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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 18
    Mayo
    2014

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    SECUELAS DEL MISTERIO DE LA HERENCIA NADAL

     

    En los pasados días algunos medios nacionales se hacían eco de que “Cáritas pone en marcha microcréditos para emprendedores sin recursos”. No faltaron opinadores que sugirieron que esta noticia localizada en Cáceres  “se podría extender al resto del país”.
    La cantidad presupuestada para atender estos microcréditos a personas en riesgo de exclusión social es de 40.000 euros. Obviamente si de hacer extrapolaciones se trata, la tentación de mirar hacía Cáritas de Ontinyent, como hipotética depositaria de una parte de la herencia de la ontinyentina María Nadal, cifrada en unos seis millones de euros, resulta evidente. Toda vez que de estar dicha suma en las arcas   de Cáritas Ontinyent, esta podría, a poco que primasen el tino y la equidad, en una lotería para los emprendedores sin recursos de la ciudad. Pero  ahí,  como todo lo que envuelve a la famosa y misteriosa herencia Nadal, irrumpe la más absoluta opacidad, por parte del arzobispado de Valencia, que es la institución que, a la postre, haciendo un juego malabarista de la voluntad testamentaria de la Nadal, se afanó de la millonaria herencia que la finada legó a tres partes escrituradas de Ontinyent.
    Pronto se cumplirán dos años desde que PSOE, Copromís y EU aprobaron una moción en el pleno municipal, demandándole al arzobispado de Valencia una respuesta sobre el paradero de la herencia. La respuesta de la institución religiosa a los representantes democráticos de la ciudad de Ontinyent, a día de hoy, ha sido ninguna.
    Y es que esta suerte de latrocinio que practican los obispos, y que parece gozar de una extraña bula papal, también tiene paralelos antecedentes en Estepona, ciudad destinataria de casi la otra gran mitad del legado de la pía ontinyentina. Allí ya hace casi tres años también saltó a los medios que “El obispo se aferra a la herencia Nadal”. Donde desde la diócesis defendían que “el legado millonario puede invertirse fuera de Estepona”, haciendo una lectura disparatada e interesada del testamento de la ontinyentina. Y claro esa tesis del Obispado de Málaga, según la cual “la herencia millonaria legada por María Nadal a una parroquia de Estepona puede invertirse fuera del municipio sin incumplir la voluntad de la testadora”, parece que es, “off the record”, el argumento que en la práctica estaría sosteniendo el arzobispado de Valencia, que obra sin luz ni taquígrafos en asuntos económicos.
    En la ciudad malagueña, al igual que aconteció en Ontinyent, también colectivos del municipio, vecinos o representantes políticos le reclamaron al Obispado “que devolviera a Estepona los 16,8 millones de euros de la herencia”. El resultado hasta la fecha, en ambos casos, ha sido el mismo, nada. Es el resultado que hace valer una institución milenaria, acreditada en el arte del disimulo. Es el que ha aplicado a los creyentes mas fundamentalistas de Ontinyent, a los que les han maquillado las cuentas con gastos simbólicos, estrafalarios (caso del jacuzzi de la casa abadía) y poco mas, con el objetivo de evidenciar aquello de que “no hay mayor ciego, que el que no quiere ver”.
    Con todo quién peor parado ha salido de este embrollo es el gran gestor de la herencia de la familia Nadal, y en cuyas manos depósito su voluntad, al nombrarlo albacea, el por entonces arzobispo de Mallorca, Teodor Úbeda, ya finado, quién ya en vida libro una gran batalla contra los excesos y desvaríos de la Conferencia Episcopal, que ya quiso terciar traicionando el destino del testamento. Aunque con paciencia y oscurantismo, propios de la novela “El nombre de la rosa” del italiano Umberto Eco, la iglesia valenciana parece haberse aplicado lo de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
     

     

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