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El Blog de Josep Antoni
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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 28
    Marzo
    2012

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    SÁLVESE QUIEN PUEDA

     A fuerza de haberse deteriorado valores que, se presume que siempre los hubo, como la solidaridad y la justicia social, nos encontramos en una coyuntura en la que empieza a divisarse  con   resignación el dicho popular de “sálvese quién pueda”, En este trance, obviamente, quién tiene todas las de perder es “poca  ropa”. Es decir los mas desprotegidos, sea individualmente o en instituciones públicas.

    El individualismo galopante de una sociedad que ha adorado al vellocino de oro del consumo se ha  dado de bruces. Y ahora andan desorientados, sin norte.

    Si miramos  arriba de la pirámide del poder valenciano vemos que, Alberto Fabra, como presidente de los valencianos, o sea de la Generalitat, lanzaba en una reciente entrevista una suerte de Sos: "sin ayuda no podemos asumir los recortes". Pues que bien, menudo mensaje tranquilizador el que lanzaba el heredero del tándem despilfarrador, Zaplana-Camps. Y como a los del PP valenciano las esencias autonómicas les importan un higo, ya que su ADN es “ofrenar”, pues ahora esperan a que papá Estado los saque del charco donde se han metido, aunque sea a expensas de vaciarles el ente autonómico.

    Pero claro como aquí, el votante, como el cliente de un negocio, siempre tiene razón y tienen licencia para equivocarse, aunque vote inconsciente y temerariamente, nadie les tildara llanamente de burros. Y así le va al pueblo valenciano.

    Mientras, en la Vall d’Albaida, aunque estacionalmente ya llegó la primavera, seguimos instalados  en el crepúsculo general, pese a algún que otro espontáneo brote verde.

    Así vemos, como informaba este diario, que a un organismo “poca ropa”, como la Mancomunitat de Municipis comarcal, le acaban de dar  con la puerta en las narices, cuando pretendía acogerse a los beneficios del maná del gobierno de M. Rajoy, para saldar los dos millones de euros que acumulan en facturas. Un revés de los suyos para el popular Filiberto Tortosa que la preside, con   efectos colaterales para los valldalbaidins.

    También vemos qué, antañas reivindicaciones de igualdad solidaria, como la que enarbolaba el socialista Jorge Rodríguez, para Ontinyent,  en relación al centenario millón de euros, que esgrimía el actual batle, cuando ocupaba la bancada de  la oposición municipal, como agravio perpetrado por el Consell del PP, ahora la cruda realidad las ha pulverizado, por eso se cogen como a un clavo ardiendo, a la construcción del demorado puente de Sant Vicent.  Y a entonar, mirando de reojo al gobierno de A. Fabra, el “virgencita que me quede como estoy”.

    Cuando se  otea el horizonte ontinyentí, en la carrera del salvamento, nos encontramos toda clase de ejemplos. Sin duda el más notorio, si no atenemos a la calidad de su rango, es Caixa Ontinyent, cuya defensa numantina de sus esencias, a la vista de los grandes tiburones financieros que andan sueltos, empieza a provocar admiración, de uno a otro confín. La gesta de solvencia e independencia de esta pequeñín, dada su rareza, pronto podría ser declarada como una especie a proteger, en  aras de la generalizada extinción de esa fauna crediticia que comúnmente se denominaba cajas de ahorro.

    También se vio que algunos fabricantes textiles, cuando empezó a rugir la marabunta China, se apuntaron al carro de la deslocalización, trasladando sus inversiones a solares mas fructíferos, como podían ser al norte de África o Asia.

    Además los tiempos que corren abonan la afloración de casos singulares, como el del ontinyentí Ramón Cerdá, un hacedor, como churros, de empresas de dudoso destino, como se ha visto con las que le han adquirido clientes distinguidos: los “Gürtel” o el lío Urdangarin. 

     

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