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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 05
    Julio
    2013

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    DEL COLOR DEL CRISTAL CON QUE SE JUZGA

     Irremediablemente, aunque hemos pasado del “España va bien” que predicaba Aznar, y le repicaba convenientemente Vázquez Montalbán en “La aznaridad”, a la indignación del 15M, y de esta al “reformismo” de Rajoy, que no es mas que “la gran regresión”, como proclamaba Josep Ramoneda el pasado domingo en El País. Cabe decir que donde se manifiesta también esa regresión, además de  plasmarse en los derechos sociales, laborales, etc., es en la libertad de expresión, singularizada en aspectos como la desmedida protección a los “delincuentes” políticos, lo que provoca que, mayormente, no habiten en centros penitenciarios, merced a esa exasperante laxitud que exhiben las leyes, los legisladores (que se curan en salud)  y los encargados de aplicarlas, los jueces.

    Acontece al  respecto que los del Bloc y el colectivo de Compromís por Ontinyent, según hacían público la semana pasada, han sido condenados, obviamente por un tribunal de justicia, a pagar unos 15.000 euros, según recoge la sentencia del caso por la venta de lotería con la imagen de esa suerte de padrino político de Castelló, Carlos Fabra, quién pese  a estar imputado desde hace casi una década, y tener en su haber una vergonzante pila de jueces y fiscales, caídos en la instrucción de su causa penal, lo que ido demorando su juicio. Siempre amparándose en unos derechos Constitucionales que reclama para si, mientras, presuntamente, a tener de las imputaciones que lo retratan, transgrede sus obligaciones públicas sin el menor rubor ni moralidad.

    No obstante el síndic de Compromís, Enric Morera, daba un voto de confianza a que, finalmente, prevalezca la aplicación de una justa justicia, tomando como referencia el encarcelamiento del ex tesorero del PP, L. Bárcenas, así como la fecha para el juicio a C. Fabra, el próximo 2 de octubre.

    Con ese “currículo”, tan vergonzante para la mayoría del personal con “sentido común”, como le gustaba acreditar sus promesa incumplidas a M. Rajoy, choca a la inteligencia el amparo de la justicia a tan infausto personaje público, digo de C. Fabra, pues como recordaba el portavoz municipal de Compromís, Josep A. Francés, “el objetivo siempre ha sido  la critica política, de una persona pública”. A mayor abundamiento resulta paradójico que este imputado de Castelló, que ha logrado, tanto nacional como internacionalmente, erigirse en una de las imágenes de referencia de la corrupción política que asola España, con su mundialmente famoso aeropuerto (el del abuelito) sin  aviones a la cabeza, que saque pecho acogiéndose al clavo ardiendo del artículo 20 de la Constitución Española: “1. Se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción...4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen...”.

    Inauditamente, el destinatario de la crítica, C. Fabra, consigue que, adoptando el rol de “ofendido”, la demanda que interpone contra los de Compromís, por ejercer, “en petit comité” la sana crítica política, o sea el Constitucional derecho a manifestar su derecho de libertad de expresión, el juez que tramita el asunto, en un plis plas los enjuicia y sin demoras comparativas los condena, como queriendo decir que tratándose de don Carlos, no hay libertad de expresión que valga. Para mayor perplejidad el caso no se ha visto en terreno neutral, sino en el juzgado de primera instancia número 6, y después en la Audiencia Provincial de Castelló, con lo que además de jugar en casa, los árbitros del partido o eran amigos o amigos de sus amigos.

     

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