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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 04
    Noviembre
    2013

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    MUERTE Y VIDA EN EL CEMENTERIO

    Delante de una fecha anual marcada por la evocación como es el 1 de noviembre, Tots Sants, un concepto que a todos nos iguala en ese común humano que es la muerte, una canción de Joan Manuel Serrat, que clama el rotundo “y siento más tu muerte que mi vida”, del gran poema “Elegia” de Miguel Hernández, editada en la década de los años 70, procede asignarle una suerte de banda sonora para estos días, que rememoran la vida y la muerte, o como acuñó la antigua Grecia de Eros y, sobre todo, Thanatos.
    Obviamente la tradición de visitar masivamente el cementerio, pese al paso de los años, se mantiene. Hace medio siglo a los niños de pantalón corto y jersey hecho a mano, este día se constituía en el escenario para alimentar leyendas y fantasmas, que extrapoladamente guardaba cierto paralelismo con esos sitios abandonados, sórdidos y fantasmagóricos, por los que transitan los personajes barceloneses del escritor Carlos Ruiz Zafón, en algunas de sus novelas. Eran fábulas sobre finados ontinyentins, cuya memoria popular trascendia  a la podredumbre de los cuerpos. Entonces no lo sabíamos, ni menos se mentaba entre la muchachada, pero aquel miedo invisible generaba aquel silencio absoluto que reinaba entre los adultos, cuya memoria histórica permanecía anestesiada por la doble represión impuesta, la propia y la del franquismo.
    La única información a la que teníamos acceso, por decir algo, acerca de los muertos que reposaban en las diversas partes del cementerio, era de transmisión oral, junto a los panteones de las familias mas pudientes del lugar, Simó, Mora, Tortosa, etc., estaba una enigmática fosa común o la que se ubicaba en un espacio situado fuera de la tapia del recinto, destinado a albergar los restos sin vida, siguiendo las directrices del nacional-catolicismo, de aquellas personas sin bautizar, pero también la de aquellos cuya memoria convenía borrar. Y es que la imposición del régimen franquista de su modelo de estado que, también alcanzó a Ontinyent, mediante una expeditiva, brutal, furibunda y contundente represión, como señalan algunos historiadores, y pese al tiempo transcurrido, vemos que la derecha española, a diferencia de la europea que no esgrime reparos para unirse a la izquierda o a los progresistas, a la hora de hacer un frente común por los valores democráticos, siempre se adapta a las nuevas etapas, pero sin renunciar a su visión autoritaria, soberbia y ultracatólicismo de estado. En desagravio a esos intentos por borrar la memoria histórica, por parte de los herederos del franquismo, el PP, y en aras de homenajear a los demócratas, es inexcusable señalar como, tras la victoria franquista, “la derecha republicana desapareció en el exilio”. Por el contrario la actual derecha española nunca renunció a su pasado franquista. De ahí que en vez de tejer el ejercicio del poder a través del consenso y la integración, practiquen el aniquilamiento del adversario político. Sin duda, muchos de los males de la vigente democracia española, devienen de una Transición sustentada en las renuncias de la izquierda, que no supo remontar el gran daño que hizo la Dictadura.
    Frente a tanta ignomia y muertes silenciadas, cabe congratularse por esa praxis de recuperar la memoria histórica emprendida por el actual gobierno municipal ontinyentí, desafiando los silencios y tibiezas que, al respecto, se observan en los ámbitos nacional o autonómico. Y lo hace, en el computo de un ciclo encomiable: Memòria i oblit, singularizando un recordatorio, a los desaparecidos de la Guerra Civil, mediante una exposición en el MAOVA, peró también con el descubrimiento, en el cementerio municipal, de una placa  en memoria de los valldalbaidins muertos en Mauthausen.  A cuyos esclarecimientos han contribuido, decisivamente, con sus investigaciones y publicaciones, autores locales como Guillem Llin o Josep Gandia Calabuig. Responder Reenviar

     

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