramente, como acontece con los perdedores en una sociedad injusta y salpicada de envidias, su nombre, para sonrojo de los políticos de turno, seguirá sin recibir la acreditada distinción que, con motivo del 9 d’Octubre, el gobierno municipal reserva a ontinyentins solícitos en su servicio a la ciudadanía.

    No importa, como ya hizo en los 70, 80, 90 o en el siglo XXI, Luis seguirá programando Loquillos, Alaskas, festivales de jazz o blues y toda suerte de alicientes para la ciudadanía. Siempre sobreponiéndose a las denteras y miserias humanas de la calumnia, caso de las habladurías envenenadas que se vertieron en su contra, incluso entre personajillos de rango, atribuyéndole maliciosamente  venenos como “el garrafó” y otros infundios rebozados en lo absurdo.

     

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