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Jonatan Molina

Jonatan Molina es psicólogo por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), licenciado con mención honorífica "Alumno 5 estrellas". Se especializó en psicología clínica infantil y actualmente combina su labor en la clínica con proyectos de investigación y formación a padres y centros educativos.

Sobre este blog de Salud

El blog de psicología de Jonatan Molina Torres


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  • 23
    Marzo
    2017

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    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo)

    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo)El comportamiento de tu hijo, salvo casos excepcionales, suelen ser una conducta aprendida y por tanto modificable. La conducta no es una característica inamovible, algo que está ahí para toda la vida porque “el niño es así”, por tanto mediante procedimientos de aprendizaje y modificación de conducta es posible reducir la agresividad y enseñar un comportamiento más adecuado que permita al niño adaptarse al medio en el que vive. Los cambios no suelen darse de un día para otro, sino que llevan tiempo pero vale la pena el esfuerzo si finalmente se consiguen reducir los comportamientos negativos de tu hijo. Siguiendo las pautas que Isabel Serrano expone en su libro "Agresividad infantil", os propongo una serie de pasos que harán más fácil vuestra tarea: 

    1. Define su comportamiento

    ¿Qué es exactamente lo que tu hijo está haciendo? Explicarlo de manera concreta permite planificar una estrategia para el cambio, mientras que comportamientos como “se porta mal” o “es muy agresivo” no ayudan a entender exactamente cuál es el problema. Huye de etiquetas globales y utiliza definiciones que te permitan trabajar ("me insulta cuando le castigo", "pega a su hermano",...). Escribe los problemas de tu hijo a continuación:

     

    Mi hijo…

    __________________________________________________________________________________

     

    __________________________________________________________________________________

     

    __________________________________________________________________________________

     

    1. Determina la frecuencia de su comportamiento

    Ahora que sabes qué comportamientos quieres cambiar, observa la frecuencia con la que ocurren. Cuenta el número de rabietas que tiene en un día, o cuánto tiempo duran, o lo intensas que son. Hazlo durante una semana para establecer una línea base que, conforme avance la intervención, deberá ir reduciéndose. Para ello, puedes utilizar una tabla donde anotar cada vez que ocurre una de estas conductas como la que aparece a continuación. Solo debes hacer una señal (I) cada vez que se da un comportamiento y luego sumar el total de manifestaciones para cada día. Cuando sumes el total de cada día tendrás una idea clara de con qué frecuencia se comporta agresivamente tu hijo (incluso puedes pasar esta información a una gráfica)

     

    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo) 

    1. Define funcionalmente la conducta

    A la vez que registras la frecuencia, indica también qué ocurrió antes y después de su comportamiento, es decir, los antecedentes y los consecuentes de su conducta. Una vez registrado, observa la tabla y analízala ya que esto te ayudará a sacar conclusiones generales, como por ejemplo si los antecedentes registrados son parecidos o si la mayoría de problemas de comportamiento están provocados por un antecedente común. Examina también si hay momentos, lugares o personas que hacen más probable que ocurran comportamientos negativos. Al analizar las consecuencias, es importante saber cómo responden los padres, profesores, compañeros, etc. al comportamiento del niño y si esa respuesta puede estar manteniendo el problema. Puedes usar una tabla parecida a esta:

     

    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo) 

    1. Establece qué debe cambiar en tu hijo

    Ahora que sabes cómo ocurre todo, hay que determinar el cambio que queremos observar en el niño. Es importante no querer abarcar demasiado, ya que si establecemos metas excesivamente ambiciosas es más probable fracasar. Es mejor comenzar con exigencias mínimas ya que así es más fácil obtener éxito y aseguran mejores resultados a la larga. Además, debemos ser concretos, eligiendo conductas específicas, observables y cuantificables. Puedes saber si has especificado claramente el objetivo cuando hayas indicado:

    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo) 

    1. Decide qué procedimiento puede conseguir ese cambio

    Para conseguir debilitar las respuestas inadecuadas y fomentar otras respuestas alternativas, necesitamos aplicar técnicas que ayuden al niño a cambiar. Estas técnicas se basan en la modificación de conducta y ayudan a controlar los antecedentes y consecuentes que, como hemos visto, son los que determinan cómo va a comportarse el niño. Este paso debe darse por un profesional, ya que lo que va bien a un niño es posible que no vaya bien a otro. Es probable que ya hayas probado trucos como las economías de fichas y los hayas abandonado por falta de resultados, lo que da una idea clara de lo importante que es el asesoramiento de un psicólogo infantil para conseguir cambios en el niño. Algunos ejemplos de técnicas para modificar el comportamiento de los niños son:

    Reducir la agresividad de tu hijo es posible (si sabes cómo)

    1. Pon en práctica tu plan

    Una vez que has determinado tu plan junto a un psicólogo especializado, puedes comenzar a ponerlo en marcha. Debes seguir registrando la frecuencia de la conducta del niño para así sacar conclusiones fiables sobre la eficacia de las técnicas elegidas; si se va reduciendo en el transcurso de la intervención, quiere decir que vas por buen camino. También es importante que este plan sea informado a las personas adultas que se relacionen con el niño (profesores, otros familiares, monitores de tiempo libre, etc.), ya que es posible que sin querer refuercen la conducta que queremos eliminar. El camino suele ser complejo y no exento de fallos, pero no te desanimes. Fíjate en los progresos que va haciendo tu hijo más que en los fallos, ya que hay variables que nosotros no podemos controlar y que harán más lento el proceso. Si te rindes, volverás a una situación peor que la del principio así que debes ser perseverante, sentirás que todo ha valido la pena cuando tu hijo y tú os sintáis contentos con el resultado.

    1. Evalúa los resultados de la intervención

    Tras observar el comportamiento del niño, el psicólogo y tú de manera conjunta habéis planteado una hipótesis del problema y, en base a ello, un plan de intervención. Si la hipótesis es correcta y pones en práctica adecuadamente el programa, obtendrás resultados favorables; si no es correcta, la intervención fallará. Para comprobar si estamos en el buen camino es necesario evaluar los cambios que ha habido en los registros de comportamiento desde que comenzó la intervención. La ausencia de mejorías puede deberse a muchos factores, por lo que deberás reevaluar el proceso junto al psicólogo para cambiar aquellos elementos del programa que no están funcionando.

    1. Prepárate para desvanecer el programa

    Si has puesto en práctica el programa y el niño ha alcanzado el objetivo que te propusiste, no dejes radicalmente de aplicarlo, es necesario preparar las condiciones para que los resultados se mantengan. Hay que asegurarse de que el niño responde a reforzadores sociales en vez de materiales para así ir quitando estos últimos. Además, haber aplicado ciertas técnicas habrá provocado un cambio interior en ti que te harán ejercer unas mejores pautas de crianza con tu hijo. Esta parte, por supuesto, también es necesario que sea diseñada por un profesional porque un desvanecimiento muy brusco puede hacer que reaparezcan los comportamientos problemáticos.

     

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