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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 15
    Enero
    2016

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    Valencia Comarcas

    La fugacidad del tiempo, de la vida

    Quién esto suscribe recuerda que cuando fundó la revista comarcal Crònica, al final de 1987, un maestro de periodistas, hoy ya jubilado, me advirtió sobre la importancia de permanecer, viendo pasar alcaldes, uno tras otro. Y a fuerza que así fue, hasta que por imperiosidades de salud, que no vienen al caso, tuve que apearme de aquel barco.

    La locución latina “Tempus fugit” nos revela la incuestionable fugacidad del tiempo. Atribuida a un verso de las Geórgicas del poeta Virgilio, desde mi atalaya, y dado que para mí la globalización, en este asunto cultural y musical, comienza en la adolescencia con la muerte de tres iconos, Janis Joplin, Jimi Hendrix (ambos en 1970) y Jim Morrison (The Doors, en 1971). Fueron tres de los primeros cadáveres jóvenes que empezaron a poblar el panteón de mitos del rock o el club de los 27 años, iniciado por el rolling Brian Jones, en 1969, cuya lista cierra por ahora la inglesa Amy Winehouse (2011). Lo del accidente, en avioneta, de Buddy Holly, acompañado de Ritchie Valens, en 1959, me pilló aún a gatas, como quién dice.

    Esa huida irreparable del tiempo resulta ciertamente de vértigo. A muchos de los que crecimos con la cultura del rock, global, como bandera, el paso de la vida está marcado por el día en que murió… En agosto de 1977, en un chalet de un familiar xativí, por la radio, escuche la de Elvis Presley. En 1980, preparando el guión del programa que realizaba en Ràdio Ontinyent, “Músicas modernas”, escuché que un perturbado  asesinó a las puertas de su apartamento neoyorkino al ex beatle John Lennon. Lo de Sid Vicious(1979), de Sex Pistols, fue como el punk, rápido, estruendoso, provocador y fin. No así su influencia. El manotazo canceroso que derribo, en 1981, a Bob Marley, me pilló en el “exodus” de Valencia a Ontinyent.

    Dos cadáveres de “la movida”, que pasaron por la “Nit de rock” del Clariano, en Ontinyent, allá por 1982, fueron los de dos Pegamoides de Alaska, digo de Eduardo Benavente (1983) y Carlos Berlanga (2002).

     La muerte de nuestro rockero mas genuino, en 1990, Bruno Lomas de Xàtiva, nos cogió en caliente, apenas unas semanas después de compartir con el canciones en el escenario y whisky en su camerino. Fue en el transcurso de una fiesta sesentera, en la OTK de Ontinyent, organizada por su alma “mater”, Luis Martínez (otro ausente reciente que nos dejó con su ausencia una cicatriz en el costado).

    Freddy Mercury (1991, su muerte me cayó por el aire, leída en un diario, mientras volaba a Casablanca, donde esperaba encontrar a Humphrey Bogart y Ingrid Bergman o al menos al capitán Renault. Pero ni eso ni el Café de Rick. El cine es solo cine. Por las mismas fechas de 1991 se produjo una muerte anunciada, pero que fue poco divulgada, la de Johnny Thunders. Más eco mediático tuvo la de Kurt Cobain (Nirvana), en 1994. Con la caída de Joey Ramone (2001) empezaría el fin de los Ramones.

    Después, ya en los últimos años, las muertes de celebridades del rock se han ido sucediendo con pasmosa normalidad, la del beatle George Harrison (2001), no así la de gran alcance en internet, Michael Jackson, cuya muerte, en 2009, fue como su vida, todo un espectáculo. Willy de Ville (2009), el bluesman Joe Cocker (2014). Hasta llegar al pasado lunes, en que un flash de última hora me anunciaba la muerte de uno de uno de los últimos “héroes” musicales, David Bowie. El eterno gentleman camaleónico, el del fin, seguramente, de una era en la que el rock fue “rebel, rebel”.

    Diríase que en el tiempo de estas personas ha prevalecido la filosofía de carácter vitalista, llevada a la expresión latina del “Carpe Diem”. Aprovecha el momento, el tiempo vuela, pero no siempre.

     

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