Blog 
Hoy aquí, y mañana...
RSS - Blog de Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

El autor

Blog Hoy aquí, y mañana... - Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

Soy Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas, una persona como vosotr@s. Con mis particularidades, que evitan que todo seamos idénticos. No pretendo mas que, de vez en cuando, publicar algunas letras en prosa o en verso, que os sirvan a vosotros de entretenimiento, y a mi para extraer algo de ideas de mi ce...

Sobre este blog de Cultura

¡Tenemos letras, palabras y frases, oiga! ¡Hacemos mezclas con ellas que sanaran su espíritu! ¡Lo tenemos todo baratito y fresco! ¡Llévese alguna, oiga, que me lo quitan de las manos!


Archivo

  • 08
    Octubre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Cultura

    AL CÉSAR...

          Al César...

          En el burdel no había una gran iluminación pero las antorchas eran mas que suficientes para crear un ambiente entre lúgubre y festivo, reflejando sombras en las paredes y en los rostros de los presentes, dando ese toque misterioso que debe tener un local con militares, delincuentes y mafiosos de diferentes niveles.
    Los dados siguieron mostrando su propia suerte, que no se acercaba a la del legionario. No eran los tesserae algo desconocido para él, pero esa noche era posible que no fuera la de su suerte y los ases no llegaban a su bolsa, escapaban de ella con más facilidad de la deseada. Su rival, probablemente un noble, sacaba denarios de la bolsa que portaba alguien siniestro detrás de él, sin duda un matón.

    AL CÉSAR...

          El legionario, recién llegado de una larga campaña poco productiva excepto para el emperador, pensó en no seguir jugando y gastar su dinero en algo más placentero, pero el noble que tenía enfrente le mostró unos impecables dados de mármol y supo que no podría dejar el juego ante esa insinuación. Tiró los bien pulidos dados buscando una buena combinación, pero no quiso salir. El noble lanzó y ganó.
          El matón recogió los dos ases apostados y señalando la bolsa le dijo cerca del oído,- toda tu bolsa. El legionario se vio en una encerrona, y tras mirar su daga y al enorme hombre obedeció. Los dados salieron y recibió una bolsa mucho más pesada que la suya. Miró al noble y quiso devolver lo que había de exceso, pero este respondió, -tengo más, soldado ,todas llevan mi cara.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook