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josep antoni mollà soriano

Encara que soc mestre titolat, "profesor de E.G. B.", deia el paper, i he treballat a Correus, el periodisme de "corresponsal", al Noticias al dia dirigida pel mestre J. J. Pérez Benlloch, i després la del Levante, fins que funde en 1987 "Crònica" per a la Vall, mentre ...

Sobre este blog de Comarcas

En este Blog tenen cabuda les meues col.laboracions setmanals a l'edició vall d'albaidina d'este diari: "El mirador del Benicadell" i "la noticia de la setmana a la Vall Blanca". També aniran caent altres escrits amb punts de vista i assumptes diferents, que puga ...


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  • 18
    Abril
    2013

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    VIDRIOS ROTOS EN LA VALL D'ALBAIDA

     El editorial de este diario, del pasado domingo, acerca de la desaparición del vidrio soplado, una industria tradicional que se remonta , al menos, a cinco siglos atrás, en l’Olleria, ponía  el dedo en la llaga y debería hacer sonar las alarmas, pero no las de la depresión y el abatimiento, sino mas bien las de levantarse,  las de otear el horizonte y, con los mimbres que se tengan a mano, seguir creando y generando riqueza. Pero pisando tierra.

    Resulta chocante, tal y como sucedió en Ontinyent, donde hace casi una década se intentó levantar un museo textil, que sirviera de escaparate sintetizador a la evolución   de una industria  que en sus orígenes también fue netamente artesanal, pero que sendas oleadas como fueron la globalización unida al tsunami económico chino, y la crisis genérica del 2008, han terminado por arrasar una industria tan floreciente en la segunda mitad del siglo XX. L’Olleria, emulando la misma idea de acopio histórico también estaba en esa dinámica museística. Un pensamiento llevado a cabo por los consistorios respectivos, espoleados, sin duda, por el afán de generar un valor añadido a sus ciudades, como es el de servir y añadir un foco mas de  atracción  turística. Un reclamo que, vista la coyuntura actual, semeja ciertamente antojadizo y secundario, ante la pila de urgencias prioritarias que los ayuntamientos deben atender.

    El efecto dominó, por los vidrios rotos en l’Olleria es innegable. Una mirada en la disminución del censo que viene registrándose en el municipio, desde 2009, apunta a otras consecuencias que están afligiendo a una población que, en las pasadas décadas, cuando vivió días  de vino y rosas,  con una empresa como la Mediterránea que regaba sus exportaciones por todo el mapamundi, con  un timón  conducido por Luis Ferri o la nueva visión hacia el diseño que dirigían nombres como Silvia García. Fueron unos años expansivos, los 80 y 90, en que esta cooperativa que se erigió en el buque insignia de la industria del tradicional vidrio soplado, aunó y diversificó sus productos de mercado, con la oferta de otros innovadores de material cerámico.

    Pero tan reciente esplendor, hoy se a quedado a oscuras y cruje. El soplado del vidrio mientras existan en l’Olleria personas artesanas como Rafael Abdón, colaborador habitual del artista vidriero albaidí, Josep Santjoan, en numerosas obras y esculturas, realizadas a dúo, en las que el de l’Olleria aportaba su técnica de vidrio soplado, “una técnica de fabricación de objetos de vidrio mediante la creación de burbujas en el vidrio fundido”. Por ello cabe señalar que la cuna del vidrio, aunque sea bajo mínimos, tiene asegurada la supervivencia, al menos con un asomo de lo que fue en dicho lugar,  tal y como hacen presagiar los proyectos emprendedores de Abdón, uno de los últimos sopladores de la Mediterránea.

    La segunda población en número de habitantes de la Vall, al igual que sucedió en Ontinyent, se ve sacudida fuertemente por el derrumbe de su principal fuente  de riqueza, el textil en la primera ciudad y el vidrio en la segunda. Las dos han sumado a la crisis general la propia de su sector económico. Sin embargo es de lamentar que a nivel institucional, con una Generalitat arruinada, sobre todo, por las turbias y erróneas políticas de “bac i limpia” que impulsaron los Zaplana y Camps, no llegue ninguna tabla de  salvación reparadora.

    Y mientras se impone el “sálvese quien pueda”, con numerosa población joven, suficientemente preparada, haciendo las maletas en todas las direcciones de la aldea global, la que se queda deberá “inventar”, día a día, como la mayoría de la población cubana bajo los Castro, para asegurar una supervivencia con un panorama nada boyante.

     

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