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Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 15
    Septiembre
    2015

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    xenofobia Petra Laszlo refugiados sirios

    Petra Laszlo: perfil psicopatológico de una xenófoba

     

    Petra Laszlo: perfil psicopatológico de una xenófoba

    La brutal agresión a varios migrantes sirios por parte de la camarógrafa húngara Petra Laszlo abre de nuevo el debate sobre la existencia de la maldad como una tendencia natural inherente a ciertos individuos cuya ausencia de moral, bondad, caridad o afecto natural por su entorno y los seres humanos en general, se plasma en deleznables actos voluntarios sin que haya un trastorno psicológico que los justifique como algunos pretenden argumentar.

    Aun no repuestos del impacto de las dramáticas imágenes del cuerpo sin vida del niño Aylán Kurdi yaciendo boca abajo en una playa turca en su intento de huir con su familia del infierno bélico que dejaban atrás en Siria, los informativos nos sorprendieron la semana pasada con el acto de violencia de una reportera al poner la zancadilla a un migrante sirio, que corría con su hijo en brazos, para hacerle caer al suelo, luego dar patadas a una niña y lanzar a su vez certeros golpes contra una multitud de sirios que intentaban atravesar la frontera entre Serbia y Hungría. 

    Apenas supe de la noticia, escribí un comentario en una red social censurando la nefasta actuación de la periodista húngara (operadora de cámara al servicio de una cadena de televisión vinculada a la extrema derecha) y me llamó la atención que una mujer me respondiera en el acto, indignada y justificando que Petra Laszlo actuaba «desde su libertad y condicionada por un miedo personal mal gestionado», curiosamente los mismos argumentos que días después utilizaría la agresora tras unas jornadas de silencio  en las que debió ser asesorada sobre como excusarse de su violenta actuación.

    «Lamento lo sucedido. La cámara estaba rodando, cientos de inmigrantes rompieron el cordón policial, uno de ellos corrió hacia mí y me asusté».

    «Ocurrió algo dentro de mí. Simplemente pensé que me estaban atacando y que tenía que protegerme. Tuve un ataque de pánico y es difícil acertar con las decisiones cuando la gente es presa del pánico».

     «No soy una cámara racista sin corazón que patea niños. Y no merezco esta caza de brujas contra mí, ni la difamación ni las amenazas de muerte. Soy una madre soltera en paro con hijos pequeños que tomó una decisión errónea ».

    «Siento sinceramente lo ocurrido (...) prácticamente estoy en un estado de shock por lo que hice y por lo que están haciendo conmigo»

    Tras una primera lectura de estas citas, y después de haber visionado detenidamente los videos donde Petra Laszlo da rienda suelta a sus instintos mientras baila una satánica danza al son del odio xenófobo que, presuntamente, bullía en sus entrañas, resulta difícil creer que ésta mujer actuara por miedo cuando en ningún momento se le ve realizar movimientos de defensa sino más bien propinar certeras patadas de ataque muy bien coordinadas, al tiempo que manejaba su aparatosa cámara.

    Las excusas de Laszlo me recordaron a los alegatos esgrimidos durante los juicios de Nuremberg cuando los inculpados por el genocidio nazi y sus defensores pretendieron convencer al jurado de que ninguno de los acusados había actuado con maldad («no era consciente de lo que hacía», «no ejercía control mental sobre mis actos» «sólo obedecía órdenes» «estoy conmocionado, en estado de shock»…) a fin de obtener un veredicto de no culpa que finalmente no consiguieron ya que los tribunales desestimaron muchas de estas alegaciones reconociendo, tácitamente, la existencia de maldad intrínseca en los acusados.

    Petra Laszlo y quienes a partir de ahora la defiendan desde posturas ideológicas xenófobas y extremistas, intentarán convencernos de que su salvaje exhibición de patadas y zancadillas no fue más que una muestra de miedo y una reacción de supervivencia por parte de una mujer que atravesaba una situación límite y que al sentirse en peligro decidió defenderse.

    Es frecuente escuchar, cuando alguien comete un acto violento de gran repercusión, que el ejecutor del mismo estaba fuera de sí –enajenada, loco– tal vez como un intento exculpatorio de la condición humana a quien se quiere dejar al margen de la comisión de actos delictivos voluntarios, sin tener en cuenta que al igual que existe el bien (inclinación natural a ejecutar buenas acciones, a ser comprensivo con el entorno y con los demás) y nadie recurre a ningún trastorno mental justificarlo o explicarlo, también existe el mal como una realidad  per se que no tiene por qué ser la consecuencia de una patología psiquiátrica.

    Sin embargo, es frecuente que ante una exhibición de maldad, se tienda a disculpar a quien la comete argumentando, por ejemplo, que quien perpetró un asesinato múltiple lo hizo porque  estaba enfermo mentalmente; es un error muy frecuente no tener en cuenta que un criminal puede actuar sabiendo lo que hace, y hacerlo sólo en base a su maldad y no porque padezca un trastorno psíquico.

    Según se desprende de su lenguaje corporal, es altamente probable que al agredir a los migrantes sirios, Petra Laszlo actuara desde su libertad, con voluntariedad y no condicionada por una enajenación mental transitoria, ni tampoco como consecuencia de un brote psicótico (su contacto con la realidad parecía intacto y coherente)  o como respuesta a una crisis de pánico ya que en estos casos lo habitual es la inhibición de quien la sufre y la adopción de conductas de huida más que de ataque. Resulta muy significativo que la agresora solo manifestara su conducta violenta contra el grupo de migrantes y no sobre el resto de personas presentes en la región fronteriza; dicho de otro modo, todo apunta a que esta mujer era consciente de lo que hacía y plenamente responsable de sus actos. Tal vez lo único cierto de sus declaraciones al justificarse, sea que tras su manifestación de agresividad se encontraba en estado de shock, algo comprensible por la repercusión internacional mediática que ha tenido su arrebato de violencia; pero  consideremos que estar en shock cuando alguien es señalado por el dedo acusador de todo el mundo puede ser una consecuencia, pero nunca una causa de lo que previamente se ha hecho. 

    En cualquier caso, la última palabra sobre la culpabilidad o la inocencia de Petra Laszlo dependerá de lo que en su momento dictamine el tribunal que la juzgue (si es que progresan las acciones legales que la oposición húngara ha anunciado que presentará contra ella) por haber actuado con tanto odio y belicosidad en contra de un grupo de personas desvalidas que no la atacaron y sólo huían de una guerra y una muerte casi segura en pos de su ansiada libertad.

     

     

    Alberto Soler Montagud
    Médico y escritor

     

     

     

     

     

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