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Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas

Soy Ubaldo Visier Muñoz de Arenillas, una persona como vosotr@s. Con mis particularidades, que evitan que todo seamos idénticos. No pretendo mas que, de vez en cuando, publicar algunas letras en prosa o en verso, que os sirvan a vosotros de entretenimiento, y a mi para extraer algo de ideas de mi ce...

Sobre este blog de Cultura

¡Tenemos letras, palabras y frases, oiga! ¡Hacemos mezclas con ellas que sanaran su espíritu! ¡Lo tenemos todo baratito y fresco! ¡Llévese alguna, oiga, que me lo quitan de las manos!


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  • 18
    Septiembre
    2015

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    Cultura

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          Un corto y ceñido vestido mostraba la inequívoca sinuosidad de su silueta. La piel oscura de sus piernas y de sus brazos brillaba y era un impulsivo reflejo de la suavidad aterciopelada que poseía. Su mirada lo decía todo, y él era el único a quién la dirigía.

          No dudó en mirarla, pero no le prestó gran atención. Era un hombre joven, atractivo, sin duda muy activo y claramente deseado por ella.
         

          El pronunciado escote adornaba más, si cabía, sus bonitos pechos de chocolate. La naturaleza había hecho de ella una impresionante negra caribeña con la que cualquier varón hubiera soñado.

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          Se puso en pie y demostró su gran envergadura mientras despacio y con un estiloso contoneo se acercó a donde el indiferente hombre estaba sentado ante una cerveza, se acomodó cerca de él dejando un taburete entre medias de los dos. Estaba radiante, como una diosa de ébano que hubiera bajado a la tierra a divertirse con los mortales.

          El giró la cabeza con un gesto serio y se levantó, la miró durante dos segundos sin cambiar la expresión, Seguidamente se dirigió a la puerta y se perdió en la calle. El deseo había perdido la batalla.
         

          La xenofobia la había ganado.

     

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