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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Blog ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO - Alberto Soler Montagud

Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 25
    Mayo
    2014

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    JORNADA DE REFLEXIÓN

    Ayer, día de reflexión electoral, decidí levantarme temprano, y tras el preceptivo desayuno, me senté en el sillón donde suelo meditar cuando algo importante se avecina. Previamente había puesto en mi equipo de sonido un disco –Conversations with my self– que a veces me sirve de ayuda antes de tomar decisiones. Se trata de una obra maestra del intimista Bill Evans, en la que el pianista conversa consigo mismo a través del piano, lanzando sugerencias en forma de melodías a las que él mismo responde en una segunda grabación. El resultado del ensamblaje de ambas pistas dio lugar en 1963 a un magistral e hipnotizante diálogo, hoy considerado como unos de hitos discográficos de la historia del jazz.

    Mientras Bill Evans flotaba en el ambiente, me puse en la tarea de repasar el contenido de un montoncito de sobres –casi ocho centímetros apilaban para mi sorpresa – que había ido acumulado las dos últimas semanas conforme llegaban a mi buzón con motivo de la campaña electoral europea. La tarea me resultó más sencilla de lo que imaginaba, pues apenas transcurrido diez minutos la di por concluida al tiempo que experimentaba tres profundas decepciones que me impulsaron a tirar todos los sobres y su contenido al cubo de reciclaje de papel y cartón de mi cocina.

    La primera decepción fue comprobar que muchos partidos políticos conocían mi nombre y mi dirección y me pedían que les votara siendo que, durante el tiempo transcurrido desde la última campaña electoral, no se habían puesto en contacto conmigo interesándose por mis necesidades. La segunda decepción surgió cuando reparé en el absurdo gasto de tan gran dispendio en papel y en esfuerzos, sólo para incitar a los más débiles a que tomen una decisión de voto que no debería surgir del contenido de un buzón de correos, para más inri entremezclada con cartas de bancos y alguna que otra oferta de comida china a domicilio.

    Ya por último, la tercera decepción fue mas bien anecdótica, pues conforme abría los sobres que me había enviado el Partido Popular –olvidaba decir que algunos partidos depositaron en mi buzón varios sobres con papeletas como si se pudiera votar varias veces– no negaré que albergaba la ilusión de encontrar en su interior un fajito de billetes de quinientos euros, anhelo que al final quedó en nada como era de suponer.

    El final de la historia es que al día siguiente, o sea hoy, he acudido a votar libremente, sin hacer caso de imposiciones y propagandas y aunque sólo fuera  cumplir con un derecho –tal vez también un deber– democrática y alentado por la ilusión de la ilusión de poder botar algún día a quienes viven del cuento, en gran parte gracias a los millones de desencantados que nunca votan.

     

     

     

     

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