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ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO
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Blog ERGO IPSO FACTO COLUMBO OREO - Alberto Soler Montagud

Alberto Soler Montagud

Apasionado por la música. Soy un ferviente mahleriano aunque también un enamorado del jazz clásico que no renuncia a otras músicas siempre que lleguen a emocionarme. Me gusta tanto leer como escribir y a veces hasta crear una singular obra gráfica de la que he hecho varias exposiciones. En octubre d...

Sobre este blog de Comunitat

Este blog nace para que afloren algunas de mis inquietudes y mantiene una ventana abierta para que los seguidores plasmen libremente las suyas.


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  • 02
    Mayo
    2013

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    UNA PIEDRA DEL MURO

     

    El concepto de la libertad llega ser tan abstracto que es más fácil asimilar su esencia desde la negación de la misma (la libertad) desde el dolor que surge cuando se nos arrebata; mucho más que desde del hipotético placer –que tantas veces pasa desapercibido– que sentimos al disfrutar de ella como algo natural e inherente a la propia vida. Craso error mientras para tantos, sea aun una inalcanzable quimera.

    Recuerdo que siendo niño, mi abuela materna, una mujer sabia, me decía con frecuencia que “la libertad y la salud, son prendas de gran valía, que sólo se reconocen cuando se ven perdidas”. Yo asentía con gesto circunspecto haciendo ver que la entendía (en verdad creía ) lo que tardé años en interiorizar como una experiencia propia.

    Viene esto a colación de un objeto que aparece en la fotografía que ilustra estas reflexiones, concretamente un fragmento de piedra de color rojizo que conservo desde un viaje que hice a Berlín, recién estrenado el tercer milenio de nuestra era, y en el que una tarde calurosa, no pude resistir la tentación de arrancar del muro que antaño dividía la ciudad (con mis propias manos y gran riesgo de quedarme sin uñas) que en una apartada zona del de la ciudad, aun conservaba bastante bien su aspecto original y previo a la demolición de 1989.

    Lo que aun quedaba del muro de Berlín en aquél barrio, pese a la libertad que se respiraba tras su derribo, invitaba a reflexionar y lamentarse al rememorar miles de historias vividas por familias separadas, amigos forzosamente distanciados, amores imposibles y muertes en desesperados intentos de huida, todo ello vinculado a la carencia de unas libertades que fueron desapareciendo conforme el muro se construía en agosto de 1961 y sin que la razón ni la verdad absoluta (quimérica ficción)  se encontra en ninguno de los dos lados. 

    Como recuerdo de aquella visita, conservo en un lugar bien visible de mi hogar, muy cerca de mi zona de trabajo y dentro de una cajita de metacrilato, el fragmento que arranqué del que fuera un quilométrico paredón llamado 'de la verguenza'.

    Todo los días me tropiezo visualmente con él, no porque lo busque explícitamente, sino porque está allí y necesariamente su presencia y la mía confluyen; la casa no es tan grande como para que vivamos nuestras propias vidas sin encontrarnos con frecuencia.

    Son muchas las veces que al ver la piedra, con una sonrisa apenas perceptible, manifiesto la satisfacción que siento al ser un hombre libre que puede hace lo que desea y que se expresa y actúa de acuerdo a sus principios, al menos en la medida de sus posibilidades y siempre que las circunstancias me lo permitan.

     

     

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