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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Blog ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO - Alberto Soler Montagud

Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 01
    Febrero
    2013

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    TOBLERONE COMO REMEDIO CONTRA LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

    Como bien dice mi amiga Coral Bravo en su último ARTICULO  en el periódico de tirada nacional donde ambos colaboramos, “con la excusa de la economía, los del PP están devastando otros ámbitos fundamentales", ya no solo la sanidad, la cultura, el trabajo... sino los mínimos derechos que nos corresponden solo por el hecho de existir y porque además los pagamos", que caray!

    Estos días estoy experimentando la intensa sensación de haber llegado al límite de 'algo'. No sé exactamente al límite ‘de qué’, pero percibo que esa famosa ‘gota’ que muchos esperaban, se ha vertido al fin sobre el vaso de la paciencia ciudadana consiguiendo que se derrame. Igualmente, ese 'petardazo' que tantas veces se ha pronosticado, parece estar a punto de estallar. Tal es la conmoción ocasionada por los recientes acontecimientos –y sobre todo por la ‘guinda contable’ aportada por el secretario Bárcenas–  si de esta no salta la liebre de la reacción popular que muchos esperan y desean, vamos a tenerlo muy, pero que muy claro, durante una buena temporada.

    La corrupción es el enemigo

    Que nadie lo dude: la corrupción es el enemigo a derrotar y la lucha contra las prácticas corruptas necesita urgentemente de un “plan de transformación sociocultural” dirigido a prevenir (o a combatir, si ya se ha instaurado) la creencia fatalista de que la corrupción es inevitable e imposible de vencer.

    Otro puntal para acabar con la corrupción sería poner punto y final al inmovilismo de una sociedad como la nuestra, tan resignada que roza peligrosamente los límites del masoquismo.

    Se imponen actuaciones encaminadas a que la honradez recupere el control de las instituciones y se lo ofrezca –por cauces democráticos– a unos gobernantes honestos que sean capaces de someterse a las leyes como cualquier otro ciudadano y actuar como servidores electos y no como oligarcas.

    Chocolatinas Toblerone

    Una amiga me comentaba desde Suecia el –para los suecos ‘famoso’– "caso Toblerone" consistente en que una ministra sueca tuvo la mala idea de comprar chocolatinas  de la marca Toblerone con una tarjeta de crédito del gobierno y al ser descubierta, decidió dimitir de inmediato y retirarse de la vida política arruinando así su carrera profesional por un Toblerone.

    Igual que en España, solo que al revés.

    Igualito, igualito que el difunto de mi abuelito, como decía el recordado abuelo Cebolleta creado por el genial Manuel Vázquez.
     

    Hay que acabar con el individualismo fatalista

    Cuando la ciudadanía se acostumbra a las praxis corruptas de sus dirigentes y las asume como un fenómeno consustancial e inevitable, surge una tendencia al individualismo y un escepticismo que aboca en una falta de compromiso social por parte de los ciudadanos, un “individualismo fatalista” que se plasma en la tendencia a priorizar las aspiraciones individuales sobre los deberes colectivos del ciudadano, así como el fatalismo de sentirse abocado a un destino que haría inútil cualquier tipo de queja u oposición.

    Es así como, poco a poco, va instaurándose un abúlico ostracismo que frena el ímpetu cooperante del individuo en las tareas sociales. Una de sus peores consecuencias es la altísima abstención a la hora de acudir a las urnas cuando se convocan elecciones. Es por ello que quienes, por resignación e indiferencia, asumen la corrupción como algo inevitable y se abstienen de votar, deberían ser conscientes de que su apatía contribuye a  la autodesintegración de la sociedad en la que viven.

     

     

     

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