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Leemos y recomendamos libros. No somos críticos, pero nos aferramos a nuestra pasión literaria como quien se abraza a un primer amor. Y recordad... todo está en los libros


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  • 26
    Enero
    2015

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    Maquiavelo ha muerto (o está muy pachucho)

     

    Por VICENT IVARS

     

    Título: «El fin del poder»

    Autor: Moisés Naím

    Año: 2013

    Género: Ensayo

    Editorial: Debate

    Páginas: 448

     

    «Querer es poder» es uno de esos lemas motivacionales que uno encuentra por doquier. Y luego está esa expresión igualmente omnipresente –y mucho menos optimista–: ser «un quiero y no puedo».

    Estas, en esencia, son las cuestiones que aborda el analista Moisés Naím en su ensayo «El fin del poder», que no es sino un arriesgado ejercicio de observación que sostiene algo –a priori– descabellado: que los más poderosos tienen cada vez menos poder. Toda una provocación propia de un «enfant terrible» en estos tiempos de pensamiento tan único ¿a que sí?

    Me encanta desayunar las columnas dominicales de Naím. Constituyen toda una exhibición de sagacidad aplicada a los eventos consuetudinarios que acontecen en el mundo mundial. Su singular punto de vista suele venir acompañado, además, de una originalísima puesta en escena. En ocasiones, el autor venezolano plantea sus análisis como un formidable juego con el lector; como ese maestro que, además de dominar la materia, ama la educación y enseña a sus alumnos mientras los divierte. Y así es como el desayuno de sus ideas se paladea más allá del almuerzo y la cena.

    Pero «El fin del poder» no es un desayuno, claro. Es un opíparo banquete de reflexiones, datos y circunstancias que afirma y se reafirma en lo antedicho: que el poder –político, económico, militar, religioso...– es cada vez más impotente.

    Así las cosas, me abalancé sobre este libro con la suicida seguridad de los jactanciosos. Porque uno se enfrenta a «El fin del poder» convencido de que debe de ser un error de principio a fin. En mi descargo, diré que lo leí allá por octubre de 2013, recién salidito del horno impresor. Entenderán que en aquella España –con un Gobierno que, en el ecuador de su legislatura disponía (dispone) de una mayoría absoluta como nunca antes lo tuvo nadie y con una capacidad ilimitada para aplicar medidas tremendamente impopulares–, era más que comprensible que uno dudara de las tesis del señor Naím. Pues bien, unos capítulos después, servidor ya había depuesto algunas de sus posiciones y suposiciones. Eso sí, me mantuve tras un cómodo «Spain is different», según el cual lo que nos acontecía en casa era una excepción a todas las teorías del señor Naím.

    Maquiavelo ha muerto (o está muy pachucho)

    Este nuevo trabajo de Naím es arriesgado en superspectiva, sí. Pero es que además, resulta ser fecundo en datos que la respaldan. Y también tremendamente pedagógico en su exposición. Es una fácil lectura de la complejidad del mundo actual. Tanto es así, que aquí y allá el lector se encuentra con pequeñas frases, sencillas pero contundentes, que iluminan el camino. Epigramas, aforismos o –venga, va, lo diré– brillantísimos tuits. He aquí uno que acaso resuma la tesis central del libro: «El poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder».

    En adelante, el ensayista se detendrá en explicarnos cómo, a pesar de su aparente omnipotencia, los ricos están cada vez expuestos a caídas más fuertes de sus fortunas. los bancos han afrontado competencias más audaces con la aparición de los fondos de riesgo, las alianzas internacionales son cada vez más inoperantes y las empresas más punteras pueden ser inmunodeficientes a los desastres de sus marcas. Y eso por no hablar de las religiones.

    Otro eje que mueve este libro lo conforman otros tres ejes: las revoluciones del más (cada vez hay más de todo), de la movilidad (cada vez ese todo es más rápido) y de la mentalidad (que en cierto modo es una suma de las dos anteriores).

    Un tuit que marcarían como favorito: «Cuando las personas son más numerosas y viven vidas más plenas, se vuelven más difíciles de regular, dominar y controlar».

    Si a ello le suman la eclosión de los «micropoderes» que están proliferando en todos los ámbitos, tendremos ya los sólidos cimientos sobre los que se levanta esta obra.

    «El fin del poder» ha gozado recientemente de un formidable respaldo popular: el que le ha otorgado Mark Zuckerberg –mister Facebook– al elegirlo como el primer título de su recién fundado Club de Lectura global. El libro, ya lo dije, cuenta ya con un añito y pico, pero lejos-lejísimos de quedar desfasado, el lector que se zambulla ahora en sus páginas, podrá leer entre líneas y comprender –como en los juegos que Naím plantea en sus columnas– cómo en España se ha llegado a la actual situación política y de partidos, con nuevos actores y nuevos discursos y ¿nuevos futuros?

    Otro tuit al que darían retuit: «Nadie tiene el poder suficiente para hacer lo que sabe que hay que hacer»

    Y otro: «Nadie tiene el poder suficiente para hacer lo que sabe que hay que hacer».

    Y es que si bien la lectura de «El fin del poder» nos hace descubrir libertades y ventajas que estamos gozando, también es cierto que, a la vuelta de una página, de improviso, nos pone delante de nuevos riesgos y amenazas cotidianas, fruto de esta anemia del poder.

     

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    «Nunca tan pocos tuvieron la posibilidad de hacer tanto daño a tantos a un precio tan bajo»

    Y es entonces, al llegar a la parte más tenebrosa de la pérdida de poder del poder contemporáneo, cuando a un servidor le viene al recuerdo el anterior libro de Naím: «Ilícito», una vertiginosa exploración de la delincuencia y el crimen –piratería, terrorismo, contrabando de armas, de medicamentos, de drogas, de mujeres, de órganos– que campan, a escala global, de forma creciente y mucho más cerca de nuestra vida de lo que sospechamos.

    En conclusión «El fin del poder» es un libro que cualquiera debería leer. Sobre todo aquellas personas que tienen alguna relación con el poder. Que en definitiva, somos cualquiera de nosotros. Yo, de momento, se lo he recomendado a mis amigos.

     

     

     

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