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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 10
    Diciembre
    2016

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    Valencia Comarcas

    EL EMBRUJO DEL “BOU EN CORDA” DE ONTINYENT.

    Aunque algunos (sin femenino que valga) pretenden rizar el rizo, con ese sucedáneo intempestivo que es el recién llegado y renombrado como “el bou de les penyes”, aventado con la injustificable complicidad del gobierno municipal de Ontinyent, la verdad es que dicha caricatura se desvanece ante el fenómeno que se genera alrededor del “bou en corda”. El cual ha devenido, muy a pesar de los devotos, creyentes y apologistas de las fiestas entorno a la Purísima, en todo un fenómeno, a caballo entre lo social y lo festivo. Obviamente lúdico, donde la tradición, ya supera los tres siglos y medio de antigüedad, es el referente atávico.

    Este pasado sábado hasta la lluvia se tomó un receso, y las nubes, a ratos, dejaron que brillase el sol en Ontinyent. La climatología, por tanto, también se sumó al festejo del “bou en corda”. Una cita que yo diría que, solo una parte de la concurrencia, la vive delante o detrás del “bou”. El resto del personal lo disfruta en la comida del mediodía, “cassola d’arrós al forn”,  como manda la tradición, en las comparsas o en bares y restaurantes, que ese día hacían el agosto en diciembre. Tal y como se podía corroborar a la hora del “dinar”, en un rápido recorrido por la ciudad. Hijos y ahijados  de Ontinyent que solo visitan la ciudad en “dies senyalats”, como uno que compartía mesa y mantel, falló en las fiestas de moros y cristianos, faltará en Navidad, pero “el bou es sagrat”. Y así numerosos casos. Total que tras la comida, ya están cerrando el segundo de la tarde, y al tercero entre “palometes” y gintonics, lo más seguro es que no le vean el rabo ni al tercero. Eso sí, tras su encierro, incluida la “corda”, en el corral del Camí del Carros, toca pasarse por las carpas, hasta que el cuerpo aguante. A la mañana siguiente las fotos realizadas por madrugadores, darán cuenta en las redes de los restos del botellón, consumido, pese a la vigilancia policial, en las zonas tangenciales al recinto de la antigua de Tortosa y Delgado. Ya se sabe la dificultad de ponerle puertas al campo.

    El “bou” de 2016 no tiene nada que ver con el de hace medio siglo u otros atrás. Tal como nos muestra el excelente libro de fotografías de Xavi Mollà, “Minotaure”, editado ahora hace precisamente una década, repleto de momentos, gente y rincones, cuyas imágenes, cada una, vale más que mil palabras, nunca mejor dicho. Pero trufado de espaciados  textos, a cargo de David Mira: “per on ara es recobren carrerons ensorrats i els murs i els atzucacs/ i el bou, el “bou en corda”/ corre en nova ciutat/ pero torna a pujar i recorre la Vila…”, o de Pau Urenya (tratando de explicar lo inexplicable): “És el ‘bou’ d’Ontinyent, el ‘bou en corda’ d’Ontinyent.  I tu?  Tu què fas ací? Sempre es difícil plantejar-te i explicar per què estàs ací. És difícil fer una descripció del que passa quan estàs corrent davant del bou…”.                                                                                

    Todo comenzó en los años 80, en locales emblemáticos que marcaron el presente. Caso de La Ploma Elektrica, en la plazoleta de la Plaça de Baix. Un local entre cuevas que el artista Salvador Mollà convirtió en santuario comarcal de la Movida. Por allí pasaban, los días del bou desde el polifacético Manduca, hasta la gente de la junta festera de la Purísima o empresarios de postín. Después, en los 90, tomó el testigo l’Almàssera, también entre cuevas y cerca de la Ploma,  a cargo de Luís Martínez. Suyo fue el acierto creciente, más o menos coincidiendo con la entrada del nuevo milenio, al aceptarse  su propuesta, en calidad de presidente de Avhal, al ayuntamiento ontinyentí, el cual consintió que, con motivo del “bou”, un número limitado de hosteleros de la ciudad organizaran un  recinto de carpas, donde se servían toda clase de bebidas, en el solar de una antigua fábrica que, en homenaje al mismo, podría pasar a denominarse recinto Luís Martínez, ¿Por qué no?

     

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