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Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

Soy Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas, una persona como vosotr@s. Con mis particularidades, que evitan que todo seamos idénticos. No pretendo mas que, de vez en cuando, publicar algunas letras en prosa o en verso, que os sirvan a vosotros de entretenimiento, y a mi para extraer algo de ideas de mi ce...

Sobre este blog de Cultura

¡Tenemos letras, palabras y frases, oiga! ¡Hacemos mezclas con ellas que sanaran su espíritu! ¡Lo tenemos todo baratito y fresco! ¡Llévese alguna, oiga, que me lo quitan de las manos!


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  • 31
    Diciembre
    2015

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    Cultura

    CLARIVIDENTE

     


    Clarividente

           El viaje duró tan solo un instante, el mismo tiempo que tarda una luz en encenderse cuando la oscuridad es total. Al menos fue esa mi impresión, aunque es posible que se tratara de una singladura de varios siglos. Nunca podré decirlo. Sí recuerdo que durante ese corto espacio de tiempo que para mí sucedió, me pareció entrar en una pintura de Duchamp que irremediablemente se trasformaba en una esbelta figura de Giorgio de Chirico.
          Pero no tardó en llegar la nitidez a mis ojos y con ella una perfecta luz solar que templaba los mundos a los que llegaba, dejando ante mí las magníficas sombras de la alborada y el comienzo del movimiento de los seres diurnos como nosotros. Anduve por una zona que me resultaba familiar y pregunté a una de las personas que madrugaban esa mañana, la cual me saludó al acercarme a él y amablemente escuchó mi pregunta sobre la ubicación de la calle del General Martí, con la intención de encontrar mi casa, pero su respuesta fue curiosa y sorprendente para mí.” te pido disculpas, pero no sé qué es un General, pero si necesitas mi ayuda…” Respondí que no y reanudé mi camino desde otro punto de vista, el de la discreta observación, y fue mucho lo que vi, y también lo que no vi.
          El día avanzaba y antes de ver sentí. Sentí la pureza del aire de los bosques invadiendo la ciudad, la limpieza de los cielos dándome abrigo, el sonido del mundo, sin estridencias. Vi armónica convivencia, y pujante y desvergonzada bondad, niños ocupados en su educación, actividades y especialmente dedicados a sus juegos, ancianos satisfechos y nunca decepcionados por el inevitable fracaso de su lucha, adultos relajados al ver que sus metas son alcanzables. Muertes naturales, nunca regidas por el infortunio o la malévola intención humana. Paz social, industrial y humana, llegada de lo mas básico de los instintos predominantes y los lúcidos intereses de los habitantes del mundo. No encontré armas ni humo, llantos desgarradores o tristezas perennes, tampoco odios ni renglones envenenados por plumas ponzoñosas, ni tan siquiera necesidades tabicadas por exclusiones y la falta de convivencia…
           Pero vuelvo a estar aquí donde habita la incomprensible dejadez del humano.

                Ahora solo tengo un deseo, ser clarividente.

     

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