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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

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En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 12
    Enero
    2015

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    Un debate presupuestario sin fuste y tabernario

     

    El pasado lunes se vio y aprobó, con la mayoría  necesaria, el presupuesto del ayuntamiento de Ontinyent para 2015, cerca de 26 millones de euros en total. “No he vingut ací a fer amics, sinó la política del Partit Popular”, esta  frase, o consigna, espetada por el portavoz del PP ontinyentí, Filiberto Tortosa, en el transcurso del debate plenario pone, en negro sobre blanco, lo fiel que funciona el PP, desde Mariano Rajoy hasta el último edil o cargo de dicho partido. Resumiendo que los  intereses del PP, al igual que acontece en la Generalitat o en la Moncloa son endogámicos, mientras los de la mayoría de ciudadanos son meros engaña bobos.

    Y lo que a la política del PP le interesa es jugar, por enésima vez, a la ceremonia de la confusión. Tal y como se vio en el medieval foro del Palau, queriéndose  presentar como los adalides de le  la creación    de empleo, de inversiones indefinidas o de bajar impuestos. Y para avalar su estrategia política, desnaturalizaron lo que debía ser un debate edificante, sustituyéndolo por descalificaciones personales, sin entrar al trapo del rigor, o sea sustentándolo con argumentos dignos de crédito. Pero pronto se vio que aquello iba a derivar, por obra y gracia de la bancada del PP, en un aquelarre tabernario de cuchillos dialecticos. Con la arrogancia y prepotencia que, “per tot arreu”, caracteriza al PP, F. Tortosa empezó por ensañarse con los aliados del batle, PSPV, Compromís y especialmente con la nueva representante de Esquerra Unida, Paula García. Los zarpazos felinos que Tortosa le lanzó a García pusieron al descubierto su añoranza por la  “pinza”,  y por su antecesor en EU, M. Ruiz, con el que pudo dar rienda suelta, en múltiples ocasiones anteriores, a sus perversiones morbosas en el noble arte de la política. Todas las punzadas sin hilo que lanzó Tortosa estuvieron sazonadas con  esa suerte de guinda nociva dirigida a los representantes de los gobiernos plurales, y que el PP demoniza despectivamente con el anatema de “tripartito”.

    Es decir los fantasmas del pasado, unas veces, y otras el retrovisor, ocuparon el precioso  tiempo y unas energías necesarias para desafiar los retos del futuro. Ese fue el único dudoso triunfo cosechado y del que se puede jactar Tortosa. Un mérito, obviamente denigrante, al conseguir hacer bajar al cuerpo a cuerpo al resto de portavoces, con el  fin de defenderse de sus golpes bajos, zafios y sin enjundia. Ya que en la dialéctica, los razonamientos y las elucubraciones de altura brillaron por su ausencia, en el debate.

     A la postre lo que si se escenificó fue el objetivo primordial que  anida  en el seno del     PP, hacer su política de secta. Y para alcanzarlo lo hacen sin ninguna clase de escrúpulos morales o democráticos. Llevados por ese fundamentalismo que les induce a creer que el poder es patrimonio del PP. El cual, si los conservadores de antaño    esgrimían lo  de “Dios, Patria y Rey”, los  actuales, también llamados populares, diríase que blanden lo de “Dios, Patria y PP”.

    Descendiendo a lo concreto, y dejando por  sentado que sin apasionamientos o intereses el presupuesto es razonablemente mejorable, encontramos que mientras los partidos con tareas de gobierno, PSPV, Compromís y EU, defendían los presupuestos como: “realistas, eficientes, solventes y sociales”, los de la única oposición, PP, con indisimulado ánimo fúnebre, a cargo de un portavoz rígido y solemnidad de cartón piedra,   enarbolaba generalidades sin fuste. Eso sí, acechado por su incierto  futuro, Tortosa no se arrugó a la hora de lanzarle loas a su jefe en la Diputación de Valencia.  Su desánimo, reputando el presupuesto ontinyentí de “puro trámite que no ilusiona al ciudadano”, sonó  mas a impotencia y a falta  de ideas, que no a alternativa creadora y dinamizadora. Tortosa fue a por lana sin convicción y salió trasquilado.

     

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