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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 24
    Junio
    2016

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    Valencia Comarcas

    Personas normales que votan a un partido podrido.

    La celebre canción de Bob Dylan “los tiempos están cambiando”, de hace medio siglo, no hacía otra cosa que significar una constante, que a lo largo de la historia y de las naciones ha ido plasmándose. Y es que como ya decían los filósofos de la Grecia clásica “todo cambia, nada permanece”. El ser humano, máxime el acomodado y que vive una vida donde priman sus privilegios, tiende a enrocarse y posicionarse en contra de cualquier cambio que signifique la pérdida de algunas de esas exenciones (dígase bajos o nulos impuestos, etc.) y se transmute en un reequilibrio de la riqueza social.

    Esa percepción genérica del cambio, ante las elecciones generales del 26J, a casi una tercera parte del electorado español, sobre todo la que luce en sus sienes una cierta edad, la actual situación social le resulta hasta incomprensible. No entiende nada ante los cambios que se vaticinan. La reacción es el miedo. El propio y el miedo que deliberadamente les infunde, para su beneficio, el único partido que un teórico país “decente”, católico, moral, ético, etc., el PP, debería obtener un resultado ejemplar, con un castigo que no superara el 13% de los votos, tal y como sucedió en Ontinyent el 24M,  cuando el PP local (y ahora debería ser el nacional) se vio inducido a un meritorio “purgatorio”.

    Este 26J se dirime seguir en la espiral, según la cual los ricos son más ricos en este país y los pobres han crecido exponencialmente, desde el inicio de la mal llamada “crisis económica”. Pe ro también el fin de leyes laxas, eximidoras de la corrupción (una forma disimulada de encubrir el latrocinio público). En consecuencia Ontinyent sigue siendo un parangón  de salud democrática, en el sentido de alternancia, no solo por haber precisado de pactos, mayormente, para su gobernabilidad, sino que además siempre han sido de naturaleza afín. El único pacto contra-natura se dio el 1999, cuando el Bloc apoyó una alcaldía del PP. El que dio paso, en 2001, a la única moción de censura.

    Y aunque el electorado ontinyentí casi estuvo a la altura de la media nacional en el voto PP, el pasado 20D, dándole casi el 27% de sus votos, tras la coalición Compromís-Podemos, que rozó el 30% y por delante del PSOE, con apenas el 20%, para estos nuevos comicios la candidata valenciana del PP, Elena Bastidas o el “pringao”, con esa puntita del iceberg que fueron los trajes de los Camps, Vicente Betoret, acudían la semana pasada a Ontinyent para, sin el menor sonrojo y sacando el pecho de la petulancia, pedir “el voto para asegurar la estabilidad de España”. Cuando cualquier ciudadano, medianamente informado, sabe que, en democracia, nunca el país ha estado tan inestable como con el PP. Un partido que patrimonializa, como nadie, el “sectarismo”. Por eso una persona normal como José Luis Climent, que ahora capitanea los restos del naufragio del PP local, se desacredita socialmente cuando aboga por Mariano Rajoy, el mismo que recibió miles de euros, en sobres, de manos de Bárcenas, a quién animaba con el ya famoso “Luis se fuerte”. Y tanto, ya está en su casa. Que “es el único candidato serio, que puede garantizar la ocupación”, ¿serio en la infrafinanciación de los valencianos o precarizando el empleo hasta lo inimaginable? Con todo los “radicales” del PP seguirán viendo la paja en el ojo ajeno, ignorando la viga en el ojo propio. Y en Ontinyent muchas de esas personas que se dicen “normales”, seguirán desfilando en las fiestas de moros y cristianos, y como “moderadas” que son, no se arrugaran para llamarle, desde su púlpito, “fulano” al presentador de un programa de denuncia humorística como el Gran Wyoming. Es gente que no se levanta en contra de gobiernos socialmente nefastos, como los de Zaplana y Camps. Por el contrario le bailan el agua.

     

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