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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Blog ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO - Alberto Soler Montagud

Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 15
    Julio
    2012

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    DIOS HABLA A MARIANO NOÉ Y ANDREA FABRA





    El decimosexto de los cuarenta días (con sus cuarenta noches) previstos para la travesía, Dios quiso que cesara la lluvia y la lluvia cesó; al menos lo suficiente para permitir que Mariano Noé pudiera salir a la cubierta del arca que había construido. 

    Una vez afuera, en la superficie de la nave y pudiendo contemplar el cielo tras llevar varios días encerrado en las dependencias del arca, Mariano Noé encendió un cigarrillo y comenzó a fumar con mas ansiedad que necesidad de nicotina. Pensativo, el patriarca añoró algunos tiempos pasados mientras  veía moverse el agua desde la zona más convexa de proa. De pronto, Mariano Noé percibió que alguien se le acercaba. Era su ahijada Andrea, la hija de su amigo Carlos, el mismo hombre que antes de retirarse al Monasterio de Carabanchel le regaló sus gafas de sol ("allí a donde voy no las necesitaré en muchos años, amigo mío"), las mismas que en ese momento llevaba puestas Mariano Noé  porque Dios había querido que el sol saliera durante unos minutos en la mañana del decimosexto día de la travesía.

    - Precisamente contigo quería hablar, Andrea –dijo Mariano Noé al percatarse de la presencia de la muchacha.


    - Vos diréis padre mío –respondió la ella con un puntito de descaro heredado de su verdadero padre, que siempre había irritado a Mariano Noé.


    - He revisado en la bodega la sección de mamíferos del bosque y no he encontrado la pareja de gacelas que te encomendé traer a la nave. ¿A caso olvidaste cumplir mi orden, Andrea? –dijo Mariano Noé empleando un tono que intencionadamente era mitad enérgico y mitad condescendiente.


    - Así es, querido padre adoptivo. Una vez más tenéis razón. Lo olvidé. Pero debo decir que, en el fondo, me alegro, pues nunca me gustaron las gacelas

    
- ¿Pero, que haremos entonces sin esos dos animales, muchacha? ¿Como repoblaremos de gacelas los nuevos bosques si no tenemos la pareja de macho y hembra que te encargué? 

    - ¿Quiere que le responda con sinceridad, padre querido? –dijo Andrea con un mohín desafiante.


    - Con total sinceridad, Andrea –respondió Mariano Noé asintiendo - ¿Qué  ocurrirá con las gacelas?


    - Si he de ser sincera, mi respuesta es…: ¡Que se jodan!


    - ¡Andreaaa! -bramó Mariano Noé - ¿Acaso ignoras que Él te está escuchando?
 ¿No te enseñaron que Él lo oye todo?

    - ¡Pues, que se joda Él también! –dijo la chica con un desaforado descaro rayano en la provocación.

    De pronto, resonó un terrorífico estruendo y cayó del cielo agua y piedra al tiempo que el sol desaparecía como por arte de magia. El día  se hizo noche y desde lo alto se escuchó una voz clara y potente que proclamaba su autoridad y producía pavor a todo aquél que la escuchara, ya fuera hombre o animal. 

    - ¿Qué es lo que has dicho, Adrea? –atronó la voz de Dios.


    Temblando, la muchacha cayó de rodillas y se percató de que había provocado al Creador. Y de pronto tuvo miedo a perder los privilegios que le habían sido prometidos por intercesión de su padre adoptivo, Mariano Noé. Andrea rectificó de inmediato y se dirigió al Señor diciendo: 


    - No ha sido mi deseo ofenderos poderoso Señor, Creador del cielo y de la tierra.


    - ¿Entonces, porqué has dicho lo que has dicho, deslenguada? –dijo Dios al tiempo que con gran puntería lanzaba dos rayos, uno a cada lado del arca, atemorizando tanto a la chica como a su padre adoptivo a quien, por el susto, le cayó la colilla que sujetaba entre los labios.

    - Cu… cuando he dicho ¡Que se jodan!, no quería ofenderle, Señor. Ni tampoco me refería a las gacelas.


    - ¿A quien entonces Andrea?


    - ¡A los socialistas señor, a los socialistas!
 ¡Me refería a la bancada socialista del Congreso!

    "Claro, ¿A quien si no?" reflexionó Dios en silencio como cayendo en la cuenta de algo tan obvio que se le había pasado por alto y que era un atenuante exculpatorio de Andrea.

    - ¡Andad ya pareja de haraganes! –dijo el Creador con tono bonachón-.  Entrad los dos en el arca que estáis hechos una sopa. Y tú, Mariano Noé, quítate ya esas gafas oscuras, que ya no hace sol y pareces un mafioso.

    Mientras Mariano Noé y Andrea le obedecían y entraban a la zona de camarotes a través de la escotilla central de babor, el Creador se despidió de ellos tal como solía hacer cuando exhibía sus poderes (en el fondo, era como un niño, y mucho más conforme se hacía mayor).  Dios movió las manos haciendo filigranas con los dedos como si fuera como un mago y de pronto, extendió teatralmente los brazos y lanzó de nuevo un rayo, esta vez uno solo y acompañado de un sádico trueno que ensordeció a todos los tripulantes del arca, de tal modo que hombres y animales dejaron de oír,  y no fue hasta el vigésimo día de navegación que recuperaron la audición, justo cuando faltaban veinte días para que llegara el ansiado fin de su larga travesía.

     

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