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Blog El Cantón  - Juan Bautista Micó Albuixech

Juan Bautista Micó Albuixech

Profesor de Educación Física (interino y atascado en la bolsa), estudiante de Historia, escritor de un blog, trabajador en una anodina oficina de la Administración... Aprendiz continuo.

Sobre este blog de Valencia

Aunque en alguna categoría hay que incluirlo, este cantón quiere reflexionar sobre todo en general y nada en particular que en algún momento y en algún lugar, por la razón que sea, haya llamado mi atención. ...


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  • 26
    Diciembre
    2013

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    “El tren”, Campos de Castilla (1912). Antonio Machado.

     Juanba Micó

    Yo, para todo viaje 
    -siempre sobre la madera 
    de mi vagón de tercera-, 
    voy ligero de equipaje. 
    Si es de noche, porque no 
    acostumbro a dormir yo, 
    y de día, por mirar 
    los arbolitos pasar, 
    yo nunca duermo en el tren, 
    y, sin embargo, voy bien. 
    ¡Este placer de alejarse! 
    Londres, Madrid, Ponferrada, 
    tan lindos... para marcharse. 
    Lo molesto es la llegada. 
    Luego, el tren, al caminar, 
    siempre nos hace soñar; 
    y casi, casi olvidamos 
    el jamelgo que montamos. 
    ¡Oh, el pollino 
    que sabe bien el camino! 
    ¿Dónde estamos? 
    ¿Dónde todos nos bajamos? 
    ¡Frente a mí va una monjita 
    tan bonita! 
    Tiene esa expresión serena 
    que a la pena 
    da una esperanza infinita. 
    Y yo pienso: Tú eres buena; 
    porque diste tus amores 
    a Jesús; porque no quieres 
    ser madre de pecadores. 
    Mas tú eres 
    maternal, 
    bendita entre las mujeres, 
    madrecita virginal. 
    Algo en tu rostro es divino 
    bajo tus cofias de lino. 
    Tus mejillas 
    -esas rosas amarillas- 
    fueron rosadas, y, luego, 
    ardió en tus entrañas fuego; 
    y hoy, esposa de la Cruz, 
    ya eres luz, y sólo luz... 
    ¡Todas las mujeres bellas 
    fueran, como tú, doncellas 
    en un convento a encerrarse!... 
    ¡Y la niña que yo quiero, 
    ay, preferirá casarse 
    con un mocito barbero! 
    El tren camina y camina, 
    y la máquina resuella, 
    y tose con tos ferina. 
    ¡Vamos en una centella!

    Hace ya tiempo que dije que iba a profundizar en la relación entre el tren y las manifestaciones culturales en general, quedando esa intención como esas primeras piedras o carteles anunciadores de obras emblemáticas. Ha llegado ya el momento de dar algo más de contenido a esa primera piedra puesta allá por el mes de julio y aunque no tenía pensado empezar por esta muestra (de hecho no la conocía cuando prometí empezar esta línea que el blog iba a trazar), el azar ha hecho que me la encontrase y que la considerase un buen punto de partida.

    A juzgar por lo que leemos, Machado parece tener una buena opinión del tren y una actitud de aprovechar y disfrutar al máximo de los desplazamientos que realiza con este medio de transporte. Incluso parece echarlos de menos cuando estos llegan a su fin y los lleva a cabo en los modestos vagones de tercera clase y sin que lleve consigo grandes bultos ni cargas y lo describe con una expresión que ha sido vista como un símbolo de la forma de ser y la filosofía de vida de Machado, ligero de equipaje, una expresión que dio título a una biografía de este poeta escrita por Ian Gibson.

    Llama la atención de este poema a ojos de los lectores actuales el elogio tanto a la belleza física como a la forma de ser de una monja, fruto de una época, la década de los años diez del siglo XX que contaba con una mayor influencia religiosa en el día a día de lo que en la actualidad es habitual. También sorprendería hoy día, que alguien considerado como progresista y de alguna manera anticlerical como Machado, ponga como ejemplo para las mujeres el estilo de vida monacal y exprese su anhelo de que todas las mujeres bellas fueran (…) doncellas en un convento a encerrarse. Quizá en este tema también influye la timidez del propio Machado y la dificultad que tenía para relacionarse con las mujeres. Una frase que solía repetir la madre de Machado, Ana Ruiz decía: “Antonio nunca ha tenido esa alegría propia de la juventud” (madre de Machado). En este sentido, Machado conocería el amor en dos ocasiones: con Leonor Izquierdo y con Pilar de Valderrama y ambas traerían mucha desdicha para el poeta. Hay quien apunta que los versos ¡Y la niña que yo quiero,/ ay, preferirá casarse/con un mocito barbero! Suponen una velada referencia a Leonor, con la que se casaría en 1909 y que desgraciadamente moriría tres años después. Quizá todas esas cualidades a las que hace referencia en este poema eran las que él veía en Leonor, ¿quién sabe…?

              Referencias a la velocidad que las locomotoras podían alcanzar y los ruidos que hacían para desplazarse, como si les costase mucho o ello supusiese un esfuerzo importante, atribuyéndole cualidades humanas como la falta de aliento o la crisis de tos completan este poema de Machado, del volumen Campos de Castilla, editado en 1912 y que ha servido de inspiración para los premios literarios de Narraciones Breves “Antonio Machado” que Renfe viene convocando desde 1977, así como para una importante iniciativa cultural llamada Tren Campos de Castilla, en la que colaboran distintas instituciones y que trata de dar a conocer tanto el periplo soriano del poeta como diferentes aspectos de esta ciudad castellana, que significaron para Machado su primera etapa como docente, la consolidación de su carrera poética y unas intensas vivencias en lo personal.

     

     

     

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