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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 24
    Marzo
    2017

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    Valencia Comarcas

    ¿Hablamos de privatización cultural o de cultivar privilegios?

    Para perplejidades la que nos deparó la semana pasada con el anunció, por una parte, del gobierno ontinyentí de “contratar los servicios de una empresa especializada para atender una demanda histórica de les asociaciones locales para el desarrollo de sus actividades en el teatro Echegaray y la sala Gomis”. Realizado mediante concurso público, por un importe de 31.831,65 euros. Y, por otra, las reacciones desatadas contrarias a tal medida, a las que hacía alusión esta edición.

    Concretamente  quienes tomaban cartas en el asunto eran: Silvia Urenya de Compromís, Esquerra Unida y la Associació de Veïns del Llombo. Tanta acritud hacía una medida de gestión que, a priori, parece beneficiosa en general, al hacer más rentable el gasto del erario público, así como permitir, tal y como señalaban desde el gobierno municipal,  «la programación simultánea de actividades en el Echegaray y la Sala Gomis», en suma arroja dudas. Pues además se refuerzan otros servicios municipales, caso del MAOVA o la Biblioteca Central. No es baladí recordar que desde esta tribuna se ha denunciado la infra utilización de la sala Gomis, sin que el tema preocupase ni lo más mínimo a Compromís, y eso que el Bloc fue el partido que más apoyó su construcción.

    Dados los corsés y exenciones laborales que rigen en el funcionariado resulta a todas luces cabal que, ante la disyuntiva de contratar dos nuevos conserjes, con horarios rígidos y sin funciones para atender la carga y descarga en los locales citados. Pese a su coste anual, tal  como reflejaban los presupuestos municipales, 48.956 euros. Resultando plausible que se haya optado por el más con menos coste, es decir por los 38.516 euros que costara ahora el servicio con la empresa adjudicataria.

    Acudiendo a la antedicha fuente, vemos que el gasto de personal del departamento de cultura, en el caso de los conserjes, el salario básico anual, sin sumar antigüedad y horas extra, tiene un costo de 24.478 euros (entre salario y seguridad social). Lo mismo cabe decir del técnico de cultura, cuyo salario anual asciende a unos 60.000 euros (bastante superior al de alcaldía). Lo que significa que la retribución anual de esos 5 funcionarios  es, “si més no”, de 160.000 euros al alza. ¿Y cuál es el presupuesto anual destinado a actividades culturales?, en 2016 se elevó a 138.000 euros, (mientras en subvenciones a asociaciones culturales se destinaron 120.000 euros). O lo que es lo mismo, las arcas públicas gastan más dinero en mantener una infraestructura laboral, que en las propias actividades culturales. Evidentemente, ni las antedichas voces, ni ninguna, se han rasgado las vestiduras en Ontinyent por ello. Ni tampoco respecto a la visible irracionalidad laboral actual en dicho departamento. Donde al realizar su jornada de trabajo, en la que raramente si se programan actividades culturales, irremediablemente estos ocupan su tiempo con los brazos cruzados, a la espera de que el reloj vaya marcando las horas. Para colmo, en ocasiones, el técnico cultural ha estado haciendo funciones de conserje. Pero a un precio la hora impublicable, para no herir susceptibilidades, al gozar, al parecer, de una extraña bula política. Y todos a callar. Choca, además, que cuando los aludidos, lícitamente, intentan hincarle el diente político al gobierno de Jorge Rodríguez, lo hagan a favor, o vete tú a saber, de un colectivo comparativamente privilegiado, erigiéndose en abogados de la causa. Esgrimiendo para ello conceptos tergiversados por la actual coyuntura, como “privatización”, o ambiguos como “cultura cercana”.  Cuando toca defender y priorizar a la mayoría de colectivos laborales de la ciudad, que pagan religiosamente sus impuestos municipales. Y asimismo han visto recortados sus salarios y derechos, en los últimos años, cuando no forman parte ya de ese batallón de parados, 3.354, que eran los censados el pasado mes de enero en el SERVEF de Ontinyent. Y que también pagan impuestos municipales. 

     

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