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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 24
    Abril
    2014

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    LARGA VIDA AL FESTIVAL DIÀNIA

     

    Al menos durante tres días Ontinyent fue escenario de esa España plural que políticamente no se ve. La bandera que se izo, la del primer Festival Diània, arrastro a unos 1500 jóvenes cuya edad, mayormente, lindaba en los más-menos veinte años.
    Fue la alternativa de ocio de unos jóvenes “que encara tenen força i es senten bollir la sang”, emulando a Serrat en su canción sesentera “ara que tinc 20  anys”. Cuyo testigo viene recogiendo y vertebrando con inaudita eficacia la organización juvenil ontinyentina denominada Assamblea de Joves Meruts. El gobierno municipal ontinyentí, a través, sobre todo, de su regidor de juventud, Pepe Pla, puso y allanó el camino de las infraestructuras en las que se escenificó el festival. La madura responsabilidad y eficacia organizativa de Meruts redundó en una resultado satisfactorio, donde los horarios, pese a la complejidad del programa musical, rayaron con la puntualidad inglesa. A la cita del Diània acudieron centenares de jóvenes de ambos sexos, que acamparon en un recinto situado frente a los campos de fútbol de la Purísima, provenientes, principalmente, del territorio denominado Comarques Centrals Valencianes. Donde se aunaron la música, algunas tradiciones de la cultura valenciana y la lengua propia, como hilo conductor.  Que resultaron ser los nexos de convivencia durante el jueves, viernes y sábado de la, para otros, religiosa semana santa.
    Pese a la notoria presencia de fuerzas de seguridad (guardia civil, policía nacional y policía local) los dos días del festival en las proximidades del recinto de los campos de la Purísima, no se registro ningún tipo de incidente, lo que abunda en la placidez y sensatez organizativa y de la convocatoria.
    TRES DIAS DE CANÇÒ, ROCK, SKA Y RAP
    Si algún sonido evoca mejor que cualquier otro el resumen del primer Festival Diània, ese ha sido el espiritú y la influencia que la música de Obrint Pas ha proyectado entfre buena parte de los grupos musicales que han hecho bandera de la lengua propia de los valenciano. En total han sido unos 20 nombres los que han subido a escena, practicando estilos o variantes musicales  que pasaban por la cançò, el rock, el ska o el rap.
    El jueves 17 el teatro Echegaray abria la tanda de conciertos, dedicados para abrir boca, con tres representantes y  tres formas de entender la cançò, el incasificable Toni de l’Hostal, con sus irreverentes comentarios lanzados desde una batería que usa amodo de trinchera.Le siguió el melodioso Andreu alor, de Cocentaina, cantándole y denunciando los grandes temas que nos afligen a los valencianos, lo que no fue óbice para que le abriese una ventana a la esperanza, mediante una seentida versión del “que tingam sort” de Lluís Llach. Pau Alabajos con la sola compañía de su guitarra evocó   en sus letras los grandes teman que han escanecido a los valencianos, desde el accidente del metro de Valencia hasta el conflicto del Cabañal. Finalmente, y a modo de puente con la música de los días siguientes, los alcoyanos Arthur Caravan, con su pop rock intenso evocarían referentes como Rolling Stones, Remigi Palmero o Nirvana.
    Poco después de la hora del té del viernes, a las 5’30, los alicantinos La Caixa del gel, abrían en el escenario de los campos de la Purísima los conciertos a cielo raso, bajo un sol que a punto estuvo de derretir a este joven combo seguidor de sonidos rock y punk. Con la aparición del primer grupo ontinyentí, de los cinco del cartel, La Marabunta, comenzó la afluencia de seguidores. Estos jóvenes promesas transmitieron la riqueza de sus variadas influencias. Tras Mugroman, apareció Kaoba, uno de los grupos locales que más seguidores arrastran con sus ritmos coloristas. Ya de cara a la noche se sucedieron nombres conocidos y frecuentes en este tipo de festivales. Caso de Ki Sap, GPepet i Marieta, Aspencat y Atupa, cuyo denominador común suelen ser los tópicos, basados en el recurso a los lugares comunes, lo que en muchos casos, e independientemente del nivel de calidad, les resta singularidad, al devenir en formaciones que parecen estar nutridas por los mismos patrones. Y en lo que toca a lo musical abusan del seguimiento, a pies juntillas, de estilos como rap y ska.
    El sábado comenzó con ska, digo con los genuinos Karra-ska’l, seguidos por  los  catalanes Sherpah, una numerosa banda de sonido multicolor, que evoca a los consolidados Ojos de Brujo, con ritmos a caballo de estilos como el ska, rap y reggae. Su  mix final sirvió para homenajear a nombres sesenteros como Jeanette (Porque te vas), Raimon (Al vent) y Lluís Llach (L’estaca).  El grupo de Pego Smoking Souls sirvió una buena dosis de rock guitarrero, frenético y apremiante. Fue un sonido contundente evocador del rock más sólido. Los ontinyentinos El Corredor Polonés, pese a ser una banda ya veterana, parece haber perdido la identidad de sus orígenes, al tiempo que ha ido reduciendo su formato hasta quedarse en trío.  El vacío de seguidores durante su actuación fue elocuente. Con  la salida a escena del grupo ontinyentí Auxili, ya caída la noche, se registró uno de los conciertos con más seguidores, avalados por la reciente edición de su primer disco. La numerosa banda derrochó entusiasmo y efervescencia sonora, que se transmitió a los asistentes. De la Vilajoiosa llegó      la veterana Sant Getxo, en plena celebración de sus 20 años de carrera musical. Los catalanes Kop pusieron en escena el rock más cavernario del festival. La Raíz, una banda ya clásica en estos eventos, arropada por sus numerosos seguidores, destiló su rap o hip hop de denuncia ante la complacencia general. Cerró el Diània otra emergente banda ontinyentina, Tashkenti, con sus generosas propuestas y variadas sonoridades rítmicas.

     

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