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Blog El Cantón  - Juan Bautista Micó Albuixech

Juan Bautista Micó Albuixech

Profesor de Educación Física (interino y atascado en la bolsa), estudiante de Historia, escritor de un blog, trabajador en una anodina oficina de la Administración... Aprendiz continuo.

Sobre este blog de Valencia

Aunque en alguna categoría hay que incluirlo, este cantón quiere reflexionar sobre todo en general y nada en particular que en algún momento y en algún lugar, por la razón que sea, haya llamado mi atención. ...


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  • 22
    Septiembre
    2013

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    Elogio a las carreteras nacionales

     Juanba Micó

              La expresión 'carretera nacional', lejos del pánico y desprecio que provoca en algunos, a mí me recuerda a mi infancia, una infancia en un país en el que no todos los trazados de las principales vías de comunicación se habían transformado en autovías y en el que quedaban aún bastantes tramos de carreteras nacionales. Todo ello a bordo del Renault 18 que conducía mi padre, con mi madre de copiloto y con un asiento trasero ocupado por mi hermana y por mí en permanente pelea para desesperación de los ocupantes de los asientos de delante. El desplazamiento quedaba amenizado con diferentes casetes de José Luis Perales, Simon y Garfunkel, Nino Bravo o Camilo Sesto, con la consiguiente desconexión de la música para escuchar el boletín informativo cuando el reloj se acercaba a las horas en punto. Esta escena de nuestros frecuentes desplazamientos entre Albacete y Valencia y viceversa, tenía lugar en unas carreteras en las que aún había mojones que indicaban los puntos kilométricos y en cuyas estaciones de servicio se podía encontrar gasolina normal, súper y una novedosa gasolina: la sin plomo.

    Por aquellos desplazamientos se pasaba por lugares por los que hace años que no he pasado o por los que he vuelto a pasar pero no para hacer ese desplazamiento. Así, recuerdo muy bien el castillo y las varias cuevas que se veían en la montaña de Chinchilla; los silos de Villar de Chinchilla; el castillo y las torres de la fábrica de pan Bimbo de Almansa; la emoción al vislumbrar el bonito campanario y la Torre Mora de Moixent, pueblo en el que eran frecuentes las paradas a comer o cenar en compañía de mis abuelos en plan parada técnica o para pasar algún fin de semana; la animación de la carretera a su paso por Massalavés, con sus diversas tiendas y su género expuesto en las propias aceras de la travesía; la rarísima en aquel momento, gasolinera BP de Alberic con su característico color verde (aún las había de Campsa…); la noria de L’ Alcúdia; la hiperiluminación de Benetússer, dándole un aire a Las Vegas para descubrir años más tarde que no eran casinos ni lugares dignos de una película sino tiendas y exposiciones de muebles… Hasta llegar a Valencia, a casa de mis otros abuelos, con mi tía aún viviendo con ellos y con un fin de semana emocionante por delante, en la ciudad en la que había nacido y que visitaba habitualmente pero que no era del todo mía.

    Este verano he tenido la oportunidad en algún momento de conducir por alguna carretera nacional. Mayoritariamente estos desplazamientos fueron por autovías pero en tramos clave, en los puertos de Pajares y de Guadarrama, ahí estaba situado el peaje. Y sé que es más práctico, más seguro, más cómodo ir por autovía, pero en vacaciones, sin estreses ni agobios, estos dos puntos de pago o carretera nacional con la elección de esta última opción introducía un punto de sosiego y calma al viaje y a nivel de vistas y aspectos interesantes, le daba mil patadas a una autovía, muy lejanas de donde habitualmente transcurre la vida cotidiana y los espacios donde estos momentos se producen.  Se pasaba por pueblos, algunos de ellos bonitos y que merecerían sin duda una visita o un fin de semana tranquilo. Se me ocurre por ejemplo San Rafael o Villacastín, en la provincia de Segovia, con todos los atractivos que tiene esa zona limítrofe entre Madrid y Castilla y León.

