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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 10
    Agosto
    2014

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    QUE DIFÍCIL ES SER HOSTELERO EN ONTINYENT

     Hay actuaciones de la policía temerarias, para el caso que nos incumbe de la local ontinyentina (aunque sin extender la acepción, porque en general prima la tónica de la más estricta corrección en las actuaciones de dicha policía). No obstante pesa en la memoria colectiva la sombra (mala) de los antaño polémicos Jesús (ya jubilado y nada que ver con el que figura en la plantilla actual), Córdobas, el Sheriff de Coslada y otras leyendas urbanas, ligadas a la Policía Local, que están al cabo de las calles ontinyentinas, los cuales, a tenor de recientes indicios, parecen haberse reencarnado.  Y si hace unas semanas veíamos como unas inconsistentes sospechas, fruto de alguna calumnia o malsana maledicencia, echaba por tierra una meritoria carrera profesional, que le ha llevado a cerrar su famosa tienda de Valencia, digo del modisto valenciano Francis Montesinos, víctima de una denuncia falsa, cuyos efectos directos o colaterales han sido irreparables. Por lo que Montesinos, avalado por la lógica indignación y estupefacción humana, ha salido, seguramente “espolsant-se les espardenyes”, por si acaso, con su botiga a cuestas del barrio del Carme de Valencia.  Tras ser atropellado por unos pulcros y justicieros policías, seguramente investidos por la gracia de Dios.

    Si trasladamos las “denuncias”  a algún supuesto concreto ciudadano-a ontinyentí-na, vemos, como aconteció el jueves de la semana pasada, que infectados por el virus del tiquismiquis, o algo así, se cursaba una denuncia, por si la moscas, llamando  a la Policía Local, ya que al parecer unos “sospechosos” estaban perpetrando algún acto ilegal. Para más señas se trataba, cuando eran poco más de las diez de la noche, de una cena en que los actores-comensales eran los componentes de la asociación contra el cáncer Ànima, acompañados para la ocasión de una concejala electa actual de ayuntamiento de Ontinyent. Y por otra el empresario, visto lo visto, más romántico y abnegado de la hostelería de Ontinyent, acompañado de empleados, músicos de jazz  y pocos más. Tras la llamada de tan celosa vecina de la legalidad (y al parecer de la paz que se respira en los cementerios), la  maquinaria policial se puso en marcha. Y raudos y veloces se presentaron en la terraza de dicho local público, donde tenía lugar la cena, tres agentes de la policía, que no irrumpieron como un elefante en cacharrería, pero casi. Comandaba dicha tropa un guardia, de los que deben sentirse “mil homes”, cuya fama ya empieza a transcender en la famélica vida nocturna de la ciudad. Tras comprobar que todos los papeles estaban en regla, salieron del recinto dejando un evidente rastro de prepotencia. Contrariando la creencia que la policía está para ayudar a la ciudadanía.

    Aunque no ha trascendido, se sospecha que la denunciante, de estricto anonimato, se salió del “desficaci” de rositas.

    Quién también recibía la visita de tan “laborioso” comando policial, era otro veterano hostelero de la ciudad que regenta el bar municipal enclavado en el parque público la Glorieta. Su indemostrable acusación era el exceso de sonido y tal, además de achacárseles conductas de consumos calumniosos. Y es que la complicidad entre algún vecino ontinyentí, y los excesos de algún guardia o policía local, parecen haberse confabulado para erradicar, del suelo urbano ontinyentí, a los pocos empresarios de la hostelería que se afanan por inyectarle alguna dosis de vida placentera nocturna, a una ciudad mayormente dormitorio. Un asunto peliagudo en el que el gobierno no puede seguir  con los brazos cruzados y, por consiguiente, antes que emigren de la ciudad los aludidos empresarios, como ha hecho Montesinos, deberán tomar cartas en el asunto.

     

     

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