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Blog El Cantón  - Juan Bautista Micó Albuixech

Juan Bautista Micó Albuixech

Profesor de Educación Física (interino y atascado en la bolsa), estudiante de Historia, escritor de un blog, trabajador en una anodina oficina de la Administración... Aprendiz continuo.

Sobre este blog de Valencia

Aunque en alguna categoría hay que incluirlo, este cantón quiere reflexionar sobre todo en general y nada en particular que en algún momento y en algún lugar, por la razón que sea, haya llamado mi atención. ...


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  • 01
    Septiembre
    2013

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    En un bonito y pequeño pueblo castellano

     Juanba Micó

       En un bonito y pequeño pueblo castellano tuvo inicio una de las más fascinantes historias de amor no cinematográfico ni literario que tengo constancia ya que tiene como protagonistas a dos personas que conozco desde hace ya algún tiempo y de las que creo puedo decir que soy amigo suyo. Y de momento nadie les ha hecho una película ni dedicado una novela… Quizá pueda ser este un buen esbozo para un guion o unas notas que den como resultado algo más elaborado, ¿quién sabe?

         Si nos remontamos a septiembre de 2000, iniciábamos en nuestro colegio religioso y a partir de ese curso, ya “de pago”, el Bachillerato y como era habitual, algunos compañeros de siempre se iban a otros institutos y otras personas llegaban para iniciar con nosotros esa etapa educativa. Y cuál fue nuestra sorpresa que todos los nuevos compañeros que fueron a parar a nuestra clase, la que albergaba el Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales, todas ellas eran chicas, para alegría de la mayoría de nosotros y no sabría decir si de decepción para nuestras compañeras de siempre.

        Una de esas chicas fue a parar justo en el pupitre de delante de mí. Tenía un aire desorientado, de encontrarse desubicada, algo lógico para quien llega nuevo a un sitio y aunque mi intención era la de que se encontrase bien y a gusto con nosotros, algo que de alguna forma eché de menos ocho años antes cuando el desorientado y desubicado era yo, no sabía muy bien de qué hablarle o qué preguntarle. La verdad es que el paso del tiempo acabó por hacer su faena mejor que yo.

        Poco a poco todos nos fuimos adaptando al nuevo curso escolar, al nuevo ambiente de clase, a quedar alguna tarde, en alguna cena, a reunirnos por algún cumpleaños y supimos que mi compañera de delante salía con un chico desde el verano del año anterior, que se conocían desde hacía bastante tiempo, prácticamente desde que eran niños, del pueblo en que veraneaban, muy lejano de Valencia y que él vivía durante el año en Madrid, ciudad que se encontraba mucho más cerca de este bonito y pequeño pueblo.

         Un buen día conocimos a este chico y fuimos coincidiendo en cenas, fallas, cumpleaños... Y acabó el Bachillerato y empezó la Universidad. Todos dejamos de estar en permanente contacto, cambiaron algunas cosas, empezaron los primeros trabajos y algunos imprevistos, que también afectaron a esta pareja. Pero esta relación a distancia, lejos de romperse continuó en el tiempo. También siguió el contacto entre el grupo de amigos y de vez en cuando nos veíamos todos. Ambos protagonistas coinciden en que fue difícil y duro, pero que mereció la pena. Él ha descrito en alguna ocasión esta situación que le ha tocado vivir como “una gran apuesta por su vida personal” y no ha dudado en manifestarlo así cuando ha tenido que tomar alguna decisión importante en algún momento.

        De alguna forma todo este largo y apasionante proceso que se inició en uno de los últimos veranos del siglo anterior culminó el pasado octubre cuando esta pareja se casó tras la compra de un piso, lugar que a veces es punto de reunión de todos nosotros, un tiempo de convivencia y muchas dificultades que esa distancia y sus propias circunstancias les fueron poniendo.

       Sin embargo esa culminación se ha visto ahora un poco no desmentida pero sí truncada, debido a esas circunstancias de las que hemos ido hablando. Ella, profesora de Secundaria se ha visto favorecida por las adjudicaciones con una vacante para todo el año. Sin embargo esa misma vacante implica el traslado a 153 km de su casa, a Ademuz.

          La tristeza y contrariedad iniciales se transformaron muy pronto en muestras de ánimo, apoyo y cariño hacia ellos y además, esta situación ha dejado toda una declaración de intenciones por parte de él, que dice mucho de cara al futuro de esta relación y que no parece que vaya a ser muy diferente a lo que ha venido siendo a lo largo de todo este tiempo: “Si 356 km no pudieron con nosotros... 153 km menos aún”.

          Una prueba más que seguro fortalecerá y hará más interesante estas notas, quién sabe si base para una novela o guion cinematográfico, de esta historia de amor que nació hace ya algo de tiempo en un bonito y pequeño pueblo castellano.

     

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