    Hay que decir que siguiendo esta carretera, la N-VI, hay diversos hitos que llaman la atención como el punto donde culmina el puerto de Guadarrama, el alto del León o el monumento a Onésimo Redondo, fundador de las JONS junto con Ramiro Ledesma, siendo conocido como Caudillo de Castilla en Labajos, pueblo en el que fue fusilado en 1936.

    El otro punto, el puerto de Pajares, conduciendo por la N-630, me encontré con un paisaje que no conocía, por el que nunca había pasado. Un paisaje muy verde, incluso en la parte que corresponde a León. Pueblos como Rodiezmo, el pueblo minero donde durante algunos años Zapatero daba inicio a su curso político; Busdongo, el pueblo de la señal de los puertos de montaña del manual que todos tuvimos que estudiar para sacarnos el carnet de conducir. Hasta finalmente llegar a Asturias, en pleno agosto con una espesa niebla y unas finas gotas que mojaban el cristal, lo que hacía muy dificultosa la conducción.

    Este verano he tenido la oportunidad en algún momento de conducir por alguna carretera nacional. Mayoritariamente estos desplazamientos fueron por autovías pero en tramos clave, en los puertos de Pajares de Guadarrama, ahí estaba situado el peaje. Y sé que es más práctico, más seguro, más cómodo ir por autovía, pero en vacaciones, sin estreses ni agobios, estos dos puntos de pago o carretera nacional con la elección de esta última opción introducía un punto de sosiego y calma al viaje y a nivel de vistas y aspectos interesantes, le daba mil patadas a una autovía, muy lejanas de donde habitualmente transcurre la vida cotidiana y los espacios donde estos momentos se producen.  Se pasaba por pueblos, algunos de ellos bonitos y que merecerían sin duda una visita o un fin de semana tranquilo. Se me ocurre por ejemplo San Rafael o Villacastín, en la provincia de Segovia, con todos los atractivos que tiene esa zona limítrofe entre Madrid y Castilla y León.

    Hay que decir que siguiendo esta carretera, la N-VI, hay diversos hitos que llaman la atención como el punto donde culmina el puerto de Guadarrama, el alto del León o el monumento a Onésimo Redondo, fundador de las JONS junto con Ramiro Ledesma, siendo conocido como Caudillo de Castilla en Labajos, pueblo en el que fue fusilado en 1936.

    El otro punto, el puerto de Pajares, me encontré con un paisaje que no conocía, por el que nunca había pasado antes. Un paisaje escarpado, muy verde, incluso en la parte que corresponde a León. Pueblos como Rodiezmo, el pueblo minero donde durante algunos años Zapatero daba inicio a su curso político; Busdongo, el pueblo de la señal de los puertos de montaña del manual que todos tuvimos que estudiar para sacarnos el carnet de conducir. Hasta finalmente llegar a Asturias, en pleno agosto con una espesa niebla y unas finas gotas que mojaban el cristal, lo que hacía dificultosa la conducción, aunque eso llegaría ya tocando Asturias.

    Tanto en la ida como en la vuelta se pudieron ver cosas interesantes. La línea de ferrocarriles FEVE, antecedente en Valencia de FGV; algunos montones de carbón, seguramente esperando a ser cargados o quizá con la crisis que lo paraliza todo, abandonados; las enormes pendientes, los pequeños pueblos y sus casas, todo tan diferente al paisaje al que estoy acostumbrado…

    Un panorama muy diferente de la nada asfaltada de las autovías y autopistas, rodeadas de feos edificios en el mejor de los casos en las cercanías de las ciudades, con centros comerciales y áreas de servicio como único punto de contacto con algo más cotidiano y más propio y con la sensación de querer continuar, de no estar más tiempo allí, de pagar cuanto antes la fianza que supone el desplazamiento por esas vías…

    Por todo esto, por ese ir descubriendo, por la riqueza incompleta que ofrecen, por la posibilidad de descubrir detalles que en otras vías de comunicación resultan imposibles, este pequeño elogio a las carreteras nacionales y a las carreteras pequeñas en general.  

     

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