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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Blog ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO - Alberto Soler Montagud

Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 02
    Marzo
    2013

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    MIRAR A LOS OJOS A UN PERRO, TODA UNA EXPERIENCIA

     
    Cuando miramos los ojos de alguien que también mira los nuestros, no solo vemos un par de pupilas y un iris con un color que llama nuestra atención; también sentimos una presencia que se funde con la nuestra propia, una luz externa que despierta nuestra propia luminosidad, una comunicación directa y lúcida que se convierte en sinónimo de 'poder comprender' través de las puertas que nos transportan al universo de la conciencia y la consciencia del 'otro'.
     
    Sin embargo, hay veces que mirar a los ojos se nos hace difícil y complejo, tal vez por miedo a que la desnudez a la que nos exponemos con una mirada directa amenace nuestro ego y vulnere esa intimidad que con celo tanto mantenemos oculta.  
    Pero... ¿.. y los perros?
     
    ¿Que ocurre con la mirada de los perros? 
     
    Aunque son capaces de interpretar la mirada directa de un ser humano extraño que les suponga ofensa o agresión, a un perro nunca le molestará mirar ni que le mire a los ojos aquél a quien no identifique como un peligro. Es más, les encantará recibir las miradas que interpreten como amables, y corresponderán a ellas de un modo noble, abierto, sumiso y , por qué no decirlo, también con amor. 
     
    En cualquier caso, las leyes naturales que regulan la supervivencia de las especies (la humana incluida) recomiendan que, cuando se entable contacto con un perro por vez primera, esperemos a que sea él quien nos mire primero y le devolvamos la mirada nunca directa de entrada sino de reojo e incluso bajando los ojos. Es un modo de decirle:  “soy pacífico, no voy a hacerte daño, puedes estar tranquilo”, que él identificará de inmediato según su código gestual.
     
    Luego, ya por siempre, y en función de las experiencias que lleguemos a compartir con el can, será posible intercambiar con él miradas tan hermosas como la de la foto que ilustra esta reflexión.

    Alberto Soler Montagud

     

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