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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 12
    Mayo
    2013

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    SANIDAD: UN CAMBALACHE DE PRIVATIZACIONES

     

    CUANDO LA SANIDAD ES UN CAMBALACHE DE PRIVATIZACIONES A PRECIO DE AMIGO
     








    Suelo desayunar leyendo la prensa y mis desayunos son cada vez más largos. Siempre hay una noticia que llama mi atención lo suficiente para incitarme a escribir un artículo, y lo peor –toda una tortura– es que lo hago  tecleando con un dedo en la pantalla de mi iPhone. El resultado siempre es el mismo: se me calientan los ánimos y se me enfría el café con leche, excepto cuando la camarera, siempre solícita, me dice: ande, tómeselo calentito que luego ya tendrá tiempo para escribir.
     
     
    Hace unos días, me topé con un anuncio a pie de página impar, que son las que mejor entran por la vista porque las pares las mantenemos levantadas. Era un reclamo publicitario que anunciaba intervenciones de cataratas a buen precio. Hasta se ofrecía (con el periódico) un bono descuento de 600 euros. “Cataratas, ¿por qué esperar?”, rezaba el eslogan, a falta sólo de agregar lo que el subconsciente de cada cual podía añadir sin esfuerzo:  “… para que aguantar una larga lista de espera hasta quedarte ciego ”. Sin duda –pensé– éste es un modo tan bueno como cualquier otro para ganar dinero. Tal vez también yo me anunciara así  si hubiera sido oftalmólogo.
     
    Entre sorbo y sorbo, taza en mano, caí en la cuenta de que la clínica oftalmológica en cuestión podía hacer su agosto en este río revuelto que es nuestro sistema público sanitario donde, recortar y privatizar es un placer, genial, sensual, como decía Sara Montiel cuando aun se fumaba en los bares.
     
    Y a mí –que me gusta ir por delante de los acontecimientos– me dio por preguntarme:

    ¿Qué anuncio leeré mañana o pasado? 

    ¿Qué males estarán en oferta en la prensa dentro de muy pocos meses si esto sigue como va? 

    ¿Qué patologías tendrán promociones y bonos-regalo de 600 euros para los impacientes (antes pacientes) que no quieran aguantar un año, o más, hasta ser operados por la pública?
     
    Pero luego intenté ponerme del lado de quienes aplican recortes –lo mío me costó– por ver si entendía mejor sus argumentos. Y me dije:

    ¿Acaso la gente es egoísta por naturaleza y lo quiere todo para 'ya mismo' y sin esperas?
    ¿Con lo encomiable que es la virtud teologal de la paciencia, por qué serán tan cerriles esos impertinentes que piden: "Venga doctor, opéreme rápido que casi no me veo"?

    ¿No será que estos alarmados gemebundos, dramatizan sin razón y agobian al sistema sanitario sólo por unas cataratas, cuando existen seguros privados donde pueden operarse de un día para otro?

    También, en el peor de los casos –pensé como solución alternativa–, quien no quiera gastarse cuatro perras de nada, siempre puede encontrar a un parado (tal vez su vecino de pared) que le lea el periódico o le ayude a pasear cuando salga a la calle hasta que le operen.








    Casi sin querer, mientras aguardaba a que me trajeran el segundo café, escuché a un matrimonio que, en la mesa del al lado, leía el mismo periódico que yo había dejado ya. Comentaban el anuncio de la clínica oftalmológica y la señora le decía al marido: "imagínate que a los políticos les gusta la idea y ponen anuncios como este en la prensa": 

    "Tumores, prótesis, próstatas, cataratas ¿Por qué esperar? 
    Con un módico copago y este bono-regalo, olvídese de las listas de espera. 
    Gobierno de España".
     
    Pensé que la señora tenía un sentido del humor rayano en el sarcasmo, pero a mí se me agrió el desayuno al pensar que todo era posible en un país donde, desde uno de los mejores sistemas sanitarios públicos del mundo, vamos hacía un cambalache de privatizaciones a precio de saldo y con cargo al sufrido contribuyente.
     
    ¡Que Dios nos pille confesados!

     

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