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Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

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En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 21
    Octubre
    2014

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    MUSULMANES EN ONTINYENT

      Musulmanes en Ontinyent

    En un reciente artículo titulado “Sobre idiotas, velos e imanes”, del escritor y académico

    Arturo Pérez-Reverte, nos advertía sobre los peligros del islamismo fanático (a la par que defendía al Islam moderado y pacifico). Si tenemos en cuenta que el censo municipal ontinyentí de población musulmana, a primeros del siglo 21, superaba los 600 (de Marruecos y Argelia principalmente), y que actualmente incluso puede ser superior su número. Si bien a este respecto el censo municipal se ha vuelto opaco, sin que fuentes municipales hayan justificado el encubrimiento. Así tenemos, según el último censo, extrañamente global, que la cantidad de extranjeros inscritos en la ciudad era de 3818.

    Por lo que resulta imposible cuantificar cuanta población islámica pulula al cabo de las calles de Ontinyent. Si bien la proliferación de velos, chilabas, niqab o burkas que se observan por la calle, induce a pensar que su número supera con creces los 600.

    Pérez-Reverte alerta sobre “no transigir en ciertos detalles, que tienen apariencia banal.. el Islam radical impone su ley, es la coacción”. Pero donde pone el dedo en la llaga, respecto a lo que acontece públicamente en Ontinyent, es en el uso y abuso del “más siniestro símbolo de ese Islam opresor, el velo de la mujer, el hiyab, el niqab o el burka. Por lo que significa de desprecio y coacción social a la mujer y a toda su familia”.

    El tema de la población islámica en Ontinyent constituye un asunto tabú. Del cual no hablan los partidos políticos. Incluso el propio batle de la ciudad, Jorge Rodríguez, reconocía que “por lo que yo conozco no hay mucha gente de la comunidad musulmana participando activamente en asociaciones de la ciudad”. Son un contingente social numeroso, pero que solo se ve en consultas médicas, tiendas y supermercados, pero ausentes en actividades culturales, en restauración, etc. Por lo que constituye una suerte de gueto que no participa, ni se integra en la vida pública ni social (ya sea a través de asociaciones vecinales, etc.). Es decir desconocen o ignoran el sabio aforismo de “donde fueres haz lo que vieres”.

    Y mira que en las fiestas de moros y cristianos lo tienen en bandeja de plata para integrarse, aportando sus orígenes, en pro de mejorar la esencia de esta fiesta. La única irrupción que se registro en las fiestas fue a primeros de la década anterior, fue la del representante de los islamistas ontinyentins, al protestar “a  caixes destemplades”, aflorando un fanatismo e intolerancia insólitos, contra unos festeros que usaron, como adorno en su desfile de la entrada, una escritura  árabe cuyo significado desconocían.

    Del incremento de la población musulmana en la ciudad también se registro, en la década pasada, una solicitud permiso de obras  para construir una segunda mezquita, esta vez en el barrio Sant Rafel, que fue denegada por la comisión de gobierno.

    Extraña  que el feminismo ontinyentí o la asociación de amas de casa no hayan roto una lanza a favor de esas mujeres musulmanas, que trasiegan por la ciudad con atuendos oprobiosos, por su condición de mujer. ¿Excesiva transigencia social, complejos o miedo a que les llamen xenófobos?

    Sin duda este colectivo de inmigrantes llegó a la ciudad en busca de su oportunidad de trabajo en unos momentos de expansión laboral y como fuerza demográfica necesaria. Por ello bienvenidos sean. Ahora las mujeres españolas llevan siglos luchando por su dignidad. Eso significa que una parte del censo municipal se halla discriminada, contraviniéndose los derechos que imperan en el lugar. Todo ciudadano censado en esta u otra ciudad española debe ajustarse a nuestros usos y leyes, o también tiene la opción de regresar a su país

     

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