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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 06
    Octubre
    2014

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    DEMOCRACIA TAMBIÉN PARA LA FIESTA

     

    El sino de los pueblos es el movimiento y la adaptación a los tiempos. Una fiesta popular es una manifestación que no puede permanecer,  en consecuencia inamovible. Es lo que se otea en el horizonte y  que, en esta comarca sin ir más lejos, ya han realizado municipios como Agullent, y más recientemente Bocairent. Población donde tras decantarse mayoritariamente el voto público por el cambio, está previsto que el pleno del ayuntamiento bocairentí “apruebe trasladar el resultado a la Asociación de Fiestas para que organice las mismas según las fechas ganadoras en la consulta”.

    Y si trasladamos  dicho plebiscito a Ontinyent, donde unos por otros ya tardan en proponerlo y celebrarlo, vemos  que la pregunta de los vecinos: “¿Está usted de acuerdo con que las fechas de las fiestas de Moros i Cristians de Bocairent, en honor a Sant Blai, coincidan con el fin de semana?”, en el  caso de la capital de la Vall d’Albaida debería apelar, según muchas opiniones de la ciudad, en torno al primer fin de semana de agosto, así como al orden de las celebraciones de los actos principales. Emulando a los bocairentins, con lo que se podrían desplazar los actos religiosos del sábado y domingo, a otros días de menor tirón. No parece nada anecdótico, en esta situación, que una comparsa haya solicitado no participar en los desfiles religiosos de sábado y domingo.

    Sin duda ponerle el cascabel al gato de la fiesta no es nada fácil. De ahí que el actual presidente, Toni Morales, consciente del aluvión de presiones y responsabilidades que  recaen sobre el cargo, traducidas en sin sabores sin gratificar, haya optado por  no presentarse a la reelección, evitando tener que enfrentarse a los embolaos que, con toda seguridad, desde su atalaya de mando, ya ha empezado a divisar en lontananza.

    El hecho que la Asociación de fiestas de Bocairent presentara 700  firmas de festeros del municipio solicitándole al ayuntamiento el cambio, es otro argumento de peso que podría haber ratificado  a Morales en su postura, la de dejar un cargo apremiado de dirigir los cambios necesarios que acechan a la fiesta mora y cristiana. Porqué las permutas deben ir más allá de los tibios cambios realizados. Y que de forma participativa deberían acometerse en un futuro próximo. Donde la recuperación de parte del tradicional escenario  de los desfiles ontinyentins, podría ser uno de los temas a votar en las urnas por la ciudadanía.

    Estamos en democracia y  en este sistema está convenido que las cuestiones se resuelven  con una medicación, a base de ingerir cucharadas de la misma.

    Pero sucede que si bien pronto se cumplirán los 40 años de democracia municipal,  también es verdad que los grandes cambios políticos, y su retroceso sea dicho de paso, no  han alcanzado como era de  esperar a la fiesta   ontinyentina, que para nada se ha ceñido al precepto Constitucional de la a confesionalidad del Estado. Eso se ha traducido en que se mantienen las formas del nacional-catolicismo, conservando el privilegio, durante sábado y domingo, de la centralidad festiva para los actos religiosos, cuando siglo y medio después del inicio de estas celebraciones, las creencias y la fe de las gentes de hoy, en nada se  relacionan, mayoritariamente, con aquellas gentes que vivieron en el Ontinyent de mitad del siglo XIX. Es de creer, a la vista de lo que acontece,  que las tradicionales fuerzas de religiosidad fundamentalista en Ontinyent, aún hoy, siguen doblegando la voluntad de las fuerzas democráticas, al menos en lo que atañe al sarao festero. Y esa pérfida influencia  debe acabar a base de urnas que acojan el voto mayoritario. Los mimbres necesarios para hacerlo efectivo  sería una “democracia participativa”, también en las fiestas.

     

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