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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 17
    Enero
    2014

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    MENOS LAURELES: ES SU DEBER

     Si convenimos que de un médico se espera que sea capaz de aplicar un tratamiento al enfermo para que lo sane, si del constructor, a través de sus operarios, se espera que construya una casa con las condiciones elementales de habitabilidad, sin que le corresponda por ello otros méritos que no sean la satisfacción personal, unida a la ganancia  económica por la labor, y así, en general, acontece en la mayoría de trabajos y empleos, servicios u oficios, si exceptuamos casos como los artísticos que realiza un pintor, un músico, un escritor, un arquitecto, un diseñador, etc, cuyas obras a veces son de una genialidad creativa que las hace únicas, por ello las asociaciones y estamentos con los que se dota la sociedad para tales fines, deciden laurear los mediante alguna suerte de premio, Nóbel, Príncipe de Asturias y tantos otros, para enaltecer un trabajo creativo, una investigación, etc. O también incluso las gestas deportivas son laureadas, al margen de que el autor o autores actúen profesionalmente o no.

    Pero acontece que los representantes políticos que gestionan la cosa pública, caen con harta frecuencia en la tentación de confundir, para si y públicamente, en un mérito, a modo de prodigio único, actuaciones ordinarias que en puridad son sus obligaciones, fruto del deber que adquieren cuando cada cuatro años reciben el  voto mayoritario de la ciudadanía para gobernar. Para el ámbito que nos atañe primordialmente el municipal.

    Y si la población deposita en los representantes municipales sus mayores esperanzas, con el fin de que gobiernen con la mayor eficacia la ciudad donde habitan, optimizando al máximo y revirtiendo en provecho de todos los censados los impuestos que pagan,  es porque a la postre espera eso de los políticos. Que cumplan con las compromisos inherentes a cada cargo de representación pública. Sus  deberes (los derechos no ha lugar el recordarlos porque es lo primero que aprenden al recibir el acta de concejal) contemplados en el título VIII de la Constitución Española de 1978,  o en aquellos reglamentos o manuales que promulgan las autonomías, están dirigidos a fijar las obligaciones de los ediles municipales, que suelen versar sobre el comportamiento de los concejales, así como sus responsabilidades, tanto las civiles como las penales, por sus actos y omisiones realizados en el ejercicio de su cargo.

    Sin embargo no encontramos a menudo un exceso de confusión, que como se le atribuye a Napoleón III “levantar un andamio no es edificar”. Por ello, antes (con mayor profusión) y aún ahora, nuestros gobernantes en vez de centrarse en sus obligaciones tienden a ofuscarse y dilapidar su tiempo en la promoción personal, “vendiéndose” ante los ciudadanos como los únicos poseedores de una varita mágica que, con solo activarla, resuelve la infinidad de problemas que la acechan. Un caso reciente e ilustrativo, donde se ha podido advertir una excesiva jactancia gubernamental por el resultado, se ha producido a raíz del convenio suscrito a tres partes que le permitirá, ha partir del próximo curso, a la Extensión Universitaria de Ontinyent, impartir la titulación de educación física, digo del actual gobierno municipal de Ontinyent. Pues en lo que le toca, si para algo está, entre otros deberes, es para solventar esa clase de asuntos de forma eficaz. Detrás de este logro y de tantos otros que se den, solo debe mediar la satisfacción personal del político, y en su caso el reconocimiento popular a dicha gestión, a través de las urnas, cada 4 años. El problema estriba precisamente ahí, como bien decía el periodista y político francés Georges B. Clemenceau, “gobernar dentro de un régimen democrático sería mucho más fácil si no hubiera que ganar constantemente elecciones”.Obviamente hay diferencias entre los partidos y las personas gobernantes y no se les puede enjuiciar a todos por el mismo rasero.

     

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